África y el mundial

La selección francesa es un bonito ideal de integración, pero no un reflejo de la Francia presente

Mbappé celebra su gol con sus compañeros en la final del Mundial.
Mbappé celebra su gol con sus compañeros en la final del Mundial. SHAUN BOTTERILL GETTY IMAGES

 

Para los racistas, África ganó el Mundial. La ultraderecha francesa ha menospreciado la victoria de su selección porque 19 de los 23 jugadores eran inmigrantes o hijos de inmigrantes. Y, fuera de Francia, han llovido las provocaciones. “Ganó África realmente” (Nicolás Maduro), o “nos enfrentamos a la República de Francia y al continente africano” (el exseleccionador croata Igor Stimac).

Frente a estos comentarios, la internacional biempensante ha cerrado filas. “No todos los jugadores parecen galos. Pero son franceses”, sentenció Obama. Y el embajador francés en EE UU envió una carta al presentador afroamericano Trevor Noah que había ironizado que “África ganó el Mundial”. El embajador le recordó que la victoria es un reflejo de la diversidad francesa —aunque, como Noah respondió, quizás es más bien reflejo del colonialismo francés—. El diplomático señaló que, al contrario de EE UU, Francia no se refiere a sus ciudadanos por su raza, religión u origen.

El pasaporte francés disuelve todo rasgo individual. Pero es una ficción. Los musulmanes en Francia sufren una discriminación peor que los afroamericanos en EE UU. Un francés musulmán tiene cuatro veces menos posibilidades de conseguir una entrevista de trabajo que uno católico.

Macron concedió la nacionalidad francesa a Mamoudou Gassama, el Spiderman sin papeles que salvó a un niño trepando por la fachada de un edificio. Un bello gesto, pero que refleja el fetichismo al pasaporte. Abajo en la calle, Gassama era un inmigrante ilegal de Malí. Arriba en el balcón, francés. Y, como comentó Noah, si hubiera dejado caer al niño, Gassama hubiera vuelto a ser africano.

El Mundial lo ganó la Francia mestiza. La selección es un bonito ideal de integración, pero no un reflejo de la Francia presente. Por eso, los muchos Gassamas que, fuera y dentro del hexágono, aspiran a integrarse y tener una vida digna en Francia (u otros países), celebraron los goles de Mbappé. No porque llevaba un gallo en el escudo, sino porque encarnaba los sueños de superación de millones de africanos.

Una parte de la Copa del Mundo les pertenece. África también ganó el Mundial. 

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