El tercer sexo: el vecino olvidado de Adán y Eva

El tercer sexo: el vecino olvidado de Adán y Eva

ARudy Alaniz no le cambió la vida Sadam Hussein, sino un técnico de rayos de un hospital de Berlín.

Año 1991, guerra del Golfo Pérsico. Rudy Alaniz es un joven soldado al servicio de Estados Unidos. Al terminar el conflicto, Alaniz acude a un hospital de Berlín para que le hagan pruebas médicas por una lesión de espalda. La guerra le ha dejado secuelas. Los médicos le realizan una resonancia magnética –algo rutinario–, pero cuando aparecen los resultados, nadie se fija en su espalda. Alojados en su vientre, dos ovarios y un útero poco desarrollado muestran algo que nunca antes le habían revelado: Rudy Alaniz nació intersexual.

Los tres sexos

En Alemania ya es oficial: hay un tercer sexo. Existen hombres, mujeres y diversos (o inter o lo que cada uno decida). A finales del año 2017, el Tribunal Constitucional tomó una decisión que convirtió al país bávaro en el primer lugar de Europa en reconocer la intersexualidad y permitir el registro de personas con un sexo distinto al de hombre o mujer.

La Organización Intersexual Internacional define intersexualidad como una «diferencia congénita en las características sexuales físicas. Esto es, diferencias físicas en los cromosomas, expresión genética, diferencias hormonales, en las partes reproductivas como los testículos, pene, vulva, clítoris, ovarios y así sucesivamente».

Es decir, son personas que no se sabe a ciencia cierta si son hombres o mujeres.

Si son hombres.

O mujeres.

En España, la ley obliga a inscribir al recién nacido en el Registro Civil bajo uno de los dos sexos en un plazo de 72 horas. Este etiquetado obligatorio supone un problema para el 1% de la población mundial (según datos de la OMS) que nace con características intersexuales. En estos casos, los padres deben decidir, a través de la cirugía, en cuál de las dos opciones estará incluido el recién nacido.

72 horas.

Una moneda: cara, pene;  cruz, vagina.

(¿Y si cae de canto?).

Esto es lo que le ocurrió a Rudy Alaniz. Sus padres decidieron que se iba a convertir en varón debido a la presencia de un clítoris más grande de lo normal, recurriendo a una de las tantas prácticas quirúrgicas de normalización que aún se siguen realizando de forma sistemática en numerosos países.

Esto, por supuesto, sin tener en cuenta la (futura) opinión del humano recién nacido y sin pensar en las complicaciones que, a largo plazo, se pueden generar. Por su parte, Rudy Alaniz, tras un largo tiempo de depresión y deriva existencial, decidió dar un cambio a su vida: se convirtió en Kailana Alaniz.

Salirse de la norma

Con la decisión del Tribunal Supremo, Alemania ha pasado al selecto club de países que reconocen la diversidad sexual. En él ya se encuentran Nueva Zelanda, Australia, Nepal, Pakistán, India, Bangladesh, algunos estados de Estados Unidos como Oregón y California, Canadá y Malta. En el caso de Malta, el gobierno del archipiélago dio también un paso importante en 2015 al prohibir las cirugías de mutilación sin consentimiento en menores de edad.

El tribunal alemán, que ya en 2013 permitió dejar en blanco la casilla binaria del registro, acompañó su decisión con un comunicado en el que decía que «la Constitución también protege la identidad de género de aquellos que no puedan ser clasificados como hombre o mujer de forma permanente».

En la mayoría de sociedades, casi todo lo que se aleja de la norma impuesta se considera trastorno, patología o enfermedad. Este es el juicio habitual que recibe el colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales (LGTBI), personas que, por razones anatómicas o emocionales, no se sienten incluidas en la norma impuesta.

A lo largo de la historia, lo que se sale de la norma ha sido identificado como un problema que hay que corregir, ya sea por vía psiquiátrica, médico-quirúrgica o divina. Pero hay algunos Gobiernos que quieren empezar a tomar cartas en el asunto.

Ese es el caso del proyecto de ley por la igualdad LGTBI propuesta en España a finales del año 2017 y admitida a trámite por el Congreso de los Diputados. Uno de los puntos de esta ley establece que deje de considerarse la transexualidad como una enfermedad y no se exija un tratamiento médico previo ni un informe psiquiátrico o psicológico para aquellos que decidan llevar a cabo la reasignación de sexo y género.

Los vecinos de Adán y Eva: Hijras, muxes, fa´afines

Cuenta la Biblia que Dios creó al hombre (cara, pene) con polvo de la tierra y que de sus costillas hizo una mujer (cruz, vagina). Y «estaban ambos desnudos y no se avergonzaban». No se avergonzaban, quizá, de mirarse el uno al otro. O, quizá, porque había alguien más mirando.

Un hijra, por ejemplo.

En India, Bangladesh, Nepal y Pakistán se puede encontrar un grupo social considerado el tercer sexo cuya tradición se extiende hasta el siglo III a.C. Se trata de los hijras, en su mayoría varones o intersexuales que se refieren a sí mismos en femenino y suelen vestir como mujeres.

Antes de la llegada de los británicos, los hijras gozaban de una relativa buena reputación debido a la existencia de algunos dioses hinduistas que presentan rasgos de hombre y de mujer. Con la llegada de los británicos, Occidente trajo la civilización con una oferta exclusiva de leyes homófobas que castigaban cualquier comportamiento que se saliese de la norma, obligando a los hijras a la marginalidad. En la actualidad, los hijras no están tan perseguidos, pero la discriminación sigue presente.

Otro posible compañero de Adán y Eva podría haber sido muxe. Considerado un tercer sexo por el pueblo zapoteca, este colectivo social –mejor aceptado que otros colectivos– se encuentra en la región del istmo de Tehuantepec, al sur de México.

Se trata de varones que presentan características femeninas y que no se consideran travestis ni transgénero. Entre los muxes se observan dos tipos de categorías: muxes gunaa, que se identifican con el género femenino sin considerarse mujeres; y los muxes nguiiu, que se identifican con el género masculino sin considerarse hombres.

En el Pacífico, Adán y Eva habrían encontrado también compañeros de Paraíso: los fa’afafine samoanos, los mahu hawaianos y los fakaleiti de Tonga.

Estos tres colectivos, aunque con distinto nombre, tienen características similares: son varones criados como mujeres en sus familias, bien por elección propia, bien por elección familiar. En los tres países, los tres grupos son reconocidos como un tercer sexo –alejado del concepto de homosexualidad o travestismo– y pueden desempeñar todo tipo de funciones en sus respectivas sociedades.

Hijras muxesMahu fakaleitis. Trans e intersexuales. Todos ellos van teniendo cada vez más oportunidades de encontrar lugares en los que rellenar una casilla con la que sentirse identificados.

Ejemplos como la decisión del Tribunal Constitucional alemán o el proyecto LGTBI español se suman a otros casos como la constitución de Tailandia que, en su artículo 30, prohíbe la discriminación contra una persona basada en la diferencia de sexo. O la ley andaluza de Transexualidad, que regula el derecho a la autodeterminación de género sin necesidad de pasar por pruebas psiquiátricas.

Poco a poco (muy poco a poco), en el mundo se va asumiendo que, junto a Eva, Adán y la serpiente, es muy posible que hubiese otros testigos oculares. Y es muy posible también que estos testigos se hubiesen quedado en el paraíso durante todo este tiempo. En realidad, ellos no tuvieron nada que ver con el incidente de la manzana.

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