El Borbón que se comía su propia mierda

Ad Absurdum

El Borbón que se comía su propia mierda

Un Borbón distinto a los demás. O no. (Pintura de Louis Michel Van Loo).

La historiografía ha tendido a ignorar al rey Fernando VI en detrimento de su padre Felipe V (el primero de los borbones) y de su hermano por parte de padre Carlos III (el queridísimo e ilustrado “mejor alcalde de Madrid”), lo que le ha dejado muy injustamente marginado en nuestros libros de historia.

Y decimos muy injustamente porque moló bastante: no la lió tanto como sus predecesores y sucesores, trajo la paz y la tranquilidad que tanto se buscaban y consiguió empezar a modernizar el país. Pero hay que decir que en lo que a su vida personal se refiere sí que era bastante parecido a sus borbonísimos parientes, llegando a superarlos con algunas prácticas nada recomendables…

Como decimos, Fernando VI fue un fugaz chispazo de lucidez en la administración borbónica recién instaurada en España, pues apenas llegó a reinar 13 años. Tampoco era nada del otro mundo, pues seguía siendo un pusilánime que se ahogaba en un vaso de agua con las tareas de Estado, pero supo rodearse de gente capaz como José de Carvajal o el marqués de la Ensenada.

Su confesor personal, decía que «el rey se aflige», se aturullaba con los papeles, por lo que había que «prepararlo» para no «tener pelotera». Es decir, que el mérito de este este señor fue no dejar que gobernasen inútiles.

El Borbón que se comía su propia mierda

El Marqués de la Ensenada. Uno de los cerebritos de Fernando VI.
(Pintura de Japoco Amigoni, 1750).

Un drama personal sería el que haría aflorar el inestable lado Borbón, el de los accesos de locura y dejadez corporal y mental: la muerte de su querida y obesa reina Bárbara de Braganza. El rey ya andaba algo tocado, pero el fallecimiento de su esposa le hizo caer en una profunda depresión. Nunca su melancolía había alcanzado niveles tan altos.

Fue así como convirtió los últimos meses de su reinado en una agónica locura. Trató de aislarse del mundo al tiempo que empezó a sufrir un auténtico pavor hacia a su propia muerte. Lo bueno de la disciplina histórica es que en ocasiones contamos con fuentes directas de ciertos acontecimientos y en lo relativo a este señor contamos con ejemplos de correspondencia que se enviaban en su familia acerca de su estado.

Por ejemplo, sabemos que durante un tiempo le dio por creer que ya estaba muerto, y hacía cosas como ponerse sábanas por encima y simular ser un fantasma. Cuando parecía recuperar la conciencia decía que quería suicidarse. Sus más allegados se lo tomaban ya con resignación: «a estado con esta musica de querer matarse asta las once y media de la noche en que rendido se ha dormido…».

Se negó a cortarse el pelo y la barba y también a cambiarse la ropa. Ni siquiera permitía que le cambiasen las sábanas, acumulando una ingente cantidad de porquería. Llegó un momento en el que el rey solo quería jugar a las cartas. Dejó de comer y de hablar con la gente y sufría ataques de ira repentinos.  Se le había ido por completo la real pinza, pero esto no es lo mejor.

[Advertencia: comienza la parte escatológica]

Fernando VI no controlaba ya la voluntad de sus fuelles corporales y se orinaba en la cama, y además el pobre monarca estaba estreñido, pero los médicos no se atrevían a darle ningún tipo de laxante, mucho ojo, por temor al efecto contrario: «que se suelte demásiado y se muera…».

Cuando finalmente conseguía evacuar, el rey seguía haciendo lo que le daba la gana, se negaba a que lo lavasen y su alcoba la inundaba la pestilencia de los excrementos: «Anoche izo sus cosas en la cama y no ha dejado que se las quiten…».

Y los testimonios no cesan: «Sigue haciendo sus menesteres en la cama y no se deja limpiar con que aseguran que esta en un lago de porquerías y dicen que no se puede parar allí del mal olor aier y oi le han querido limpiar pero se pone echo una furia y tienen que dejarle porque temen que le de algo…».

El Borbón que se comía su propia mierda

Fernando, 10 años, futuro coprófago. (Pintura de Jean Ranc, circa 1723).

Y más: «Se ha vuelto a ensuciar de todos géneros esta mañana, me dicen que esta asqueroso pues tiene todas las manos untadas de porqueria y no se las quiere dejar limpiar y a todos los que se arriman los pringa…».  Ese rey manchando de mierda al primero que pasase. También solía arrojar sus propios excrementos a los que se arrimaban mucho, como si de un chimpancé de zoológico se tratase.

¿Te has quedado con ganas de más? Pues toma: «El Rey tomo caldo de mala gana y chocolate, le quisieron mudar pero se emperro y rasgo las bueltas de la camisa al Sumiller y tuvieron que dejarle… sigue haciéndose todo y los cursos son tan líquidos que le limpian y al instante se repite y se volvio a azer…».

Bueno, ya está bien.

Venga no, queda la guinda: aquejado también de priapismo, decidió no comer alimentos durante días y cuando pedía de comer, consideraba que era buena idea mezclar los alimentos con su propia mierda. Grandiosa idea.

El Borbón que se comía su propia mierda

Príapo, para los que no tuvieran claro por dónde tiraba eso del “priapismo”.
(Fresco de Pompeya – Museo Archeologico Nazionale de Nápoles).

Por suerte para él, el 10 de agosto de 1759 una apoplejía pondría punto y final a sus terribles y escatológicos sufrimientos.

BIBLIOGRAFÍA:

AD ABSURDUM (2017): Historia absurda de España, ed. La Esfera de los Libros.
BASANTE POL, R. (2010), La demencia de un Rey: Fernando VI (1746-1759). Revistas singulares de la Real Academia Nacional de Farmacia, 9
GRANADOS LOUREDA, J. A. (2010), Breve historia de los Borbones españoles.
VOLTES, P. (1998),  La vida y la época de Fernando VI.

Ad Absurdum suele escribir sobre historia, a veces en libros como Historia absurda de España o Historia absurda de Cataluña.

http://blogs.publico.es/strambotic

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