JANIS JACOBO, POE+

JANIS JACOBO, POE+

Me voy del pueblo, hoy es mi día.

Si me preguntan si lo haría de nuevo,

respondería que sí.

Limitarme a no hacerlo, 

seguramente contribuiría

a la muerte de otra alma[1],

la ruina sin mañana

de aquellos que dejan de creer.

Soporté las burlas

de vecinos y chismosas,

que a la puerta de mi casa

dejaban puñados de sal[2],

mi madre los quitaba

a cubetazos de agua tibia con vinagre

y maldecía hasta que en su corazón

todo estaba controlado.

La obsesión me fue heredada por ella,

cuando me viene una idea que destruya,

que implique violencia o desgracia:

llevo las manos a madera cercana,

así sea en ramas,

en la silla en que me encuentre sentada,

el más próximo escritorio, 

y pienso en lo contrario a la tribulación; 

parece que funciona,

hasta ahora todo marcha igual.

Cuando salió a la luz lo que era solo mío[3],

mi madre llena de orgullo 

me besó la frente y me pidió dejar el pueblo,

con lágrimas falsas,           – porque no sentía que fuera para tanto –                    

le dije que la amaba,

que vendría en un mes para contarle todo, 

una creación como aquella 

necesitaba el seno inspirador de la familia                     

para seguir creciendo.

JANIS JACOBO, POE+

Un hombre entra en un bar

un hombre entra en un frasco

un hombre entra en un gallo

un hombre entra en un desierto

un hombre 

entra

en

un

desesperado intento

desesperado recuerdo

desesperado momento

desesperado

de

sesos

peras

dos

y pide un vaso con algo

y pide un vaso con respuestas

y pide un vaso con aloe vera

y pide un vaso con olvido

y pide un vaso sin desahucio.    

Si me derriba la noche

con su maullido feroz

luxándome la espalda en la caída,

y me lleno de estiércol

el espacio etéreo entre mis uñas y la piel,,

no le digan a mi madre,

que sé que vendrá presurosa,

lista para echarme en cara

los casi treinta años que pesan

lo mismo que cien,

aunado

a los nietos no natos

que no llegarán,

y lo amargo que tengo los huesos hoy en día,

por favor no llamen a mi madre,

hoy necesito permanecer afuera.

OCHO

Auto

biográfico

dependiente de la luz

que emito.

Así te quería ver

pasando en película de 38 milímetros,

contándome por qué hui en lágrimas aquella tarde

y por qué me enferma el día gris.

Plagas de abejorros

son el corazón desdentado que poseo,

un montón de círculos, piezas, remolinos

solía ser, ahora no le tengo.

Primariamente me dediqué a cuidarle

a no pensar, y asustarme

quería depender de las razones

de otras razones ajenas a mí.

Y me asomo a la ventana

cual dama de media tarde

pero no encuentro, no sé,

no estoy.

no tengo lo que quiero

sólo el temor  que se pinta color malva

que se derrama como plasma entre mis pechos,

cuerpo desnudo que no aguanta

se infarta cuando pienso.

Necesito dormir continuamente

dentro de todas las cosas frenéticas,

me guardo en capullo

me escondo

no estoy.

Amparo

La transformación se ha consumado,

No hace falta la espera de los años

ni usar chaquetas grandes

ni tener hijos,

me vi con el hígado en mis manos

nadie pensó en él

cuando temprano en las mañanas

tendida en la cama

desnuda

cansada

me fumaba el cigarro

me bebía el café,

y llegaba despeinada

moribunda

necesitada

a dejar que teclearan en mi alma

que se untaran mi espíritu en palabras vanas

que la justicia a la que servía

se sirviera mis ojos cegatones,

mi tiempo,

mis pulmones,

para que el juzgador que se llevaba

de mi la mayor parte

pudiera viajar tranquilo a Nueva York

desayunar en Marsella

y comer albaricoques en Hungría

al fin que como yo

tendría

al servicio de la justa justicia mexicana

un montón de idiotas comprimidos

enajenados por la paga

comprando zapatos a la hora de comer

pagando cantidades exageradas por un corte de cabello,

todo porque puedo,

porque no hay nada que impida mi actuar.

pero siempre llega

esos buenos días

esperados

añorados

en que de nuevo respiras

y miras la luz del día

y no sólo madrugadas

y no sólo noches

porque de algún modo

una se olvida que el sol es cálido

que hay gente que se ama

que vivir es una fuerza convexa

 fuera del escritorio en la oficina.

Janis Jacobo (Querétaro, Querétaro 1987) Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Querétaro; participante en talleres de creación literaria de poesía, cuento y dramaturgia. Publicaciones de cuento en El Suplemento Panóptico del semanario Tribuna, así como publicaciones de cuento y poesía algunos números de la revista digital El Humo. 

http://www.revistaelhumo.com

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