POE+ de ALEJANDRO VON-DÜBEN

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(Una habitación oscura)

Morirás, dijo ella, en una habitación oscura

de un departamento en renta, solo, triste

como perro apaleado, rabiosamente solo,

con el cuerpo torturado por el frío y la rutina,

con las manos llenas de cenizas de cigarro

y de dolor por caricias nunca concedidas,

tras muchos años de haber estado viviendo

como un moribundo o acaso muriendo

como si la vida, después de todo,

nunca se te hubiese dado.

*

(Una cama destendida)

En el principio era la carne / y la carne era un cuerpo de mujer

encarnado a mi cuerpo / sobre una cama gradualmente destendida

sobre sábanas moviéndose arriba y abajo / como un Sísifo de las olas

mientras nos arrastrábamos a marea alta

y nos hundíamos hasta hacernos uno

mar derramado en la nada / ausencia que duraba un suspiro

porque llegaba una muerte pequeña / partiendo nuestro cuerpo en dos

carne desencarnada y al olvido / olor a carne quemada

y momento de prender la luz y el cigarro

y llenarse de aire soledad vacío

y entonces lo siento cariño

lo nuestro ha terminado

en el principio sólo era la carne / la edad la primavera que arde

el sexo opuesto el sexo inhiesto / el sexo sex geschlecht

en muchas lenguas ocasiones posiciones /con distintos cuerpos nombres

Lulú Ana Liliana / mujeres de agua salada de dulce remanso de curvas de río

con peces en las bocas en las entrañas / con la piel líquida

Beatriz Penélope Helena Serena / húmedas como el verano

anunciándose como lluvia / deslizándose hondamente

en la cama destendida los cuerpos tendidos las piernas abiertas

consumándonos como ángeles tentados por el infierno / detrás de cualquier caricia

consumiéndonos el fuego azotándose / contra la piel la cara la mirada caliente

implacables ojos de sol quemándome / quemándome

hasta los huesos la ceniza y el olvido

en el principio era la carne / y en la carne estaba la muerte

y la muerte era cada mujer fulminándome

hasta la llegada de Marcela / el recuerdo de la vida que me dio Marcela

en la habitación en la cama en silencio / mujer que era una y muchas

carne hecha verbo y costilla de nadie / mujer llena de gracia

cuando me tocaba con las manos tibias como declaraciones de amor

cuando me besaba con su boca evocando besos / que caían a bocajarro

en cada uno de mis poros respirándola / como respira la lluvia la vida vegetal

hasta dejar mi cuerpo húmedo en su cuerpo

hasta dejar la cama la habitación el día en vilo de la eternidad

hasta dejarme entre el alma y la sangre

hasta dejarme

ahora es la noche tendida en la cama destendida y sola

donde mi cuerpo como una sombra de carne y hueso

se hunde en ella como lo haría en boca o en sexo femenino

se hunde en ella como lo haría en cualquier 

                                                                          abismo.

*

(Una lámpara apagada)

el único retrato tuyo que tengo ahora es esta oscuridad

José Carlos Becerra

Mamá era un conjunto de cuatro letras, una palabra como amor

esbozándose cada que nos miraba con sus ojitos de luciérnaga

abriendo de tajo la luz, abrazándonos contra la noche,

abrasándonos contra el frío con su mirada de donde brotaban

mundos de ternura, sueños frágiles como mariposas

que pronto caían y eran aplastadas por nuestros pasos mal encaminados.

Hijos, no tenemos mucho pero nos tenemos,

nos decía después de un divorcio, arrancándose el grito con la sonrisa,

queriendo calmar la furia de los días que la arrastraban sola

porque nosotros no conocíamos la soledad,

no sabíamos en qué consistía esto de ir muriendo,

porque nosotros únicamente le jalábamos las barbas al tiempo

y nuestro oficio era la infancia, mientras mamá sentía la pobreza como el infierno

donde metía las manos para calentarnos con la más pura de las llamas

hasta que una esperanza apareciera con forma de hombre y padre,

hasta sentirse desgastada por tanto aire que corría sin sentido

cada mañana con sus noches encima, cada noche con sus niños encima

pidiéndonos que dulcemente la besáramos

para saber si así se podía endulzar un poco su tanta angustia.

