Los relámpagos no son como los pintan

Los relámpagos no son como los pintan

Relámpago sobre nubes negras el 11 de junio en Mallorca, España CreditCati Cladera/Epa-Efe/Rex/Shutterstock

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A continuación, mostramos algunas pinturas hechas por artistas de distintas épocas que incluyen relámpagos. ¿Cuál crees que se apega más a la realidad?

Los relámpagos no son como los pintan

“El gran día de su ira”, de John Martin, hacia 1851 CreditVía Wikimedia Commons
Los relámpagos no son como los pintan

“Caballo asustado por un relámpago”, de Eugène Delacroix, hacia 1825 CreditMuseo de Bellas Artes de Budapest
Los relámpagos no son como los pintan

“El naufragio”, de Claude-Joseph Vernet, 1772 CreditPatron’s Permanent Fund y Chester Dale Fund, Galería Nacional de Arte

Abajo mostramos una fotografía que se acerca más al aspecto real de un relámpago.

Los relámpagos no son como los pintan

Algermissen, Alemania CreditJulian Stratenschulte/DPA, vía Agence France-Presse — Getty Images

Vale la pena notar la diferencia entre las representaciones imaginadas y las reales: no hay suficientes vetas de electricidad en las pinturas.

Este es un patrón constante, según un estudio publicado el 6 de junio en Proceedings of the Royal Society. Investigadores húngaros encontraron que los artistas tienden a pintar los relámpagos con menos vetas de las que en realidad tienen las ráfagas de electricidad.

Su investigación apunta hacia la manera en que los legados culturales pueden distorsionar nuestras percepciones de los fenómenos naturales, incluso de aquellos que podemos apreciar con nuestros propios ojos.

Por medio de un programa de computadora, Gábor Horváth, director del laboratorio de óptica ambiental de la Universidad Eötvös Loránd en Budapest, y sus colegas examinaron cien pinturas y cuatrocientas fotografías de relámpagos. Encontraron que las fotos y las pinturas se diferenciaban principalmente por la cantidad de vetas parecidas a raíces, lo cual ocurre cuando las partículas cargadas intentan abrirse un camino de menos resistencia a través del aire.

Mientras los relámpagos pintados tenían un máximo de once ramas, las fotografías mostraron que los rayos se quebraban hasta en cincuenta y una partes. Las cifras precisas podrían ser incluso mayores, señalaron los autores, porque algunos destellos podrían ser demasiado tenues para que los registren las cámaras.

Los relámpagos no son como los pintan

CreditGábor Horváth y otros

En un experimento de seguimiento, los investigadores pidieron a diez personas que evaluaran rápidamente y por separado 1800 fotos. Encontraron que los participantes podían contar hasta once ramas de relámpago. Mientras más vetas había, la gente subestimaba cada vez más su cantidad, con una brecha que creció de manera exponencial entre las cifras reales y las percibidas.

El hallazgo coincide con la forma en que se sabe que los humanos evalúan los números, mencionaron los autores. Debajo de cinco, somos capaces de “subitizar”, o juzgar a gran velocidad el número de objetos sin contarlos. Contamos entre seis y diez. Si son más de diez, calculamos, con una precisión decreciente. Esto podría explicar por qué son raras las ocasiones en que los artistas representan los relámpagos con más de once ramas, comentó Horváth.

Las imágenes simplificadas en forma de zigzag que tenemos de los rayos también se enraizan culturalmente (por ejemplo, el emoji de relámpago o el símbolo común de la electricidad). Estas imágenes se originaron en las representaciones que realizaron los antiguos griegos y romanos de los rayos de Júpiter y Zeus, afirmó Horváth.

El nuevo artículo es parte de una larga historia en la que los científicos han trazado una barrera entre las representaciones artísticas y las fotográficas de los relámpagos, y de una historia mucho más amplia de científicos y artistas que compiten en sus campos, señaló Jennifer Tucker, profesora de Historia de la Universidad Wesleyan, quien no estuvo involucrada en el estudio.

A mediados del siglo XIX, la meteorología era una disciplina nueva y los que la practicaban enfrentaban problemas para alejar a la gente de su comprensión supersticiosa y folclórica sobre el clima.

“Querían remplazar las ‘falacias climáticas’, como las llamaban de forma despectiva, con las ‘verdades climáticas’ o ‘hechos’”, mencionó Tucker. Entre ese tipo de mitos se encontraba la idea de que los rayos eran objetos materiales que caían del cielo.

Por la misma época, se tomaron las primeras fotografías de los relámpagos. Una de las primeras personas que logró captar ese fenómeno fue un fotógrafo de Filadelfia llamado William Nicholson Jennings, quien de manera explícita se dispuso a demostrar la inexactitud del zigzag convencional de los rayos.

Los meteorólogos aceptaron este nuevo medio como una manera más objetiva para estudiar el cielo. Presentaron fotos de relámpagos en las reuniones científicas y compartieron métodos estandarizados para fotografiar estos acontecimientos. Al mismo tiempo, culparon a los paisajistas por “divulgar falsos rumores” sobre los fenómenos climáticos, comentó Tucker.

Aunque Horváth cree que es valioso desacreditar “los errores científicos de las obras artísticas famosas”, no todos creen que el arte siempre deba tener una precisión científica.

Lorraine Daston, directora del Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia en Berlín, señaló que la precisión científica y los objetivos artísticos de “lo que debería hacer una pintura” no son fijos.

Ambos “mutan de forma constante a través del tiempo”, concluyó Daston.

https://www.nytimes.com/es

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