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No nos vamos a librar de la violencia de género de martes a jueves. Hay que ir reduciendo víctimas y aprendiendo de la experiencia

Minuto de silencio en el Ministerio de Sanidad. Un operario coloca un panel con una lazo gigante rosa en contra de la violencia de género.
Minuto de silencio en el Ministerio de Sanidad. Un operario coloca un panel con una lazo gigante rosa en contra de la violencia de género. ÁLVARO GARCÍA

 

El goteo incesante de mujeres muertas por sus parejas o antiguas parejas tiene un efecto narcótico y deprimente que nos conduce a todos a un fatalismo irracional. Nos preguntamos cuándo parará esto sin esperanza de encontrar una respuesta, nos quejamos sin saber muy bien a quién dirigir la queja, emitimos un diagnóstico casero y esperamos el siguiente caso como quien ha visto un rayo y espera el trueno que ha de seguirlo. Pero los penalistas y criminalistas de la Universidad de Málaga, de cuyo trabajo se hacía eco anteayer este diario, han adoptado una actitud mucho más científica que este humilde periodista científico: han mirado a la realidad de cara, y de sus datos y análisis se desprende una vía de acción para el futuro inmediato. A mí me han abierto los ojos, y ojalá le pase lo mismo al legislador, al regulador y al responsable político.

Para empezar, no es cierto —como yo creía— que las medidas contra la violencia de género estén fracasando. En los últimos 10 años, el número de asesinatos machistas se ha reducido del entorno de 65 al entorno de 45. Una sola muerta ya son demasiadas, por supuesto, pero esa tendencia a la baja revela que las líneas de acción actuales, aunque insuficientes, van bien encaminadas.

Segundo, las mujeres que denuncian son solo un tercio de las amenazadas, y un tercio de ese tercio retira la denuncia después. Esto quiere decir que las mujeres maltratadas no confían lo suficiente en el sistema penal, y que el sistema debe ofrecerles más protección, y hacer ver a las demás que denunciar funciona, pese a las lamentables y desalentadoras excepciones.

Tercero, en contra del mito urbano, los dispositivos electrónicos de seguimiento del agresor funcionan. Que se usen poco es por lo tanto un error del sistema: deben generalizarse.

Cuarto, el artículo del código penal que se viene usando para castigar al agresor es el incorrecto. En vez del 153, debe usarse el 173, que es el que realmente atiende a la violencia de género. Este tecnicismo aparentemente arcano puede salvar vidas: hágase.

Cuando una mujer denuncia a su agresor, es probable que necesite un nuevo trabajo, o un primer trabajo en su caso, moverse a otra ciudad si así lo desea y tener facilidades de contratación. Es lo mínimo que la debemos, y nada de esto se está aplicando: aplíquese.

Como ocurre con el cáncer, no nos vamos a librar de la violencia de género de martes a jueves. Hay que ir reduciendo víctimas y aprendiendo de la experiencia. Los datos son siempre la mejor guía de acción. Dejen de quejarse y hagan algo.

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