El ‘menú del día’ fue un invento de Franco

Luis Landeira

El ‘menú del día’ fue un invento de Franco

Primer plato, segundo plato, pan, bebida, postre o café y, si eres amigo de la casa, hasta te convidan al bicarbonato. Y todo por entre 7 y 12 euros. Esta viene a ser la irresistible oferta que suele componer el menú del día español, pantagruélico a ojos de los guiris y siempre insuficiente para el insaciable tripero celtíbero.

Y es que, a día de hoy, el menú del día sigue siendo un importante pilar en la alimentación del españolito medio, por más que nutricionistas veganos lo consideren una barrabasada y ese trilero de los fogones que atiende por Ferrán Adriá lo diera por muerto en 2009. Casi una década después, el Bulli ha cerrado y hay más menús del día que longanizas.

El ‘menú del día’ fue un invento de Franco

Llegados a este punto, cabe tirar de  la memoria histórica esa para recordar que lo del menú del día es una oferta gastronómica preconstitucional. Porque fue el Ministerio de Información y Turismo de Franco el que, allá por los años 60 del siglo XX, el que impuso el “menú turístico”, raíz y origen del menú del día.

Bajo eslóganes como “Spain is different” y con el impulso de don Manuel Fraga Iribarne, por entonces ministrísimo franquista, España multiplicó el número de turistas en poco más de un lustro: de 2,9 millones en 1959 a 11’1 millones en 1965, que se dice mal y pronto. Así que había que agasajarlos a la española: con comida y bebida.

El ‘menú del día’ fue un invento de Franco

Con el susodicho “menú turístico”, decretado el mes de agosto de 1964, Franco pretendió premiar a los guiris que se dejaban los cuartos en España y atraer a los que no lo hacían. Pero, por supuesto, dentro de un orden. Así que promulgó una serie de normas para que regular las cartas de los restaurantes, tascas y casas de comidas de la piel de toro.

El ‘menú del día’ fue un invento de Franco

Por orden del Generalísimo, todo local que sirviera comidas y bebidas estaba obligado a ofrecer un “menú turístico” compuesto por los siguientes elementos:

-Primer plato: entremeses, sopa, crema o similar.

-Segundo plato: pescado, carne o huevos más su correspondiente guarnición.

-Postre: fruta, dulce o queso.

-Pan.

-Bebida: cuarto de litro de vino del país, sangría, cerveza o similar.

La oferta del menú debía colocarse en un lugar bien visible del establecimiento, para ser servido “con la máxima preferencia y rapidez. Debiendo procurarse que en la confección del mismo se dé entrada a platos típicos de la comida española”. Se daba así un empujón al precedente desarrollista y primigenia de la “dieta mediterránea”.

El ‘menú del día’ fue un invento de Franco

Entre los exquisitos manjares de la tradición gastronómica nacional que el ministerio franquista recomendaba servir a los turistas, destacaban “la paella, el cocido a la madrileña, la tortilla española, el pescado bien frito, y otro muchos platos de renombre en España, que se sirven en el extranjero con gran éxito”.

Al principio, el menú turístico fue un fracaso, puesto que los camareros de los restaurantes aconsejaban a los clientes que pidieran “a la carta”, amenazando con que la calidad del menú turístico sería muy inferior. Pero la ordenación de 1965 obligó a los restaurantes a incluir el menú en la carta y fijar precios máximos, que variaban según la categoría del restaurante: de lujo (250 pesetas el menú), de primera (175), de segunda (140), de tercera (90) o de cuarta (50).

El ‘menú del día’ fue un invento de Franco

Como advertía el diario ABC por aquel entonces, “el menú turístico no debe ser confundido con un menú para pobres. Es sencillamente un menú protegido y cuyo precio fija la Administración, y es el cliente quien lo confecciona”.

Pero en la práctica, la proverbial picaresca española hacía que los restaurantes compusieran sus “menús turísticos” con versiones rácanas y recalentadas de los platos menos apetecibles de la carta. Como dijo en aquellos tiempos un atinado cronista de ABC, “15 días a régimen de menú turístico de 110 pesetas equivaldrían a muerte por inanición”.

El ‘menú del día’ fue un invento de Franco

En 1970, el moribundo régimen franquista abrió la zarpa y permitió a los restaurantes servir lo que sí se podría llamar un menú para pobres. Nació entonces el “menú del día”, promocionado a bombo y platillo con eslóganes tan poco realistas como “a mí me gusta comer bien, voy a pedir el menú del día”. Con la cosa de la inflación, el precio del menú de cuarta subió a 80 pesetas y, un lustro después, a 100.

Hasta que, en 1975, murió Franco. Y con la Transición llegó el caos. Si antes la tacañería y el sablazo eran la tónica del restaurante medio, con la democracia aparecieron cosas mucho peores: los gastrónomos, los chefs, los gourmets, la nouvelle cuisine, las Estrellas Michelin y demás zarandajas que permitían vender pomposas pero tristes tapas a precio de marisco.

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Pero, a la postre, si Franco levantara la cabeza no estaría del todo insatisfecho: ahí está su tradicional menú del día, más vivo que nunca para que españoles y extranjeros podamos comer más o menos “como Dios manda” sin vaciar la cartera, aunque hoy la libertad (o libertinaje) de precios hace que cada abrevadero cobre lo que le de la real gana: desde los 3 euros que cuesta el menú de la cafetería Mercado de Huelin (Málaga) hasta los 35 que te clavan en el Asador de Aranda (Madrid). En fin, que, como diría el Caudillo, “no se os puede dejar solos”.

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*Contiene entrantes, platos, vino de la casa, información e imágenes de InterviuEl EspañolABCActuallRestaurante Casa Pepe y Bar Restaurante El Cangrejo.

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