Ya sea en congresos académicos, seminarios, reediciones, lecturas colectivas o en películas, como la recientemente estrenada El joven Karl Marx de Raoul Peck, el Manifiesto Comunista es uno de los libros políticos que más interés despierta, en un año, además, marcado por el bicentenario del nacimiento de Marx, cuya obra es reclamada con fuerza por una nueva generación de jóvenes marcados por las consecuencias de una década de crisis. Pero, ¿cuál fue el contexto político y social en la que se escribió dicha obra?

El ‘Manifiesto Comunista’. El fantasma que regresa a Europa
El Manifiesto se escribe en un momento de transición dentro del capitalismo, caracterizado por el progresivo paso del capitalismo originario, de carácter concurrencial, de taller y de base artesanal y comercial hacia un capitalismo de industrial, de base fabril y que trae la consolidación definitiva de la burguesía industrial como clase hegemónica en los países centrales de Europa.

Las transformaciones sociales descritas culminan con el ascenso del proletariado y del trabajo asalariado en sustitución del artesano urbano. Estamos por tanto ante un periodo convulso, antesala del periodo revolucionario que se abre con las revoluciones de 1848 y que llega hasta la Comuna de París en 1871 y la posterior aparición de los grandes partidos obreros de masas.

En la primavera de 1847 Karl Marx y Frederick Engels se encontraban exiliados en Bruselas. Por aquellos años Alemania contaba con una base industrial escasa y un proletariado pequeño, que marcaban un fuerte atraso político respecto del potente movimiento socialista francés o de las transformaciones sociales económicas que vivía Gran Bretaña al calor de la Revolución industrial. Expulsados de Alemania Engels marcha a Inglaterra y Marx a Francia, de la que es a su vez expulsado en 1845, huyendo a Bélgica.

Si seguimos los comentarios del historiador británico Hobsbawm, en ese año ambos jóvenes se afilian a la llamada Liga de los Justos (Bund der Gerechten), rama de la anterior Liga de los Proscritos (Bund der Geächteten) organización revolucionaria formada por exiliados alemanes en Francia al calor de la Revolución de 1830, muy influida por el pensamiento republicano radical proveniente de la Revolución francesa, formada principalmente por obreros artesanos de ideología adscrita a las distintas corrientes del socialismo utópico e incluso el anarquismo, que inicia un proceso de clarificación que lleva a su reorganización que concluirá en verano de 1847, con la adopción del nombre de Liga de los Comunistas (Bund der Kommunisten), que decide encargar a Marx y a Engels la redacción de un nuevo Manifiesto de la organización, el Manifiesto del Partido Comunista.

El Manifiesto Comunista fue escrito entre verano de 1847 y enero de 1848, apenas un mes antes de la Revolución de 1848 que derroca en Francia a Luis Felipe de Orleáns, que desata una ola de revoluciones en gran parte del continente. Luis Felipe era conocido como el “Rey Burgués”, el cual llegó al poder gracias a la Revolución de 1830, derrocando a la Monarquía absoluta e instaurando una monarquía parlamentaria que supone la consolidación de la burguesía comercial como clase dominante, la cual establece un pacto con la vieja aristocracia que establece un marco político estrecho para las necesidades de expansión del capitalismo industrial, y que suponía a su vez, un obstáculo a las demandas de la poderosa clase obrera de base artesanal. Periodo por tanto clave que se puede caracterizar de la siguiente forma:

A nivel político, el final de la monarquía constitucional y el inicio del estado republicano francés en 1848, periodo que corresponde con el ascenso definitivo de la burguesía industrial, la cual traza una alianza con la burguesía comercial de Marsella y con los estratos medios y sectores financieros de la potente burguesía parisina, suponiendo el definitivo declive de la aristocracia rentista urbana y de la aristocracia rural. Nuevo régimen que se centrará en el impulso pleno a las relaciones de producción capitalistas dentro de la creación de un nuevo estado de base republicano.

A nivel económico, supone la progresiva sustitución de capitalismo concurrencial, que tenía en el taller su unidad productiva principal y en el artesanado su organización del trabajo fundamental. Etapa larga y conflictiva hacia un capitalismo industrial, que tiene en la fábrica su base material fundamental y en la definitiva formación de una división capitalista del trabajo basado en el uso generalizado de las máquinas, la aparición del trabajador industrial y el predominio de la relación salarial como relación social predominante hasta hoy. Con esta fase aparece la manufactura como el eje central del moderno capitalismo industrial.

A nivel social, las sociedades europeas desarrolladas se enfrentan a la progresiva sustitución del trabajo artesanal, donde el proceso de trabajo se identifica con la sucesión y la conexión de las fases de todo el trabajo realizado por cada artesano; por la aparición de la manufactura y las leyes técnicas que presiden la descomposición y recomposición del trabajo impuestas al obrero industrial de forma autoritaria por el capitalista, ya con pleno control sobre el proceso de trabajo dentro de la fábrica. Periodo traumático y conflictivo que supone la progresiva desaparición del artesano por una cada vez más numerosa clase obrera.

A nivel geográfico, el carácter expansivo del capitalismo impulsa el colonialismo con el descubrimiento y conquista de América y, posteriormente, de África y Asia, provocando la aparición de un mundo como un todo estructurado en torno a una economía mundo capitalista y estructuras geográficas jerárquicas y desiguales entre una periferia colonial y centro europeo dominante.

El Manifiesto Comunista supone el final de la insurrección como mecanismo político principal por parte de la clase obrera artesanal, y la lenta sustitución por la acción política moderna tal y como la conocemos hoy: el partido político. Las condiciones sociales y políticas que habían dado lugar a las ideologías influidas por el romanticismo habían llegado a su límite en la década de los cuarenta del siglo XIX. Se habían sentado las bases para lo que después se conocería como socialismo “científico” y la posterior reacción liberal, que atemorizado, se une con su antiguo enemigo, las corrientes conservadoras y el pensamiento reaccionario.

Con el Manifiesto Comunista se abren las puertas al mundo contemporáneo, que con sus crisis, explica porque, en el Siglo XXI, el fantasma del comunismo regresa a Europa.

http://blogs.publico.es/la-soledad-del-corredor-de-fondo