Cinco películas sobre mayo del 68

Se cumplen cincuenta años de un acontecimiento crucial para comprender el devenir de nuestro mundo

Una escena de Soñadores, dirigida por Bernardo Bertolucci
Una escena de Soñadores, dirigida por Bernardo Bertolucci – ABC

Aquel mayo francés del que ahora se cumplen cincuenta primaveras está enclavijado a nuestra memoria colectiva como un fogonazo de libertad que se apagó pronto pero dejó unas brasas que todavía calientan. La revuelta de los estudiantes parisinos inauguró un paradigma cultural cuyo legado sigue siendo objeto de un intensísimo debate, como demuestran las decenas de artículos que se han publicado estas semanas en medios de todo el mundo. Si mayo del 68 continúa suscitando polémicas es porque aún no se ha convertido en una reliquia arqueológica, sino que sigue siendo un acontecimiento crucial para entender nuestro mundo. Aquí hay cinco películas que ayudan a comprender mejor lo que sucedió aquella primavera tan agitada.

Soñadores

Bernardo Bertolucci firmó en 2003 una referencia ineludible para acercarse al caldo cultural en el que fermentaron las revueltas de los 60. La trama de Soñadores se desata con uno de los acontecimientos que precipitaron el alzamiento de los estudiantes parisinos: la destitución de Henri Langlois como presidente de la Cinemateca por orden del Ministro de Cultura y escritor André Malraux. Matthew, un estudiante americano que pasa más tiempo en el cine que en clase, conoce en las protestas a Theo y a Isabelle, dos hermanos con una relación rozando lo incestuoso y una obsesión por el cine tan enfermiza como la suya.

Y mientras sus compañeros de facultad buscan la playa bajo los adoquines de París, los tres amigos se encierran en casa para hablar de cine, beber vinos caros y jugar a ser niños otra vez. La película es una parábola de una generación que quiso ser revolucionaria desde su salón y siempre y cuando el nuevo mundo no alterase su apacibilidad burguesa. La revolución ya no era asunto de los obreros de las fábricas, que volvieron a sus casas en cuanto De Gaulle subió los salarios; sino que era el pasatiempos de una acomodada clase estudiantil que se parecía a sus padres mucho más de lo que le hubiese gustado reconocer.

La chinoise

Aunque Godard presentó la película un año antes del conato de insurrección, La chinoise ya muestra los efectos de la intoxicación maoísta en las cabezas de los estudiantes franceses. El propio Godard, junto a Truffaut y Polanski, fue responsable del boicot al festival de Cannes del año 68 en apoyo al motín estudiantil. Al contrario que Soñadores, La chinoise es una película desacomplejadamente política, con un guion plagado de soflamas revolucionarias y diálogos sobre laguerra de Vietnam, la Rusia soviética y la Revolución Cultural china.

La película presenta a un grupo de cinco estudiantes que se reúnen en un piso para compartir sus inquietudes revolucionarias y recitar fragmentos de El libro rojo de Mao. En estas conversaciones acaba apareciendo la posibilidad de recurrir a la lucha armada, un debate que genera un cisma entre los estudiantes. La chinoise ha suscitado interpretaciones opuestas que oscilan entre las que acusan a Godard de apología del terrorismo y otras que entienden que el director ridiculiza las aspiraciones de los jóvenes revolucionarios, que se equivocan de objetivo en su primer atentado. En todo caso, la película muestra que no todo fueron lemas simpáticos y cantautores en aquel París efervescente, sino que también hubo jóvenes fanatizados dispuestos a derramar sangre por la causa.

El fondo del aire es rojo

Chris Marker empleó toda una década, del 67 al 77, en recopilar y montar los materiales que forman El fondo del aire es rojo, una crónica en dos partes sobre las convulsiones políticas y sociales que transformaron el mundo para siempre. «Con este documental buscaba mostrar transformaciones sociales que estaban sucediendo y fueron formando un intrincado juego», declaró en su día Marker, un cineasta muy cercano a la izquierda francesa. Pero París es solamente un episodio más en un ciclo de agitaciones que también sacudió Praga, Chile, Cuba o México, y la película de Marker no deja fuera ninguna de ellas.

Son en total tres horas de película divididas en dos partes (Las manos frágiles y Las manos cortadas) en las que se puede escuchar, entre otros, el testimonio de Jorge Semprún, escritor y Ministro de Cultura con Felipe González. El fondo del aire es rojo es un ejercicio de honestidad histórica en el que Marker se esforzó por contar los hechos sin anteojeras ideológicas. Su método al confeccionar la película y su espíritu para afrontar la tarea fueron los del historiador que solo aspira a restaurar la memoria: «Los verdaderos autores de este film son los innumerables, cámaras, testigos y militantes cuyo trabajo se opone a los poderes que nos quisieran dejar sin memoria», dejó dicho el director.

Rojo amanecer

El episodio más terrible del 68, mucho menos recordado que las festivas algaradas parisinas, fue la matanza por parte del ejército mexicano de más de 300 estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Esta película mexicana de 1989 reconstruye aquella fatídica jornada desde la perspectiva de una familia de clase media-alta con dos hermanos melenudos, revoltosos y fans de los Beatles que tienen escandalizados a sus correctísimos y conservadores padres. «Sois unos vagos y vestís como maricones», les recrimina el padre, «mejor que no os metáis en líos porque con el gobierno no se juega».

Y pocas horas después quedó claro que el gobierno no bromea. Los militares mexicanos abrieron fuego contra una manifestación de jóvenes desarmados provocando una masacre de la que aún se desconoce el número exacto de víctimas. El Estado mexicano presionó para prohibir Rojo amanecer alegando que ofendía al ejército, pero la presión popular logró que se autorizase el estreno de la película con tres escenas suprimidas. El censor fue el mismísimo Carlos Salinas, por entonces presidente de México, que quiso borrar las secuencias más comprometidas para las fuerzas armadas.

Los amantes habituales

Al igual que Soñadores, Los amantes habituales es de algún modo un testimonio sobre el desencanto y la revolución fracasada. El actor protagonista es el mismo en las dos películas, Louis Garrel, que con su aire vampírico encaja en el papel de joven hastiado o de poeta maldito. François, el personaje principal de Los amantes habituales, se enamora durante las revueltas de la bella Lilie, y juntos se aíslan del mundo para encajar el fracaso de sus aspiraciones políticas.

La película está filmada en blanco y negro y su director, Philippe Garrel (padre del actor), se preocupó por cuidar con primor el brillo y la iluminación en cada una de las escenas; siendo merecedor su trabajo del premio a la mejor fotografía en el Festival de Venecia de 2005. Los amantes regulares es una obra de orfebrería cinematográfica, pero el valor de la película no se agota en lo estético. El director quiso plasmar en ella su balance personal de una rebelión que vivió muy de cerca con los 20 años recién cumplidos.

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