Desamor

En esto, como el cornúpeta en los chistes y en la vida, el dejado suele ser el último en enterarse

Mariano Rajoy y Maria Dolores de Cospedal en la reunión del Comité Ejecutivo del PP de este martes.
Mariano Rajoy y Maria Dolores de Cospedal en la reunión del Comité Ejecutivo del PP de este martes.GABRIEL BOUYS AFP PHOTO

 

Casi nunca sucede de un día para otro, pero la violencia del desenlace suele ser directamente proporcional a la pasión que hubo entre las partes. No lo ves venir, o lo ves perfectamente pero no quieres verlo. No te lo crees, o, si te lo crees, te engañas tú solo a muerte. Nadie te lo cuenta, o, si te lo cuentan, matas al mensajero. No pasa nada, te dices, pero pasa todo, y lo peor es que ya no tiene remedio. Porque cuando empieza el proceso, el fin ya es solo cuestión de tiempo. Llega un día en que todo es igual y nada es lo mismo. Hay un clic. Un hito. Un antes y un después. Un punto de no retorno. Puede ser una discusión, un disgusto, una disensión, un despropósito que, por muy banal que parezca, se convierte en la puntilla. Antes vino la desgana, la desidia, el desinterés. El desdén, los desencuentros, los desaires, los desprecios. La desesperación, el desengaño, el desconsuelo. El desencanto, el desamor, el desastre. El ya no te quiero, el ahí te quedas, el hasta aquí hemos llegado. Y, finalmente, el hasta luego Lucas. Y quien dice Lucas, dice Mariano.

No eres el primero ni el último, aunque te creas el único infeliz al que le pasa semejante desgracia en la faz de la tierra. Es ley de vida. Ocurre en las mejores familias. En las relaciones de pareja, en las amistosas, en las laborales, en las políticas. Un día, de repente, después de ignorar las señales, de dejar pudrirse la ponzoña, de huir hacia adelante o de enterrar la cabeza bajo el ala con tal de hacer ver que contigo no va la cosa, quien te amaba te dice que ya no te ama, te da el dos, te deja con tres palmos de narices y te quedas más solo que la una. Luego resulta que todo el mundo lo sabía y no quiso decirte nada o te lo dijo y no le echaste cuenta. Porque en esto, como el cornúpeta en los chistes y en la vida, el dejado suele ser el último en enterarse.

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