Okuda, el genio del grafiti que triunfa fuera de los museos: “Paso del mercado y del capitalismo”

Okuda, el genio del grafiti que triunfa fuera de los museos: "Paso del mercado y del capitalismo"

Okuda, el genio del grafiti que triunfa fuera de los museos: "Paso del mercado y del capitalismo"

Intervención del artista urbano Okuda sobre un retrato suyo. OLMO CALVO (Imagen) | CARLOS ONETTI (Vídeo)

“Y luego hay peticiones de Kuwait, Filipinas, San Francisco, Nueva York, Bangkok…”, recita sobre los proyectos de exposición que han recibido últimamente en su oficina. Su mánager ofrece una sonrisa condescendiente. “Todo no se puede hacer”.

Okuda se multiplica como un superhéroe, desciende a toda pastilla por la cuesta del éxito, cada vez más rápido, y nadie le ha visto venir en el mercado del arte. ¿Cómo dices que se llama? Venga, pero si es un macarra. Un intruso. ¡Hace grafiti!

Óscar tiene 37 años. Nació en Santander, pinta con espray obras de 15.000 euros en un estudio que antes era un puticlub clandestino. Habla con entusiasmo de El Bosco, cita a Max Ernst (“Cuando se acaba la búsqueda, se acaba el artista”), desayuna tortilla de patatas con ojeras a las 10 y media de la mañana. Ha pasado tantas horas de los últimos 20 años subido a un andamio pintando muros que se le ha quedado la visión de águila del mundo. Todo parece importarle, básicamente, un bledo.

“Antes los artistas necesitaban un marchante, un galerista, un no sé qué… pero ya no”, dice. “Yo no he necesitado estar en el mercado del arte para que mi obra se demande. Paso del mercado del arte y paso del capitalismo. Así que me da igual lo que puedan pensar sobre mí los museos de arte contemporáneo o los directores de ferias tipo Arco por haber empezado en el grafiti”, sentencia.

El artista invitado en la 13ª edición de la feria Art Madrid hace, de todos modos, una encendida defensa del street art. “El arte urbano es el último paso en la Historia del Arte y está muy bien valorado en las mejores ferias internacionales. Banksy y Os Gemeos están entre los artistas más cotizados del mundo, y España es muy potente en ese circuito”, añade citando a creadores como Felipe Pantone, Nano 4814, SAN, Aryz, Spok y Suso33. “Por eso me jode que aquí no se nos valore tanto”.

Divide su tiempo entre el trabajo de estudio y los encargos de gran formato en el espacio público, que son los que prefiere, explica, porque trabajar en la calle le permite transformar un lugar y establecer una comunicación directa con todo tipo de personas, y no sólo con el público habitual del arte contemporáneo.

‘Más artista que dibujante’

Se confiesa heredero del surrealismo pop de Mark Ryden, devorador de la revista ‘Juxtapoz’ y admirador de artistas japoneses como Yayoi Kusama, Haruki Murakami y Tomokazu Matsuyama (y desencantado de Banksy, a quien considera “víctima de su lenguaje”). Y como licenciado en Bellas Artes, se considera “más artista que dibujante”. “Tengo esa mentalidad clásica del arte y del acto de pintar”, dice.

El surrealismo, entendido como “hacer real algo que es irreal”, es el medio que usa este pintor iconoclasta que asienta su estilo en los conceptos enfrentados como libertad y esclavitud, modernidad y raíces, o humano y animal. Sus obras suelen partir de alguna imagen que toma como modelo y que igual proceden de un cuadro renacentista que de una escultura griega o romana. A partir de ahí, la improvisación. “Mi momento de mayor felicidad es estar muy alto en el andamio o en la grúa, escuchando música a mi rollo. Es una sensación muy guapa de estar más cerca de las nubes a mi bola que allá abajo”, explica.

Su encargo mejor pagado fue un dibujo que la bodega Campo Viejo usó como imagen de marca a nivel mundial. “Fueron 60.000 pavos”, dice pimpante el artista, que explica que en los encargos y eventos al aire libre los puede hacer gratis si le interesan mucho o por hasta 30.000 euros.

Okuda ya es, en fin, una marca, y detrás de ella hay un equipo de unas 14 personas, la agencia IAM, entre ayudantes en la producción de obra, prensa, relaciones externas, mánager, diseño de catálogos y flyers.

Un largo camino desde que empezara a bombardear muros en su adolescencia ‘hiphopera’, inicios de los que conserva el espíritu original de aquel acto de pintar. “Un chico que hace grafiti se gasta una pasta en botes, da la vida por algo que es sólo para él y para su círculo. ¡Eso es auténtico amor al arte y no los demás que van presumiendo de artista!”, dice Okuda acompañando sus palabras con el rápido gesto de las manos, manos tatuadas con los propios diseños de este hombre dibujo.

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