Las tenebrosas consecuencias que no te cuentan de vivir y morir en Marte

Investigadores alertan sobre los riesgos de fundar una colonia permanente en este planeta. Tener hijos y vivir en comunidades supondría unos riesgos biológicos y morales muy importantes

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Muchos han propuesto hacer las maletas para ir a Marte o a la Luna para evitar el apocalíptico futuro que parece esperarle a nuestro planeta. Mentes preclaras, como las del mismísimo Stephen Hawking, creían que la supervivencia a largo plazo de la humanidad pasaba por el espacio. Las naves y colonias espaciales eran para él un «seguro de vida» ante el riesgo de que caiga un gran asteroide en la Tierra o que el ser humano no pueda resolver importantes problemas, como el crecimiento demográfico descontrolado, la contaminación o el agotamiento de los recursos naturales. En esta línea, el magnate Jeff Bezos ha propuesto recientemente llevar la industria a la Luna, a pesar de que en la actualidad el coste de enviar un mero kilogramo allí y traerlo de vuelta tiene un coste astronómico.

Puede que la tecnología sufra una revolución increíble en las próximas décadas o siglos y que estos sueños se hagan realidad. Pero todavía así cabe una pregunta: ¿realmente querríamos vivir en Marte o en la Luna, en vez de en nuestro planeta azul? ¿Qué retos éticos y biológicos habría que afrontar? ¿Habría libertad y democracia en estas colonias espaciales? Un artículo recientemente publicado en la revista «Futures» se ha planteado estas cuestiones. Los autores, biólogos y filósofos de las Universidades de Rzeszow (Polonia) y Florida (EE.UU), y del Laboratorio Nacional de Biociencias (Brasil), concluyen que Marte pondrá a prueba la moral, la cultura y la propia naturaleza de la especie humana. Destacan, además, que allí será extremadamente difícil lograr algo fundamental tanto para el ser humano como para la colonización: la fundación de una familia.

«La reproducción en Marte sería necesaria para la superviviencia de la colonia y la expansión subsiguiente», escriben los autores del estudio en el artículo. En un principio, subrayan, sería clave que hubiera migración desde la Tierra, pero llegado un punto sería necesario que esto solo fuera una fuente complementaria. «Por desgracia, esta tarea plantea unos retos titánicos», prevén.

Las consecuencias de vivir en hipogravedad

Los más inmediatos son los biológicos. «Durante el viaje, los astronautas pueden padecer cinetosis, dolores de cabeza y de cuerpo, problemas genitourinarios (…) pérdida muscular y ósea, inmunosupresión, e incluso ceguera temporal», escriben los autores. La microgravedad, además, altera el sistema nervioso, la audición, la visión, y provoca cambios en el sistema cardiovascular. ¿Cómo podría lidiar con todo esto una mujer embarazada? ¿Afectaría un viaje de meses a una mujer que quisiera quedarse embarazada en Marte, tiempo después?

El astronauta Scott Kelly, durante su misión en la Estación Espacial Internacional, en 2015. Desde su salida de la Tierra, los colonos marcianos no volverían a disfrutar de la gravedad terrestre
El astronauta Scott Kelly, durante su misión en la Estación Espacial Internacional, en 2015.Desde su salida de la Tierra, los colonos marcianos no volverían a disfrutar de la gravedad terrestre – NASA

Sobre todo porque, «(vivir en) una colonia marciana no facilitará la recuperación del astronauta a un estado de salud óptimo (…). La gravedad de Marte es 0,38 veces la terrestre, lo que indica que los astronautas permanecerán en hipogravedad durante toda su misión, o durante toda su vida». Por tanto, prosiguen los autores: «Asumimos que la mayoría de los astronautas jamás se recuperarán a un estado de salud similar al anterior al viaje, y que tendrán que adaptarse a nuevos parámetros de salud y bienestar». Es decir, a vivir con serias limitaciones físicas.

Embarazo en un entorno radiactivo

Todo esto sin contar con factores aún más peligrosos, como la necesidad de suministrar oxígeno de forma artificial o la posible exposición crónica a elevadas dosis de radiación, debido a la falta de escudo magnético en Marte. Otros investigadores han averiguado que solo un viaje de seis meses hasta Marte haría que los astronautas recibieran dosis de radiación de 300 milisieverts, 15 veces más que el límite de radiación anual permitido para trabajadores de centrales nucleares.

Los autores del estudio subrayan que no se conoce todavía cómo estos factores afectarían al embarazo. Por este motivo insisten en la necesidad de hacer más investigaciones en el espacio, por ejemplo en la Estación Espacial Internacional, para analizar los efectos de estas adversidades sobre los embriones y las madres.

