Letras de DIEGO QUINTERO

Letras de DIEGO QUINTERO

Un Joven Diego Quintero le propone a Pierre Menard reescribir a Borges bajo los parámetros estéticos del absurdo

 

*Este poema fue hallado entre las notas del famoso explorador Erick Ulsson,

quien fue brutalmente asesinado en 1990. El Crimen aún no se resuelve.

 

Diego Quintero pacta voraz el combate al eye lector: rescribir a Borges como un criminal de cuello blanco, blanquísimo, que hurtó la ceniza del tiempo. Ahora el francesito sorbe su café, ahora el francesito saca un papel, ahora el francesito escribe una pregunta: ¿El secreto a la biblioteca universal? ¿Un simple garabato? ¿La luna? ¿La mónada? ¿El sur? Quintero no responde porque no distingue ficción de ciudad árabe ni principado de fusil nazi. Sí, nazi—dice Quintero—, Borges era nazi; rescribamos a Borges como un nazi. Menard, tan esfinge, acepta el duelo: le pregunta al latinoamericano quién o cuál o cómo es el nazi jugador de la cábala, ajedrecista de los cuartetos, matemático de la Torá. No sé, no sé, no sé y no me importa, yo solo quiero convertir a Borges en el sueño mojado de Barthes;  el espejo que refleja los muertos, mi espejo, nuestro espejo. Pierre, el loco Pierre, se ríe quijotesco del joven Diego y le contesta: yo no puedo morir, no puedo nacer, yo no existo. Usted, Quintero, tampoco.

Todas las películas terminan con los créditos

Bret siempre usa lentes oscuros cuando maneja su ferrari de valium por Sunset Strip. El diablo le ha concedido una buena vida: pilares de Xanax y rubios con abdómenes planos. Bret se dedica a mecanografiar en fuego la cara de Norteamérica. La hace arder como ardieron las torres o como arde la coca mal cortada en el tabique nasal. Los ricos no tienen ese problema. Los ricos la compran pura y viven en mansiones de un piso en Westwood. Bret es un tipo inteligente que no tiene reparo en convertirse en guionista de mal gusto. Dios es bueno con los ricos, pero malo con los escritores. Dios es una posible ley de la termodinámica. Bret es un posible escritor entre miles: el literato bronceado. Tuvo su oportunidad en los ochenta. Al menos en California se vive bien, a otros les toca desaparecer en las compraventas de libros o en su defecto, estudiar filosofía.

Marta

Excava un lugar

en el desierto

para las mujeres somníferas.

Áridas

dicen lo especial

de la sangre;

                          un gánster lo respira.

Un metro y otro y otro y otro

al parnaso

de las calaveras.

Plomo.

Es un hombre

tan libre

como las dos opciones

escupidas

sobre la arena:

                      sal por labios

                      y tigre por hierro.

Con el hierro dormiré en paz.

*

Le busca identificación

a una cholita

con la vagina

húmeda de semen.

Ella es nadie para nadie, toda la vida.

Nunca jamás.

Nunca jamás es mi apellido

imperfectible.

Cree en terrores

pero excava

cada vez menos.

Los animales carnívoros harán el resto.

Amo los trajes Armani

y los tizno

de café.

El romance

es un foco de baterías triple A

y una pala

de 12 dólares.

Marta es un nombre muy feo.

Preludio y epílogo al combate

“Ningún olvido los reúne,

ningún recuerdo los separa”

Mahamud Darwish

Cuatro monitores encienden

en Nuevo México.

El teclado, los sensores, la mente agresiva

                                                    el dogma.

La mano en el joystick

vuela a 20,000 pies de altura,

sutil

como la muerte,

afasia del jugador.

Su mente se diluye,

la cabeza

             dice, hace, una representación

en red de tarántula panóptica,

al vibrar

alguien lo notará.

[Target]

Horas inacabables

a luz tenue de insomnio

se conjugan en un oficinista:

olvida la interfaz

                engranaje del otro

y parpadea.

                               El comandante es signo:

                                             ALERTA ROJA

Al jazeera: twenty killed in U.S drone strike

                                                                                                                [Check]

*

Tom y David abren una cerveza

cerca del trabajo.

                Jane de inteligencia es armamento pesado, dicen,

Jane es un Hellfire, un Stinger.

Quiero acostarme con Jane, dice Tom,

pero mi esposa espera.

         Ellos también viven en el desierto.

                                                    —el suburbio —

            Alguien cumple años.

Tom enciende su Ford.

Blues en F.M, olor a cuero, un horizonte naranja.

Victimología

La multitud nunca sabe

quien habita

a su lado:

              la cajera, abogada, doctora, asesina serial.

Todos ellos son posibles víctimas

de una sombra

una hermosa pantera

los dientes

anclados en el futuro.

De la sustancia intangible.

La busco

sigo su patrón

elusivo

a contratiempo de los amaneceres.

Ahora

la conozco bien

sé cuales técnicas usa para escoger

devorar al siguiente

a otra:

           un ritmo cardiaco débil;

el miedo a pasar cuatro décadas

con el sueño

iluso

de recuperarla.

María Laura

La naturaleza nunca es doble aunque las filosofías orientales propongan lo contrario; Buda medita infumable. La naturaleza más bien decanta en vorágine sensorial. Se cuela por la dermis, pálpitos, vertebras del cuerpo. Estalla. Expande su onda y se aglutina en la tiroides. Lo doble en realidad sirve como una analogía simplona de la mentira. Yo estaba con alguien aquel 31 que cogimos de manera algo torpe e insulsa debido a nuestra borrachera; usted nunca preguntó por ella. Era de Zapote. Sospechaba de cualquiera y todas; exceptuándola. Nunca le pareció atractiva. Lo doble: estar adentro de ambas.

                           La explicación perfecta.

Marionne

Erick, amigo, hermano, hace frío en este país del cuerno y dentro de poco cumpliremos treinta como quien hinca el diente en alquitrán. El año 2020 será fibroso en su plexo de amargura. Erick entienda que nos quedan cinco años de linfomas y desempleo y sal en el ojo; cinco campanadas fúnebres.  Nuestras tardes se volverán sobrias de cualquier manifestación poética; guardaremos nuestra locura en lo absolutamente olvidable y tomaremos en silencio para no romper armonías. Mientras tanto el cielo  se rayará del ocasional misil apocalíptico. Falsa alarma. No lloremos por lo incierto.

Kingdome come

En este reino de las fieras

hay un depredador

por encima

de cualquier depredador.

Un colmillo sinuoso en la noche.

El miedo

en las pesadillas

infantiles;

                    ese coco tan latinoamericano.

Las pupilas

           —dilatadas—

le temen

y constantemente revisan

los costados de la muerte;

el destino

llega sin avisar

como un sicario

herviente

en el centro de su aguja.

Lo conocemos

desde el primer día. Minutos antes.

Por eso vivimos

con la piel:

para sentir todo ante lo inminente.

En esta parte del mundo

entendemos la sorpresa

instituida

por los finales.

Diego Quintero (Taskent, 1990) es estudiante ocasional de literatura y filosofía en la Universidad Nacional de Costa Rica. Ha participado en diversas revistas culturales, musicales y literarias independientes. En el 2015 publicó un poemario titulado “Estación Baudelaire” (Ediciones Espiral).

http://www.revistaelhumo.com

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