POE+ DE ROBERTO BOLAÑO

POE+ DE ROBERTO BOLAÑO

RESURRECCIÓN

La poesía entra en el sueño

como un buzo en un lago.

La poesía, más valiente que nadie,

entra y cae

a plomo

en un lago infinito como Loch Ness

o turbio e infausto como el lago Balatón.

Contempladla desde el fondo:

un buzo

inocente

envuelto en las plumas

de la voluntad.

La poesía entra en el sueño

como un buzo muerto

en el ojo de Dios.

ERNESTO CARDENAL Y YO

Iba caminando, sudado y con el pelo pegado

en la cara

cuando vi a Ernesto Cardenal que venía

en dirección contraria

y a modo de saludo le dije:

Padre, en el Reino de los Cielos

que es el comunismo,

¿tienen un sitio los homosexuales?

Sí, dijo él.

¿Y los masturbadores impenitentes?

¿Los esclavos del sexo?

¿Los bromistas del sexo?

¿Los sadomasoquistas, las putas, los fanáticos

de los enemas,

los que ya no pueden más, los que de verdad

ya no pueden más?

Y Cardenal dijo sí.

Y yo levanté la vista

y las nubes parecían

sonrisas de gatos levemente rosadas

y los árboles que pespunteaban la colina

(la colina que hemos de subir)

agitaban las ramas.

Los árboles salvajes, como diciendo

algún día, más temprano que tarde, has de venir

a mis brazos gomosos, a mis brazos sarmentosos,

a mis brazos fríos. Una frialdad vegetal

que te erizará los pelos.

LUPE

Trabajaba en la Guerrero, a pocas calles de la casa de Julián

y tenía 17 años y había perdido un hijo.

El recuerdo la hacía llorar en aquel cuarto del hotel Trébol,

espacioso y oscuro, con baño y bidet, el sitio ideal

para vivir durante algunos años. El sitio ideal para escribir

un libro de memorias apócrifas o un ramillete

de poemas de terror. Lupe

era delgada y tenía las piernas largas y manchadas

como los leopardos.

La primera vez ni siquiera tuve una erección:

tampoco esperaba tener una erección. Lupe habló de su vida

y de lo que para ella era la felicidad.

Al cabo de una semana nos volvimos a ver. La encontré

en una esquina junto a otras putitas adolescentes,

apoyada en los guardabarros de un viejo Cadillac.

Creo que nos alegramos de vemos. A partir de entonces

Lupe empezó a contarme cosas de su vida, a veces llorando,

a veces cogiendo, casi siempre desnudos en la cama,

mirando el cielorraso tomados de la mano.

Su hijo nació enfermo y Lupe prometió a la Virgen

que dejaría el oficio si su bebé se curaba.

Mantuvo la promesa un mes o dos y luego tuvo que volver.

Poco después su hijo murió y Lupe decía que la culpa

era suya por no cumplir con la Virgen.

La Virgen se llevó al angelito por una promesa no sostenida.

Yo no sabía qué decirle.

Me gustaban los niños, seguro,

pero aún faltaban muchos años para que supiera

lo que era tener un hijo.

Así que me quedaba callado y pensaba en lo extraño

que resultaba el silencio de aquel hotel.

O tenía las paredes muy gruesas o éramos los únicos ocupantes

o los demás no abrían la boca ni para gemir.

Era tan fácil manejar a Lupe y sentirte hombre

y sentirte desgraciado. Era fácil acompasarla

a tu ritmo y era fácil escuchada referir

las últimas películas de terror que había visto

en el cine Bucareli.

Sus piernas de leopardo se anudaban en mi cintura

y hundía su cabeza en mi pecho buscando mis pezones

o el latido de mi corazón.

Eso es lo que quiero chuparte, me dijo una noche.

¿Qué, Lupe? El corazón.

LOS ARTILLEROS

En este poema los artilleros están juntos.

Blancos sus rostros, las manos

entrelazando sus cuerpos o en los bolsillos.

Algunos tienen los ojos cerrados o miran el suelo.

Los otros te consideran.

Ojos que el tiempo ha vaciado. Vuelven

hacia ellos después de este intervalo.

El reencuentro sólo les devuelve

la certidumbre de su unión.

 

EL MONO EXTERIOR

¿Te acuerdas del Triunfo de Alejandro Magno, de Gustave Moreau?

La belleza y el terror, el instante de cristal en que se corta

la respiración. Pero tú no te detuviste bajo esa cúpula

en penumbras, bajo esa cúpula iluminada por los feroces

rayos de armonía. Ni se te cortó la respiración.

Caminaste como un mono infatigable entre los dioses

pues sabías −o tal vez no− que el Triunfo desplegaba

sus armas bajo la caverna de PIatón: imágenes,

sombras sin sustancia, soberanía del vacío. Tú querías

alcanzar el árbol y el pájaro, los restos

de una pobre fiesta al aire libre, la tierra yerma

regada con sangre, el escenario del crimen donde pacen

las estatuas de los fotógrafos y de los policías, y la pugnaz vida

a la intemperie. ¡Ah, la pugnaz vida a la intemperie!

LOS DETECTIVES PERDIDOS

Los detectives perdidos en la ciudad oscura.

Oí sus gemidos.

Oí sus pasos en el Teatro de la Juventud.

Una voz que avanza como una flecha.

Sombra de cafés y parques

frecuentados en la adolescencia.

Los detectives que observan

sus manos abiertas,

el destino manchado con la propia sangre.

Y tú no puedes ni siquiera recordar

en dónde estuvo la herida,

los rostros que una vez amaste,

la mujer que te salvó la vida.

LOS DETECTIVES HELADOS

Soñé con detectives helados, detectives latinoamericanos

que intentaban mantener los ojos abiertos

en medio del sueño.

Soñé con crímenes horribles

y con tipos cuidadosos

que procuraban no pisar los charcos de sangre

y al mismo tiempo abarcar con una sola mirada

el escenario del crimen.

Soñé con detectives perdidos

en el espejo convexo de los Arnolfini:

nuestra época, nuestras perspectivas,

nuestros modelos del Espanto.

GODZILLA EN MÉXICO

Atiende esto, hijo mío: las bombas caían

sobre la ciudad de México

pero nadie se daba cuenta.

El aire llevó el veneno a través

de las calles y las ventanas abiertas.

Tú acababas de comer y veías en la tele

los dibujos animados.

Yo leía en la habitación de al lado

cuando supe que íbamos a morir.

Pese al mareo y las náuseas me arrastré

hasta el comedor y te encontré en el suelo.

Nos abrazamos. Me preguntaste qué pasaba

y yo no dije que estábamos en el programa de la muerte

sino que íbamos a iniciar un viaje,

uno más, juntos, y que no tuvieras miedo.

Al marcharse, la muerte ni siquiera

nos cerró los ojos.

¿Qué somos?, me preguntaste una semana o un año después,

¿hormigas, abejas, cifras equivocadas

en la gran sopa podrida del azar?

Somos seres humanos, hijo mío, casi pájaros,

héroes públicos y secretos.

POE+ DE ROBERTO BOLAÑO

Roberto Bolaño (1953 -2003), escritor y poeta chileno

http://www.revistaelhumo.com

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