Hablar feminista en la intimidad

 

Hablar feminista en la intimidad

Con España no van a acabar ni los independentistas ni los que llevan los calzoncillos con la bandera roja y amarilla. Con España va a acabar la falta de niños.

En España muere más gente que nace. Y eso es el fin de un país. La quiebra demográfica vacía los pueblos, cierra escuelas y ambulatorios, rompe el equilibrio presupuestario, abandona los campos, no renueva las miradas, vacía universidades, deja de inyectar novedad en el trabajo, en el cine, en la literatura, en la tecnología. Convierte a los países en reliquias y las reliquias terminan llenas de polvo.

El Congreso ha aprobado una proposición de ley sobre permisos de paternidad masculinos y femeninos intransferibles de 16 semanas para cada conyuge. Está lejos de otros países, pero es un avance. Y que lo hayan votado el PP y Ciudadanos es una señal de la fuerza de la “revolución feminista”. Es evidente que deben ser intransferibles porque es la única manera de que sean los hombres también los que se encarguen de la crianza, y no solamente las mujeres. Porque argumentos para que sigan haciéndolo las mujeres, habrá mil (y no será el menor el de que los hombres ganan más y es preferible que sean ellas quienes pierdan el trabajo). Quien no lo entienda como una cuestión de igualdad y, por tanto, de dignidad, que lo entienda al menos como la única forma de que la natalidad crezca.

Hoy también se presenta una propuesta a favor de la eutanasia, de Tanatos, muerte, y eu prefijo que significa bueno. La buena muerte. La que escojamos nosotros. Hubo un tiempo en donde Dios dictaba a sus albaceas en la tierra quién debía morir y cuándo. Cuando le vino bien, pactó con el Estado, a quien le prestó el derecho de matar y dictó que nos prohibiera disponer de nuestra propia vida. Le hemos pedido a Dios y al Estado que nos devuelvan el derecho que tenemos a decidir cuál es ese momento en donde vivir puede ya no merecer la pena.

La revolución de las mujeres está cambiando el orden tradicional de las cosas. Los mismos que impedían que nacieran niños porque odian a las mujeres eran los que impedían la eutanasia porque odian la vida buena. Pero hay una fuerza, en nombre de la vida, que está logrando hasta que en el PP y en Ciudadanos se hable feminismo en la intimidad. Un logro mágico.

JUAN CARLOS MONEDERO

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