Caída libre

Seguramente, la gran mayoría de la gente que había experimentado la caída libre no pudo vivir para contarlo

Nicole Oresme, en el siglo XIV, descubrió la forma en que caen las cosas por el influjo de la gravedad.
Nicole Oresme, en el siglo XIV, descubrió la forma en que caen las cosas por el influjo de la gravedad.GETTY IMAGES 

Todo genio crea sus precedentes, dijo Borges en alguna parte, y Galileo le dio la razón creando a Nicole Oresme, el erudito francés del siglo XIV que descubrió la forma en que caen las cosas por el influjo de la gravedad. No caen a velocidad constante, como un coche que avanza tranquilo por la carretera, sino con una velocidad que aumenta de forma constante, como un coche en el carril de aceleración para entrar en la autovía. Su velocidad crece en proporción al tiempo, y la distancia que recorre crece con el cuadrado del tiempo. Pero Oresme solo es conocido porque, dos siglos después, Galileo no solo redescubrió esa simple ley matemática, sino que demostró que así es exactamente como caen las cosas. Todas las cosas: una piedra de un kilo y otra de una tonelada. También caería así una pluma de no ser por la resistencia del aire, como demostró en la Luna el astronauta David Scott, del Apolo 15, cuatro siglos después.

La teoría gravitatoria de Einstein, la relatividad general, se fundamenta por entero en la percepción repentina que le iluminó en la oficina de patentes de Berna: que una persona en caída libre no sentirá su propio peso, y que estar acelerando en un coche o en un ascensor es indistinguible de estar quieto y sometido a un campo gravitatorio, como el de la Tierra. Es una teoría de espíritu galileano, porque Galileo usó un argumento similar para mostrar que los humanos no tenemos por qué sentir que nuestro planeta está girando a toda pastilla alrededor del Sol. En la época, ésa era la principal crítica a la teoría copernicana.

Anne Archibald y sus colegas del instituto holandés de radioastronomía demuestran hoy en Nature que las percepciones de Galileo y Einstein son exactas con un montón de decimales de aval. La moraleja queda para el lector.

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