De inundaciones y deshielos

José Luis Llorente 
(Ingeniero Superior de Minas, Arquitecto de Tecnologías de la Información y miembro de econoNuestra)

De inundaciones y deshielos

Hace algo más de 15.000 años, cuando los glaciares norteamericanos retrocedieron hasta, aproximadamente, el límite actual entre Estados Unidos y el Canadá, en el paralelo 49°N, se formó el lago Agassiz. Un lago del tamaño de España, mayor que los Grandes Lagos americanos y que cubría gran parte de Manitoba, el este de Ontario, el norte de Minnesota, el este de Dakota del Norte, y Saskatchewan. Aunque ese lago tenía salidas naturales hacia el sur, por la cuenca del Missouri, y probablemente hacia el noroeste, por la del Mackenzie, unos 2.000 años después de su formación, el lago se vació de golpe tras encontrar una salida hacia el oeste por la retirada del glaciar Laurentino, saliendo un gigantesco caudal de agua dulce por los Grandes Lagos y el río San Lorenzo hacia Terranova.

El mayor lago del mundo de su época dejó de existir en meses o poco más de un año. Hoy, sus restos pueden verse en el lago Winnipeg.

Al este de Terranova, la helada corriente del Labrador se mezcla con un brazo, más cálido, pero mucho más salado y más denso de la corriente del Golfo, la corriente de Irminger que pasa por el sur de Islandia y se mezcla con la corriente del este de Groenlandia.

Cuando un agua muy salada se enfría, se vuelve muy densa y se hunde. Al este del Terranova se forma así la corriente profunda del Atlántico Norte (NADW: North Atlantic Deep Water), que es el motor principal de la circulación termohalina, la gran cinta transportadora que mueve todas las corrientes de los océanos de la Tierra.

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Hace más de 13.000 años, el drenaje súbito del lago Agassiz al llegar al punto de encuentro entre las dos corrientes (Labrador e Irminger) al sureste de Terranova, creó una lámina de agua que se interpuso entre ellas e impidió la formación de la corriente profunda. Y alteró brutalmente la circulación marina en el Atlántico Norte: durante unos 1.000 años la corriente del Golfo, que mantiene una temperatura agradable en toda Europa occidental, se detuvo.

Este acontecimiento climático se llama el Dryas reciente y tuvo fuertes consecuencias históricas. En Europa occidental supuso una fuerte bajada de las temperaturas, de 10 a 15°C. En el fondo del Mediterráneo oriental, supuso la extinción de poblaciones y culturas del Neolítico.

Los registros de la fauna y la flora de Abu Hureyra I, un asentamiento de cazadores-recolectores y agricultores primigenios en el norte de Siria, junto a un antiguo ramal del Éufrates, muestran el gran cambio en la dieta durante el episodio del Dryas reciente en el que una gran sequía afectó e hizo desaparecer al cinturón de robles y alfóncigos (el arbusto del pistacho), entre el sur de Palestina y el noreste de Siria, en el centro del Creciente Fértil.

Una población que llegó a tener 300 ó 400 habitantes, fue finalmente abandonada (Existió posteriormente Abu Hureyra II, pero en otro periodo histórico y climático). Lo interesante de este asentamiento es que fue excavado entre 1972 y 1973 (por Andrew Moore) con precisión y usando técnicas modernas como la flotación, de tal modo que se pudo obtener un registro detallado de la fauna y de la flora, y por consiguiente, de la dieta de los habitantes. Hoy en día este asentamiento está sumergido bajo el lago Assad.

No sólo Abu Hureyra I fue abandonado. Otros asentamientos pre-neolíticos o neolíticos tempranos se redujeron o desaparecieron durante el Dryas reciente, en el Creciente Fértil; incluso Gobekli Tepe y otros enclaves en el sur de Turquía podrían haber sido afectados por este mismo efecto. El motivo fue el cambio brusco del clima, la desaparición de la corriente del Golfo, y la intensa sequía que afectó a los territorios al norte y noroeste de Mesopotamia.

La conclusión actual es que las poblaciones normesopotámicas abandonaron una cultura agrícola primigenia y volvieron a la ancestral de cazadores recolectores.

Pero ¿por qué estamos hablando de esto en este blog? Porque algo parecido puede pasar en los próximos años.

Entre los efectos evidentes del calentamiento global antropogénico que hemos generado en los últimos 300 años, está el deshielo del Ártico y la apertura del paso del noroeste, el mítico camino a las Índias que muchos grandes exploradores, como Franklin, murieron sin encontrarlo. Cada día pasan más barcos entre el mar de Chucky, al norte del estrecho de Bering, y el mar del Labrador. Pasan cruceros en verano y grandes mercantes en invierno, sin necesidad de rompehielos. Y el paso del noreste, por el norte de Escandinavia, Rusia y Siberia, que ya estuvo abierto en el siglo XVII y fue explotado por los pomory, los rusos del mar Blanco, también es ya una ruta habitual de comercio entre Asia y Europa.

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La banquisa ártica se deshace; y se deshace con el aplauso del comercio internacional, que celebra las nuevas oportunidades de intercambio de materias primas y productos manufacturados. Los teléfonos de última generación producidos en Asia llegan con mayor facilidad al Europa o a la costa Este de Estados Unidos y nos hacen mucho más felices.

El deshielo ártico se está produciendo por actividades humanas que se ejecutan en todos los rincones del planeta, pero las nuevas actividades que se están realizando en el Ártico, el comercio, el turismo y desde este año, la pesca, suponen una realimentación que hace el deshielo aumente cada vez más.

¿Y qué puede pasar si el Ártico se funde? Pues que va a alterar la temperatura y salinidad de las corrientes que proceden del Ártico. Entre estas está la corriente del Labrador, de la que ya hemos hablado antes.

Se han hecho simulaciones de qué sucedería si la plataforma de hielo de Groenlandia se fundiese de golpe, algo que es muy improbable que ocurra en el futuro inmediato. Los modelos llevan a alteraciones importantes en la corriente del Golfo.

Pero si bien es muy improbable la desaparición de la cubierta de hielo de Groenlandia, es casi una certeza la desaparición progresiva y acelerada de la banquisa ártica. Y sus efectos sobre la corriente del Labrador pueden ser equivalentes. Y las consecuencias en el clima europeo o de la costa oeste de Estados Unidos pueden ser muy graves, como ya hemos visto que pasó en el Dryas reciente.

Las nuevas rutas de comercio pueden matar a sus propios clientes, y de paso, dañar al resto del planeta un poco más.

Fuentes:

Regional Oceanography: An Introduction. Mathias Tomczak, J. Stuart Godfrey

El largo Verano: De la era glaciar a nuestros días. Brían Fagan

Sapiens: De animales a dioses. Yuval Noah Harari

Wikipedia, varios artículos

http://blogs.publico.es/econonuestra

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