Que mi destino no importe

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En el autobús leo en folios 
los poemas que imprimo.
Amanece detrás de los cristales. 
A mi alrededor los vivos y sus afanes.
Chicos, mujeres comienzan la jornada.
Leo “Los dioses de Grecia” 
de pie, manteniendo el equilibrio.

El autobús se para ante el semáforo en rojo.
Hitler ordena la invasión de Rusia.
Esta vieja ciudad podría ser Minsk,
sus edificios montones de ruinas
y sus habitantes espectros.
Hablamos español, una lengua viva.

Llevo en los bolsillos del abrigo un montón
de folios atados con una goma.
Poemas de Yeats, de Rilke, de Auden, de
Zbigniew Herbert. Próxima parada
“Plaza de la Paz”. Ya tengo que bajarme.
Dentro de este autobús
doy cercos a la negra sepultura.
Trato de ser digno. 
                                  Observo el arcoiris 
de la fuente. No percibo millones de detalles.

Trato de ser digno.
Es el remordimiento del superviviente. 
Petrarca me sostiene. Me sostiene comer.
Pero soy torpe y débil y tenaz
y no sé lo que quiero.
Me he vuelto astuto como un zorro hambriento. 
Tubos de escape, aire contaminado
y polvo en suspensión.

Si la vida no tiene sentido 
que mi destino no importe,
que la belleza y la bondad me eleven
mientras no acabe hurgando en la basura
o meándome encima.

http://selvadevariaopinion.blogspot.mx/
Pintura de Vicente Verdú

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