Describir con palabras la esencia de la música —tal vez, el lenguaje más sublime de todos— es una tarea imposible por definición. Quizá su fuerza radica precisamente en esto, en que su mensaje sólo tiene un idioma y éste no es de ninguna manera traducible o trasladable a otro, ni siquiera a través de las palabras más cuidadosas o sofisticadas; se trata de un sistema de comunicación que apela directamente a nuestra más profunda interioridad, aquella a la que las palabras no alcanzan a tocar por completo.

Es por esto que la siguiente entrevista, hecha por Björk al músico estonio Arvo Pärtes tan deslumbrante; en ella, los dos portentosos compositores son capaces de explicar algunas características de la música de Pärt a través de palabras precisas, metáforas, gestos y sonrisas que declaran, al menos parcialmente, el verdadero poder de la música de este artista iluminado.

Björk narra, a manera introducción, la trayectoria de Pärt, que empezó escribiendo música dodecafónica, para luego dejar de hablar casi por completo durante casi una década. Cuando el estonio retomó su contacto con el mundo exterior, su estilo musical renació con una pureza que, más allá de privilegiar la estructura o complejidades de música convencional, daba espacio a cada una de las notas en su profundidad y exuberancia, algo que de acuerdo a la entrevistadora podría entenderse como una clase de minimalismo.

La islandesa comienza diciendo a Pärt que lo que más ama de su música es la posibilidad que ésta ofrece a quien la escucha de vivir dentro de ella, a diferencia de la mayor parte de la música compuesta en las últimas décadas que exige sólo sentarse y escuchar. En este sentido y de acuerdo a Björk, la música del compositor crea escenarios o paisajes que pueden disfrutarse sin ninguna clase de distancia. Él explica que esto sucede, probablemente, porque habitar la música es una necesidad básica para él, incluso cuando se trata de su trabajo. Para Arvo Pärt, el sonido es, finalmente, un fenómeno tan poderoso, tan fuertemente influyente que tiene, incluso, el poder de matar; por esta misma razón, la música es capaz de hacer lo opuesto, de dar vida (y todas la posibilidades que existen entre estos dos puntos).

Björk explica que dentro de la música da Arvo Pärt ella encuentra una pregunta y una respuesta, dos voces que sostienen un diálogo constante. La islandesa, con su característica alegría y encantadora ingenuidad, compara este diálogo con la relación que existe entre el personaje de Pinocho y su pequeño grillo consejero. El muñeco de madera representa lo humano, lo equívoco y lo torpe, la parte del hombre que es capaz de lastimar a otros, mientras que el grillo es esa voz que lo conforta y que le muestra un mejor camino. Siendo un hombre profundamente espiritual, Pärt explica que, en su música, él encuentra dos líneas claras: una que simboliza sus pecados y otra que expone el perdón a éstos, una voz es más complicada y subjetiva y la otra es simple, clara y objetiva.

Entre Björk y Pärt, en esta breve e iluminada entrevista, logran algo extraño y maravilloso: vislumbrar el poder espiritual de la música como una de las más grandes expresiones de la sacralidad que habita en lo humano.

Imagen: Rene Jakobson – flickr

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