Sachio Yoshioka utiliza un kilo y medio de pétalos de flores de alazor para teñir de rojo una sola hoja de papel. Una vez coloreados, estos lienzos se utilizan para hacer las flores de papel que adornarán los arbustos de camelia del Templo Todaiji durante la celebración anual de la primavera dedicada a la diosa de la misericordia de once caras. Este rito de fuego se ha celebrado cada año, ininterrumpidamente, durante 1260 años. 

Somenotsukasa Yoshioka es el nombre del taller de Sachio, que se encuentra cerca de Kioto, en Japón. Este artista del color es la quinta generación en su familia a cargo de este establecimiento. Desde 1988, cuando él tomó el mando del negocio familiar, dejó de utilizar pigmentos sintéticos para fabricarlos sólo utilizando métodos tradicionales antiguos y materiales naturales como flores, raíces, frutas y plantas en un admirable esfuerzo por preservar las más antiguas técnicas de producción de pigmentos japoneses, y también por conservar los colores y tonos que sólo pueden alcanzarse mediante procesos que hoy han sido casi olvidados (y que fueron desarrollados durante los periodos Nara y Heian, es decir, entre los años 710 y 1185).

Yoshioka estudió filosofía y ha publicado varios libros sobre la historia del color y las artes textiles. Además, dedica una buena parte de su tiempo a hacer investigaciones históricas sobre pigmentos antiguos y sus métodos de producción. Pero su tarea no consiste solamente en conservar las tradiciones y los colores del pasado japonés, el suyo es un esfuerzo dedicado a la belleza: “Los colores que puedes obtener de las plantas son tan hermosos. Esa es la única razón por la que hago lo que hago.”

Los procesos descritos en el siguiente documental —hecho por el Victoria and Albert Museum de Londres— nos muestran el minucioso trabajo en el taller de Yoshioka, uno que implica tiempo, trabajo físico y una gran cantidad de fe para conseguir los colores que durante milenios han encendido el imaginario y el arte japonés…

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