Debía ser un estudio imparcial sobre el consumo de alcohol; querían titularlo “¡Salud!”

Debía ser un estudio imparcial sobre el consumo de alcohol; querían titularlo “¡Salud!”

CreditBenjamin Norman para The New York Times

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El director de la principal agencia de investigación sobre la salud detuvo sin dudarlo un estudio sobre los efectos del alcohol en la salud el 15 de junio, debido a que, afirma, un científico de Harvard y algunos de los miembros del personal de su agencia habían cruzado “tantos límites” para obtener financiamiento de la industria del alcohol que “la gente estaba francamente impactada”.

Una investigación interna de 165 páginas preparada para Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), concluyó que Kenneth J. Mukamal, investigador principal de la prueba, estuvo en contacto cercano y frecuente con ejecutivos de empresas de licor y cerveza mientras planeaba el estudio.

En el documento se encuentran plasmados ejemplos perturbadores de la cercanía entre los científicos y sus mecenas de la industria. Mukamal estuvo dispuesto a disipar sus preocupaciones, responder a sus preguntas y sugerencias y asegurar el compromiso de la industria con el proyecto.

En una declaración emitida la semana pasada, Mukamal dijo que él y sus colegas “defienden con convicción y firmeza la integridad científica” del estudio.

No obstante, el reporte documentó conferencias telefónicas que Mukamal sostuvo con empresas de bebidas alcohólicas y memorandos extensos escritos en respuesta a sus preocupaciones, mucho antes de que los NIH anunciaran que patrocinarían el estudio.

Las empresas de cerveza y licor ofrecieron sus propias sugerencias para realizar el estudio. Carlsberg, la empresa danesa de cerveza, en determinado momento sugirió que los centros de estudio clínico se establecieran en Rusia, China y Dinamarca. (Un sitio de estudios se ubicaba en Copenhague, pero no en Rusia ni en China).

La estrategia de interacción con la industria fue efectiva. Cinco grandes empresas de cerveza y licor finalmente aceptaron pagar gran parte del costo de los 100 millones de dólares para el estudio aleatorio de diez años.

El estudio tenía como propósito probar la hipótesis de que una bebida al día es mejor para el corazón que no beber ninguna, entre otros beneficios del consumo moderado de alcohol. Sin embargo, el estudio se planeó de manera que no se registraran efectos nocivos, como un aumento en el padecimiento de cáncer o afecciones cardiacas asociadas con el alcohol, según halló la investigación.

Los científicos que crearon el estudio reconocieron ante un comité de examinadores en 2016 que el estudio estaba enfocado en los beneficios y “no se preocupaba por identificar efectos nocivos a la salud”.

“Claramente, la idea detrás del estudio era maximizar las probabilidades de mostrar un efecto positivo del alcohol”, dijo Collins la semana pasada, después de aceptar la recomendación de sus asesores de dar fin al estudio.

“Obviamente, a la industria de las bebidas alcohólicas le gustaría la publicación de un estudio como ese”.

El personal del instituto utilizó subterfugios dentro de la agencia federal.

Ellos negaron haber tenido charlas con la industria, según halló el informe, y retuvieron información pertinente del “Edificio 1”, donde se encuentra la oficina de Collins.

Cuando estaban organizando una reunión acerca del estudio, un miembro del personal envió un correo electrónico el 30 de junio de 2013 en el que advirtió que un funcionario de alto rango que asistiría a la junta “no sabía NADA de la posible fuente de financiamiento y quizá debamos hacer que siga desconociendo esa información por el momento”.

Durante todo ese tiempo, miembros de alto rango del personal en el instituto estuvieron conscientes de que era probable que la industria utilizara los hallazgos del estudio con fines publicitarios y promocionales.

“Una vez que los datos se publiquen y se hagan parte del dominio público”, señaló un plan de negocios redactado en junio de 2013, “la industria puede usar esa información para argumentar y afirmar lo que quiera”.

Incluso si el estudio no lograba encontrar beneficios de salud en el consumo moderado de alcohol, pero tampoco hallaba evidencia de efectos nocivos, los resultados seguirían siendo favorables para los fabricantes de bebidas. Los hallazgos se opondrían a un decreto de 2014 por parte de la Organización Mundial de la Salud acerca de que ningún nivel de consumo de alcohol es seguro debido a que aumenta el riesgo de padecer cáncer.

Debía ser un estudio imparcial sobre el consumo de alcohol; querían titularlo “¡Salud!”

Kenneth MukamalCreditKayana Szymczak para The New York Times

El alcohol, que se clasifica como cancerígeno, está vinculado a un ligero aumento en el riesgo de padecer cáncer de mama incluso si se bebe solo un trago al día. Una de las principales críticas del estudio sobre el alcohol desde el inicio fue que no era suficientemente extenso y no duraría el tiempo necesario para detectar un aumento en los casos de cáncer, que avanzan lentamente entre los bebedores.

Quizá las primeras señales de sesgo surgieron en correos enviados entre miembros del personal del Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo (NIAAA) mientras debatían qué nombre llevaría el estudio. Los científicos a menudo crean acrónimos que sirven de apodos para los estudios y son claves de títulos complicados y largos.

Un miembro del personal le dijo a otro el 13 de junio de 2013 que el nombre de este estudio clínico sería Cheers (salud), una abreviación de Cardiovascular Health Effects of Ethanol Research Study (estudio de investigación sobre los efectos cardiovasculares del etanol). “Y será un nuevo juego para beber”, agregó el funcionario. “Cada vez que lo escuchen, deberán brindar y tomar un trago”.

Abandonaron la idea más tarde y lo cambiaron por un acrónimo más sobrio: MACH, por Moderate Alcohol and Cardiovasular Health(consumo de alcohol moderado y salud cardiovascular).

 

https://www.nytimes.com/es

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