Este libro puede matarte (literalmente)

Iñaki Berazaluce

Este libro puede matarte (literalmente)

En su más famosa novela, ‘El nombre de la rosa’, Umberto Eco imaginaba un libro cuya lectura o, más precisamente, el paso de sus páginas con los dedos humedecidos de saliva, envenenaba lentamente a su lector hasta provocar su muerte.

Una vez más, la realidad supera a la fértil imaginación del sabio italiano. ‘Shadows from the Walls of Death’ (‘Las sombras de las paredes de la muerte’) fue impreso en 1874 y no es un libro como los demás: quien lo toca puede morir. Este libro, publicado por el Dr. Robert M. Kedzie, contiene en torno a un centenar de ejemplos de papel pintado, cada uno de ellos impregnado con un peligroso nivel de arsénico.

Este libro puede matarte (literalmente)

Como ya narramos recientemente en Strambotic, durante el siglo XIX un incalculable número de personas murieron en Europa y Estados Unidos por culpa de tinte verde que se utilizaba para teñir el papel pintado y uno de cuyos componentes era el arsénico, un elemento altamente ponzoñoso del aún se ingoraba su toxicidad. Se sospecha incluso que el mismísimo Napoleón Bonaparte pudo haber fallecido en su exilio en Santa Elena, envenenado lentamente por el arsénico que rezumaba el papel pintado de color oro y verde Ilos colores de la Francia imperial) de las paredes de su casa-prisión.

El doctor Kedzie, que sirvió como cirujano durante la Guerra Civil Americana, se incorporó durante la década de 1870 al Consejo de Salud del estado de Michigan y, desde este cargo, intentó advertir a sus contemporáneos sobre los peligros del papel pintado pigmentado con arsénico, según relata Alexander Kawacki enAtlas Obscura. El fenómeno de envenamiento muy común en aquel tiempo: se calcula que dos tercios de todo el papel pintado que se vendía en Estados Unidos en aquella época estaba contaminado por arsénico, concretamente los colores “Verde París” y “Verde Scheele”.

Si bien los victorianos sabían perfectamente que el arsénico era venenoso si se ingería, desconocían que también podía ser letal al respirarlo. La tesis de Kedzie -correcta, como ahora sabemos- es que el papel pintado que contenía arsénico desprendía partículas microscópicas de polvo que podían ser inhaladas o ingeridas por los habitantes de las casas. En la introducción de ‘Shadows‘, explica Kawcki, el galeno explica que el arsénico del papel no te mata de una forma “violenta y repentina”, sino mediante un envenenamiento crónico y paulatino, desatando una enfermedad tan desconcertante para los enfermos como para los médicos. Escribió asimismo el caso de mujeres que enfermaron por inhalar “un aire cargado con el aliento de la muerte” y lograron recuperarse al retirar el papel pintado de sus dormitorios.

Este libro puede matarte (literalmente)

Como parte de su campaña para despertar conciencia sobre los papeles envenenados, Kedzie editó cien copias de ‘Shadows’ y los envió a otras tantas bibliotecas de Michigan. Se trata de un libro fino, que apenas contiene un índice, una breve introducción y una colección de papeles pintados, amén de una nota del Departamento de Salud en la que se explica el propósito del libro y se advierte a los bibliotecarios de que los niños -no así los adultos- no deben tocar el libro.

El macabro texto introductorio reproduce una cita bíblica del Libro del Levítico [14:37-40]:

“Examinará la marca, y si la marca sobre las paredes de la casa tiene depresiones verdosas o rojizas, y parece más profunda que la superficie, el sacerdote saldrá a la puerta de la casa, y cerrará la casa por siete días. Y al séptimo día el sacerdote regresará y la inspeccionará. Si la marca se ha extendido en las paredes de la casa, el sacerdote les ordenará quitar las piedras que tienen la marca y arrojarlas a un lugar inmundo fuera de la ciudad”. 

El resto de las 86 páginas consisten únicamente en ejemplos de papel pintado tomados de diversas tiendas y vendedores.

Este libro puede matarte (literalmente)

De las cien copias originales sólo se conservan cuatro ejemplares. La mayoría de las bibliotecas, preocupadas por el posible envenamiento de empleados y lectores, destruyeron sus copias. Dos de los ejemplares suprevivientes están en Michigan, una de ellas, la que conserva el Michigan State Agricultural College donde trabajó Kedzie, está guardado apropiadamente en una caja verde y cada una de sus páginas está encapsulada en una funda de plástico, de modo que los investigadores puedan manipularlo sin riesgo alguno.

Las otras dos copias del libro acabaron en la Harvard University Medical School y la National Library of Medicine, que lo digitalizó para que cualquier internauta pueda consultar el libro gratis y sin jugarse el tipo por culpa de sus venenosos efluvios.

Visto en Atlas Obscura. Con información de Strambotic

http://blogs.publico.es/strambotic

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