Hoy sé que de algún modo mamá deseaba que el tiempo

como un río de pájaros nos llevara al fondo del cielo

porque no soportaba la gravedad de tenernos en tierra,

porque sentía por el destino el mismo odio de una mujer mal amada,

pero su dolor siempre lo escondió bajo la carne

y mucho fue lo que cavó en su piel

que toda soledad llenó su cuerpo de vacío

hasta que por ese abismo abierto se le fue tanto la luz como la vida.

Hoy mamá no es más que una lámpara apagada

en un rincón cercano a la noche.

*

(Un cenicero de hueso)

Si de ausencias hay que hablar

la de papá tendría menor peso y mayor edad que cualquiera

podría decir que desde niña se hacía sombra en el niño que fui alguna vez

que desde mi pecho crecía como crece un árbol desenraizándose

hasta quedar sujeta a nada

porque nada era lo que podía esperar de esa ausencia sin imagen

rostro de papá sin rostro se me hizo en la cara de hijo

dicen tan idéntico a él que no he sabido quién soy desde entonces

que no lo he querido saber desangrándome de su sangre

con shots de aguardiente quemándome la voz que habla desde él

arrancándome cada día la viva carne suya

para quedarme con no más que un cenicero de hueso

único recuerdo que de él puedo conservar

y del cual hablar no vale la pena

porque sería como buscar un héroe

en el lugar donde sólo quedan cenizas.

*

(Un ovillo rojo)

Fue en una noche muy diferente a ésta

cuando Marcela en broma lo puso entre mis manos y me dijo

te entrego mi corazón

es un ovillo rojo como el hilo que nos une

el hilito de sangre que un día hicimos brotar de nuestros dedos

después de haber jugado contra la muerte

de haber jurado una vida juntos tomándonos del meñique ensangrentado

creyendo que la felicidad existía en un solo cuerpo que fue el nuestro

en un tiempo donde en las calles escuchábamos de fondo y a cada paso

música de Django igual que en las películas de Allen

o donde cuando no caminábamos

volábamos como personajes de cuadros de Chagall o de versos de Girondo

algo que en realidad no sucedía así porque no éramos arte ni poesía

aunque ahora así lo parezca porque Marcela se hizo ausencia en lugar de cuerpo

alma desnuda que se encarnaba en mí en la cama en la carne

deshaciéndonos de amor haciéndonos

cuando se avivaba en la fiebre enamorada cada grado de nuestra piel cada llama

con las manos quemándonos en caricias

besándonos hasta sentir gotitas de fuego en las lenguas que ardían

con palabras consumidas

consumándose el silencio de quienes se aman en el acto

sin hablarlo sin pensarlo siquiera sin razonar lo que podría suceder

porque entre Marcela y el adiós había un dios de rodillas

hilos invisibles se hilaban de nuestros meñiques 

y no había distancia entre los ovillos anudados en nuestro pecho

parecía que un destino causalmente nos unía

sin saber que en realidad formábamos parte de un juego de azar

que tarde o temprano terminaría como cualquier triste poema escrito al viento

con el aliento disperso en las estaciones gastadas cada día cada vida

con dos corazones deshilachados porque uno se fue sin decir que se iba

y el otro se arrancó de raíz enraizándose en la hora de la herida que se hila ahora

 cuando de tanto extrañar sus besos tengo los labios partidos de frío

y la noche se abre entre los muslos de Marcela como una guerra sin tregua

y la luz es la oscuridad de sus ojos cerrados soñando con qué

un largo hilo de sangre derramada es al final este ovillo

después de que Marcela me regalara una muerte

que aún me permite respirar coger reír como cualquier ser vivo

pero con los pies hundidos en la tierra. 

Alejandro von-Düben nació en Guadalajara, creció en Chapala y actualmente radica en Ciudad Guzmán. Es estudiante de la carrera en Letras Hispánicas del Centro Universitario del Sur. Ha asistido a talleres de escritura creativa impartidos por escritores como Hugo Gutiérrez Vega, Juan Gelman y Guillermo Samperio. Textos suyos han sido publicados a nivel estatal y nacional en La Gaceta de la U. de G., el suplemento de cultura de La Jornada, en las revistas Papalotzi, MeretricesMonolito, entre otras. Ha conseguido diversas menciones honoríficas a nivel estatal tanto en cuento como en poesía. Fue ganador de los juegos florales de Zapotlán El Grande en el 2014, los juegos florales nacionales de Lagos de Moreno en el 2015 y del concurso de cuento “Alfredo Velasco Cisneros” también en el año 2015.

 

http://www.revistaelhumo.com

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