i-Humor

Kip Thorne, uno de los productores ejecutivos de ‘Interestelar’, recibió el premio Nobel de Física por la detección de las ondas gravitatorias

Fotograma de la película ‘Interestelar’.

Fotograma de la película ‘Interestelar’.

 

Cuatro humanos y un robot se montan en un cohete para colonizar otro planeta y, justo cuando el vehículo está arrancando, dice el robot: “¿Todo bien? ¿Suficientes esclavos para mi colonia de robots?”. El piloto, Matthew McConaughey, pone cara de acelga hasta que Anne Hathaway le explica que los de la NASA han programado al robot para que tenga sentido del humor, en la convicción de que eso mejorará la calidad de vida de los humanos durante el largo viaje. Como McConaughey no parece muy convencido, el robot le dice: “Puedo encender una lucecita cuando esté bromeando, si usted quiere”. Harto ya de tanto talento cómico, el piloto le pregunta: “Oye, ¿a cuánto te han ajustado el sentido del humor?”. “Al 100%”, responde la máquina. “Pues bájalo al 75%, anda”. Así lo hace el robot, y el resto de la película entra en un anticlímax de dramatismo y seriedad.

Ah, perdón, la peli es Interestelar, de Christopher Nolan (2014). Uno de sus productores ejecutivos, Kip Thorne, recibió el Premio Nobel de Física dos años después por la detección de las ondas gravitatorias. Fue Thorne quien escribió el código de los agujeros negros, agujeros de gusano y dilataciones temporales de la cinta. Ya sé que esta película solo nos gusta a Jesús Mota y a mí, pero el caso es que su ciencia es la más realista que Hollywood ha conocido en toda su historia. Un hito del arte futurista. Es cierto, por otro lado, que el robot es un poco tocapelotas, pero la verdad es que sus chistes no son malos. Al menos al 100% de potencia.

Otro chiste sobre pilotos: ¿cuál es la tripulación ideal en un avión? Pues es un ordenador, un piloto y un perro. El ordenador pilota el avión; el piloto da de comer al perro; y el perro muerde al piloto cada vez que intente tocar el ordenador. Lo he tomado de The Economist, y tampoco es malo, salvo que uno tenga que montar en un avión al minuto siguiente.

Mi chiste favorito es de Nietzsche, que dijo o debió decir: “Triste condición la del ser humano, que para hacer llegar algo al estómago tiene que metérselo por la cara”. Vale, Friedrich, eso es inclinar la cabeza en el ángulo adecuado para entender las cosas. Humor alemán, ¿no les parece?

Como sabe todo actor de tercera regional, el humor está a un solo paso de la tragedia, la risa a solo una pedrada del llanto. Pese a los loables intentos de Freud y otros, seguimos sin entender en qué consiste el humor, ni para qué sirve, y por tanto no sabemos cómo programarlo en un robot. Así que, de momento, me lo vais a ajustar al 75%, ¿de acuerdo?

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