Enrique VIII: la brutalidad anticatólica del rey decapitador de esposas sale de nuevo a la luz

Inglaterra exhibirá una carta en la que el monarca solicita que un abad sea asesinado y descuartizado después de resistirse a que los soldados le arrebataran los tesoros de su iglesia

Enrique VIII, en su retrato más famoso

La maldad de Enrique VIII es bien conocida por la sociedad. No en vano, pasó a la historia por decapitar a dos de sus seis esposas. Sin embargo, el fundador de la iglesia anglicana inglesa acaba de ser elevado de nuevo hasta el altar de la barbarie gracias a un pérfido descubrimiento: una carta en la que ordena que un sacerdote sea «ahorcado y descuartizado».

 ¿Por qué? Simple y llanamente, porque había impedido que los soldados del monarca saquearan las riquezas de la abadía Norton Priory durante la llamada «disolución de los monasterios» (el proceso mediante el que el mandamás se hizo con las propiedades de la Iglesia Católica del país).
 
En la misiva (una orden de arresto dictada a su secretario), que se exhibirá públicamente a partir del próximo 5 de mayo en el Norton Priry Museum) el monarca exigió además que el abad fuese ahorcado, destripado y cortado posteriormente en cuatro trozos. Por si fuera poco, estableció que su cuerpo debía ser exhibido por todo el país para deleite de su pérfida majestad.
 
 No le falta razón, pues en la misiva se observa cómo el secretario tuvo que tachar algunas palabras referidas a los castigos por los que tendría que pasar el sacerdote para cambiarlas por otras más brutales.
 El doctor Andrew Abram, de la Universidad Metropolitana de Manchester, es de la misma opinión: «Es posible que el Alto Alguacil de Cheshire, Piers Dutton, exagerara deliberadamente la situación al informar sobre la resistencia en Norton para provocar al rey». Su estrategia le funcionó a la perfección, pues el enfado de Enrique VIII fue tan monumental que, aunque otros consejeros intentaron calmarle, no sirvió de nada.
 La carta, a su vez, podrá disfrutarse junto a un relicario de plata dorado del siglo XVI que, tal y como ha desvelado el diario «Daily Mail», demuestra la riqueza que había en los monasterios de la época. La misma que ansiaba el sádico Enrique VIII.
 
Lo cierto es que los años 30 del siglo XVI fueron un auténtico caos en lo que se refiere a religión en Inglaterra. Y es que, por entonces las abadías eran vistas por la sociedad como corruptas y apartadas de la sociedad. Un hecho que aprovechó en monarca para separar Inglaterra, Gales e Irlanda de la autoridad de la Iglesia Católica de Roma; cerrar estos centros de culto y hacerse con sus riquezas.

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