También destacan que la edad de las madres marcianas puede convertirse en un problema, dado que las astronautas femeninas suelen comenzar ese trabajo con 32 años. Por eso, sugieren explorar lacriopreservación de gametos y embriones para facilitar la reproducción en el espacio de personas más mayores. Esto sería especialmente importante, porque recuerdan que la escasa gravedad también podría afectar a la producción de gametos y a la fertilidad.

Teniendo en cuenta estas dificultades y la complejidad y el peligro de vivir en una planeta extraño, los investigadores creen que «el proceso de tener niños puede ser apabullante», por lo que creen que para las familias será indispensable contar con apoyo de psicólogos, además de una sólida red de cuidados médicos.

¿Valores humanos en Marte?

Aparte de poner a prueba la biología, los investigadores creen que Marte pondrá a prueba las leyes y los principios morales terrestres. Allí, la dureza de las condiciones, el hecho de vivir en pequeñas colonias con un número limitado de compañeros y de hacerlo muy lejos de la Tierra, podrían cambiar los valores humanos. Creen que esto podría afectar a uno de los principios más fundamentales de la civilización occidental: el valor de la vida. ¿Podría ser que el interés de la comunidad prevaleciera sobre el del individuo?

Marte es un medio extremadamente hostil en el que los humanos podrían vivir dentro de colonias. Los investigadores prevén que esto transformará la moral y la ética humanas
Marte es un medio extremadamente hostil en el que los humanos podrían vivir dentro de colonias. Los investigadores prevén que esto transformará la moral y la ética humanas – Twentieth Century Fox

«Un ambiente hostil y con una población pequeña podría resultar en la elevación del valor del grupo sobre el valor del individuo», escriben los autores. Esto, según sostienen, podría modificar la mentalidad en lo relacionado con el aborto, la eutanasia de personas con enfermedades terminales o incluso en el sacrificio de personas por el bien de toda la comunidad. Por ejemplo, adelantan que la política de aborto en el espacio será más liberal que en la Tierra porque, por ejemplo, «el nacimiento de niños discapacitados sería muy perjudicial para la colonia».

También predicen que la libertad sexual se verá restringida. «Sospechamos que la práctica de asesoramiento genético, la selección cuidadosa de pareja o la restricción de derechos reproductivospodrían ser una estrategia necesaria para evitar la aparición de rasgos incompatibles con la vida en Marte durante las próximas generaciones». Esto, que indican que no debe confundirse con la eugenesia (la mejora de la calidad genética de la especie por medio de la reproducción selectiva), debe tener en cuenta sobre todo el valor del mestizaje y la importancia de impedir la consanguineidad.

¿Podría llegar este tipo de mentalidad a coartar la libertad de los individuos e instaurar un regimen antidemocrático? Los investigadores no contestan a esta pregunta, y reconocen que no se puede predecir qué podría ocurrir, puesto que no hay precedentes.

Una filosofía y una religión marcianas

Sí que prevén que los valores morales marcianos evolucionarán de forma distinta a los terrestres. Por eso, adelantan, una educación marciana será fundamental: Señalan que una estrategia podría ser «crear una «religión» marciana que dé sentido al hecho de vivir en Marte, promover la integración y la aceptación de la ciencia y la tecnología, potenciar el comportamiento altruista y conciliar los conceptos culturales y morales de astronautas de distintos orígenes». Las posibles desviaciones éticas de estos principios resultan espeluznantes.

Este futuro marciano, más bien distópico, no parece inmediato. La tecnología necesaria no ha sido desarrollada todavía y falta mucho para que se puedan hacer viajes numerosos, seguros y viables económicamente. Esto es importante, porque varios estudios han explicado que el tamaño mínimo de una colonia permanente está en los 500 individuos, para evitar los problemas de la consanguineidad. Otros tienen en cuenta la aparición de catástrofes o enfermedades, y sitúan esta cifra en un mínimo de 5.000 individuos. Dada la dureza del desierto radiactivo y frío que es Marte, este tamaño mínimo podría ser incluso mayor.

«Es muy improbable que una colonia humana en Marte llegue a ese número en las décadas siguientes a las primeras misiones (previstas como pronto para la década de los treinta)», escriben.

Si se pudiera colonizar Marte, los autores discuten que podría llegar un punto en que apareciera una nueva humanidad o incluso una nueva especie. Esto sería una prueba de la capacidad del hombre de dejar la Tierra y explorar el Universo. Pero las dificultades son enormes. Parece que uno de los retos será que al abandonar la Tierra el humano no deje de identificarse en un espejo.

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