Poemas de CHANTAL MAILLARD

Poemas de CHANTAL MAILLARD

Chantal Maillard. poeta y filósofa (Bélgica, 1951)

EL MUÉRDAGO SE ENREDA EN MIS TOBILLOS,

helechos y agavanzas me ciñen las caderas

y un nenúfar

se deshoja en el valle dócil

de mis nalgas.

Sobre la tierra húmeda me acuesto como un

ojo que se cierra

(tienen mis muslos el sabor del humus en otoño)

y me hago raíz,

vegetal crisálida

aguardando la aurora.

Sobre mis labios quietos

lentamente

desova una culebra.

INTERMEDIO

Entre una imagen tuya

y otra imagen de ti

el mundo queda detenido.

En suspenso. Y mi vida

es ese pájaro pegado al cable

de alta tensión,

después de la descarga.

SIN EMBARGO…

Sin embargo,

sin embargo,

sin embargo… No me

fío de mí. Nada es

permanente. Menos

lo es la palabra. Esto

tampoco,

esto tampoco,

esto tampoco. No me fío,

no te fíes de quien

dice, de quien

habla, de lo que se

dice, de lo que dices,

de lo que digo,

no me fíes,

no te fío.

La lucidez es una chispa, un

estado de conciencia

en las multiplicadas estancias

de la conciencia o que hacen

conciencia, las estancias

que se alargan, se prolongan, se

continúan, y así

se le llama conciencia

a aquella continuidad.

No me fío, no te

fíes de las estancias,

se estrechan,

se acortan,

se invaden,

desaparecen,

la lucidez es un instante

entre estancias,

ventanas en la mónada que

si permanece bajo

la luz del foco se hace estancia,

también ella, y sufre

las mismas convulsiones.

Sin embargo,

sin embargo,

sin embargo… lo

que intuyo ahora

se borrará mañana,

luego,

ahora,

apenas se haga pensamiento,

conciencia: estancia. Atrapamos

la sensación que invade las entrañas,

muy abajo,

muy adentro,

muy homogénea, la atrapamos

y la hacemos eso: «sensación»,

la nombramos,

la describimos… la perdemos. Ya

no es ella, ya no es eso, ya no es.

Aún está allí pero

no es lo que digo,

lo es apenas,

no es lo que oís,

no es eso, no

os fiéis,

no me fíes,

no te fío.

De nuevo cae la tarde,

mengua la luz.

Los colores del otoño vienen del oeste,

decía aquel poeta chino.

El mundo está en mí.

No me apartaré.

Acojo todos los colores, el

estío dentro de mi otoño,

porque sé que no

hay fin, que no habrá término.

Todo comienza y termina en mí.

Yo soy el infinito proyecto de mí misma

por encima de mí

me sobrevuelo.

NO PONDRAS NOMBRE AL FUEGO

No medirás la llama

con palabras dictadas por la tribu,

no pondrás nombre al fuego,

no medirás su alcance.

Todas las llamas son el mismo fuego.

Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos

que la razón construye en sus tinieblas.

Hay que bajar al cuerpo, muy adentro,

tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar

el gozo de la lava.

No importa en qué caderas,

en qué pecho resbale,

no importa la estatura, el sexo o la materia

pues todos caminamos sobre la misma pira.

No medirás la llama con palabras que encubren

los viejos sentimientos de los hombres.

CHANTAL MAILLARD

http://www.revistaelhumo.com

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