Resultado de imagen para UN DIRECTOR DE ORQUESTA

Como mucho de lo que hace a la música existir, la figura del director de orquesta puede llegar a ser fascinante.

Cuando pensamos en la música clásica existe a veces la inclinación de considerarla así, una realidad fija y acabada, idea que acaso puede deberse a que en nuestra época y al menos desde mediados del siglo XX, el efecto de la cultura de masas sobre la también llamada música académica derivó en la creación de un canon que poco se ha movido desde entonces y que vemos repetido en casi todo lo concerniente a esta forma de música: los discos, las piezas o compositores que ejecutan tanto los intérpretes como las orquestas, esa misma selección según se programa en las distintas salas de concierto a las que podemos tener acceso, etc.

Justificadamente podemos conceder que ante la repetición de los nombres de ciertos compositores haya quien piense que la música clásica es la misma desde Bach hasta Wagner o que siempre se escuchó en los mismos lugares y bajo las mismas condiciones.

No es así, claro. En tanto expresión humana, la música clásica también posee su propia historia, ha tenido sus cambios y ha tomado la forma con que la conocemos después de enfrentar sus propias circunstancias de desarrollo.

En este sentido, la figura del director de orquesta puede mirarse como un caleidoscopio donde se reflejan algunos de esos rasgos que le son más propios a la música. El director que no existió siempre, que poco a poco se fue moldeando e inventando a sí mismo, primero como una figura más o menos neutra, un instrumento más que contribuía a la ejecución de la obra, y después él mismo como un intérprete y acaso cabría decir, mejor, como “médium”, pues sobre todo a partir de Franz Liszt, uno de los primeros en consolidar la forma moderna del director, el trabajo de éste ha consistido sobre todo en re-crear la música, ser artífices de la experiencia estética que existe en potencia en la partitura pero que cobra vida sólo cuando los músicos comienzan a hacer sonar sus instrumentos y el director conduce ese flujo, a veces como el capitán de un barco que sortea tempestades, otras como el maestro amoroso que al enseñar también guía y algunas más como esos sacerdotes de cultos antiguos que se servían de fórmulas mágicas para invocar potencias de otra realidad.

Esta caracterización del director de orquesta nos permite entender mejor por qué cada uno es tan singular. En buena medida, ese es su rasgo predilecto y aquel que los explica y los condensa. Si en sí misma la música tiene un margen amplísimo para la subjetividad, incluso cuando se interpreta, en la historia de la invención del director de orquesta esa área libre ha sido sumamente explorada, sin que por ello se haya agotado. De ahí que cada director sea reconocido por un estilo propio, que mana de su idea personal de la música y a su vez se transmite a todo lo que hacen. Herbert von Karajan cerraba los ojos mientras dirigía y, por lo demás, se movía a penas. Leonard Bernstein, en cambio, no podía contener el éxtasis al que le llevaban ciertas piezas y todo en él se dejaba tomar por el espíritu de la música.

Hace poco, el diseñador digital Tobias Gremmler tomó uno de estos aspectos de singularidad de un director para convertirlo en sí mismo es una pieza creativa. A partir de los movimientos de Simon Rattle –destacado intérprete de Mahler, director desde 2002 de la Orquesta Filarmónica de Berlín y desde septiembre de 2017 de la Sinfónica de Londres– Gremmler elaboró una delicada y elocuente visualización de todas las formas caóticas, múltiples, que surgen del cuerpo mismo del director, en este caso al conducir a su orquesta a través de la partitura de las Variaciones Enigma de Edward Elgar.

El resultado es especie de materialización geométrica de eso abstracto indisociable de la música. Como si ante esa arquitectura imposible, onírica, pudiéramos ver finalmente qué es una pieza orquestal. Aunque ésta cambie al instante siguiente.

Como la música en sí, que como todo lo humano, está inscrita en el flujo del tiempo.

 

http://www.faena.com/aleph/es/articles