La estadística que revisa el «tiki taka»

Un método alemán deja de medir la posesión como un valor supremo. Las selecciones que la lideran, como España, han fracasado

Andres Iniesta, en el partido del Mundial de Rusia frente a Portugal

El mundial de Rusia ha supuesto una revalorización del juego de contragolpe. Las mejores actuaciones individuales y colectivas fueron a la contra. México destrozó de esa forma a Alemania y Bélgica hizo lo mismo con Brasil. La jugada del campeonato la hizo Mbappé cogiendo a Argentina a contrapié.

El contraataque no solo ha sido disfrutable, sino exitoso. Los grandes equipos que basaban su estilo en la posesión de la pelota han fracasado. Los cuatro con más del 60% de posesión no pasaron de octavos. El caso más notorio fue el de España, la selección que junto a Alemania debía defender esa forma de juego.

Con la estadística tradicional, España lo hizo bien. Lideró la posesión con un 74’6% de media. Le acompañaban Alemania y Argentina, también eliminadas. España fue la primera en pases completados, más de 3.000, 1.114 solo contra Rusia, con un 90% de acierto. Sus jugadores encabezaron los datos de «pases buenos». Ramos, Isco o Piqué fueron los jugadores del Mundial con más pases «exitosos». Mascherano estuvo muy arriba en esa estadística.

España se olvidó del rival

Si España fuera un enfermo y mirásemos los indicadores habituales, pensaríamos que su salud no solo no era mala sino estupenda porque esas estadísticas han sido los criterios recientes para medir la calidad del juego: el porcentaje de posesión y el porcentaje de pases buenos. Pero esas estadísticas se han ido quedando sin significado durante el Mundial de Rusia. España contribuyó a vaciarlas de sentido. No han servido para anticipar lo que iba a ocurrir, sino lo contrario. La posesión ha sido casi un contravalor: el equipo que acumulaba «la tenencia», como dicen en Argentina, tenía más probabilidades de ser derrotado. No había correlación posible entre la posesión y la victoria. Francia ganó a Argentina con un 39% de balón. México ganó a Alemania sin la pelota y perdió con Brasil con el 53%.

Como explicó «inews», en el mundial de Rusia ha destacado otra estadística como explicación alternativa del juego. Su nombre es «packing», «empaquetado», y la idea tiene origen alemán. Mide la cantidad de oponentes superados por un pase. Al ser superados, quedan «empaquetados». El «packing» no cuenta el pase, sino la efectividad del pase.

Fue una idea de Jens Hegeler y Stefan Reinartz, un centrocampista que al retirarse quiso diseñar un indicador que reflejara con más realismo su experiencia del juego. ¿Qué añade de valor un pase entre centrales? ¿Vale lo mismo un pase en horizontal que uno que supere una línea defensiva? Diseñaron esta medida del «packing» y crearon la compañía Impect, con sede en Colonia, para su desarrollo. En Alemania ya la utilizan algunos clubes y televisiones.

El «packing» no solo cuenta el pase, sino que le da un valor en función de los rivales que supera. Un pase entre Ramos y Piqué tendría un valor de cero; si el pase supera a dos rivales gana un +2. Esto da valor solo a las acciones que incorporan avance en el juego.

El indicador se refina porque asigna un valor distinto en función de si los rivales superados son defensas o medios. El pase que elude defensas multiplica su puntuación; el que no supera a nadie no suma. O dicho de otra forma, añaden a la contabilidad del pase y la posesión la variable fundamental y olvidada: el rival.

Bélgica, la mejor

Con esta herramienta observan un partido de fútbol como un conjunto de jugadas y acciones que suman puntos (rivales superados) o lo restan (jugadores superados por el rival) siendo el saldo neto resumen del partido. Y lo que este Mundial ha demostrado es que su medición de los primeros partidos anticipó qué equipos llegarían al final. Los que tuvieron un saldo neto superior en «packing» durante la fase de grupos fueron Bélgica, Rusia, Suecia, Brasil, Inglaterra, Francia y Croacia. Alemania estaba al final de la clasificación junto a Marruecos o Costa Rica. Bélgica lideró cada jornada.

De alguna forma, este método intenta medir la «verticalidad» del juego. En España gran parte de los pases han sido horizontales, combinaciones entre compañeros a la misma altura. En Francia e Inglaterra se observa una disposición escalonada. Reinartz y Hegeler querían explicar partidos como el 1-7 de Brasil en Alemania o la victoria del Atlético sobre el Bayern en Champions League cuando los de Simeone ganaron con menos del 30% de posesión.

Intuían por su conocimiento del fútbol que los datos que se manejaban habitualmente apenas explicaban la clave del juego. Este Mundial del contragolpe y de la rapidez, de las jugadas de Hirving Lozano contra Alemania o Lukaku y Hazard contra Brasil, ha superado los indicadores acostumbrados hasta dejarlos sin sentido. Esto no acaba con el fútbol de posesión, sino que obliga a mejorar su medición. No es tener la pelota, sino tenerla para algo, tenerla bien o con valor. Si recordamos, los pases de Xavi en la España campeona atravesaban líneas, pero España ha acumulado la posesión en los últimos años reduciendo los tiros a puerta. Sus pases han perdido riesgo y riqueza. No superan oponentes, sino que los evitan.

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