El secreto que convierte a las palomas mensajeras en un arma de guerra

Unos pequeños cristales de magnetita les permiten orientarse, lo que les ha dado un papel destacado en tiempo de conflicto

El secreto que convierte a las palomas mensajeras en un arma de guerra

Seguramente los lectores más incondicionales de los cómics españoles recordaran que don Pantuflo Zapatilla –el padre de los gemelos Zipi y Zape-, además de detestar el fútbol, es catedrático de Numismática y Colombofilia. Una extraña combinación académica que tan sólo se le podía ocurrir a José Escobar Saliente (1908-1994).

La colombofilia se puede definir como el arte de criar y entrenar palomas mensajeras con fines deportivos. Una práctica que se fundamenta en la capacidad innata que tienen estas aves para regresar al palomar cuando se las deja en libertad.

El secreto de la magnetita

Las palomas, al igual que otros animales, como la trucha arco iris, son capaces de detectar el campo magnético terrestre y utilizar esa información para orientarse en sus desplazamientos.

Una de las hipótesis que pretenden explicar este fenómeno se basa en que la información es captada por receptores que contienen magnetita -un mineral formado por óxido de hierro y de color negruzco- capaces de transformarla en impulsos nerviosos.

Hace más de una década un equipo de investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos) postulaba que la magnetita se localizaba en las dendritas de las neuronas.

Sin embargo, en el año 2012 esta hipótesis fue refutada y se formuló una teoría más firme en la que se señalaba a las células inmunitarias –concretamente a los macrófagos- como las responsables de que las palomas encuentren el camino de regreso a su casa.

Fuera del servicio militar

Fue precisamente este GPS biológico el que hizo de estos animales un aliado incondicional en algunas unidades militares como, por ejemplo, la paloma 46415, que actualmente se encuentra disecada en el Museo del Ejército.

Este ave fue laureado durante la dictadura franquista por salvar la vida de doscientos guardias civiles en el Santuario de la Virgen de la Cabeza (Jaén). Al parecer el ave fue capaz de entregar el mensaje que portaba en la sede del Gobierno Militar de Córdoba.

Sin embargo, en el año 2010 las palomas mensajeras fueron «desmilitarizadas» tras la publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOA) del Real Decreto por el que dejaban de tener interés para la Defensa Nacional.

El problema de los excrementos

La imagen romántica y de admiración que envolvía a las palomas mensajeras poco a poco ha ido dando paso a una cierta ojeriza hacia las palomas por parte de la ciudadanía, ya que desde hace algunas décadas suponen un verdadero problema para los grandes monumentos de las ciudades.

Por una parte, están sus corrosivos excrementos, la llamada palomina. Antaño se empleaba como abono natural, debido a que en su concentración hay una elevada cantidad de ácido úrico y fosfórico.

Sin embargo, la palomina tiene su parte negativa, ya que favorece el deterioro de la arquitectura de las grandes urbes. Cuando el ácido úrico entra en contacto con el agua reacciona disolviendo la piedra caliza, un elemento tradicional de la arquitectura de nuestro país. Por si esto no fuera suficiente, la acidificación conlleva la aparición de microbios nocivos para la piedra.

Estas aves, además, son transmisoras de más de cuarenta patógenos diferentes para los humanos, entre los cuales se encuentran la Clamydia o la Salmonella, los cuales pueden producir neumonía y gastroenteritis, respectivamente.

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