Qué responder cuando tu cuñado asegura que nunca llegamos a la Luna

Jaime Noguera

drqpj0gfsqah8krbjk2j

¿Llegó el hombre a la Luna? Según la historia oficial, sí. Y no solo Neil Amstrong. Hasta doce norteamericanos pisaron nuestro satélite entre 1969 y 1972. Sin embargo, cuarenta y cuatro años después del último paseo por la luna, muchos siguen pensando que todo se trató de una maquiavélica operación de marketingdel Tío Sam y que lo que pisaron eran un estudio de Hollywood, Michigan o Kentucky.

Iker Casillas, de profesión guardameta e influencer a su pesar, acaba de dejarnos ojipláticos con la encuesta lanzada a sus 8,4 millones de seguidores en Twitter: ¿nos la colaron con la historia del hombre en la Luna? Lo que es peor, casi la mitad de los votantes, parecen estar de acuerdo con el otrora “galáctico” (jarl).

Otra prueba de que el mito goza de buena salud, es una noticia que recogía el año pasado la web rusa RBTH: un crowfunding  consiguió recaudar la nada despreciable cifra de 22.000 dólares en el país eslavo para construir y  lanzar una sonda hacia nuestro satélite con la misión de fotografiar los lugares de alunizaje de los módulos estadounidenses. ¿Para qué? Según la web rusa “La mayoría de los rusos sigue sin creer que los astronautas americanos estuvieron en la Luna, y este proyecto, según esperan sus organizadores, ayudará a disipar las dudas”. ¿Y lo haría? Seguramente no. Así funciona la fe en todo el planeta. Cuando quieres estar seguro de algo, simplemente lo estás, por muchas pruebas empíricas que te presenten en contra.

Esto es lo que opina Eugenio Manuel Fernández Aguilar, divulgador científico y autor del libro La conspiración lunar ¡vaya timo! , en el que rebate minuciosamente y una a una las cincuenta afirmaciones conspiranóicas más famosas, desde la trillada bandera que “ondea” a los supuestos errores en sombras que “demostrarían” que todo se rodó en un estudio cinematográfico.  Todas estas elucubraciones, según el autor, serían fruto de la “pura incultura. No haber leído, no saber nada de la carrera espacial. Y de que nos gustan las conspiraciones, lo extraño.  De que soltar esa serie de teorías absurdas nos hace más interesantes. Ir en contra de lo oficial es “ser guay” cuando debería ser al revés. Conocer la ciencia, saber cómo funciona el mundo, debería ser lo que nos hiciese más atractivos.

¿No es evidente que la llamada “conspiración lunar” es una especie de comodínpara programas de los denominados “de misterio? Un día un colaborador de uno de estos espacios muestra foto para intentar demostrar, mediante un elaborado pero pero parcial discurso, que el hombre no alcanzó nunca nuestro satélite. A la semana siguiente, el mismo colaborador llega con una foto intentando demostrar que Armstrong y Aldrin encontraron allí las ruinas de una civilización antigua. Ruinas de piedras o madera de una raza extraterrestre (n otras ocasiones, nazis exiliados) que siempre son descritas como poseedoras de una tecnología muy avanzada. Como señala Fernández Aguilar “¿En qué quedamos? ¿Llegó el hombre a la luna o no? ¿Una civilización muy avanzada haciendo casas de madera en la luna? ¡Vaya mierda de civilización!“.

0c8681687cde096934c0ee5c7db4b87e

Otro elemento común de las teorías conspirativas con los dogmas religiosos es que suele atacar al que las pone en duda. El divulgador ha recibido, desde la edición de su libro furibundos ataques de personas de todo el mundo que niegan con vehemencia nuestra visita al satélite vecino, especialmente desde México y Argentina. Entre las más psicotrónicas, el divulgador recuerda que alquién le escribió de forma airada retándola a explicase cómo era posible que un astronauta despegase con la cara afeitada y regresase con barba. A Fernández Aguilar casi le tiene que dar oxígeno tras el ataque de risa. “Debió llamarme un marciano que no sabía lo que era la barba de cuatro días. ¿Nadie ha visto a Miguel Bosé cantar? Cuando te sueltan argumentos de este tipo es mejor ni discutir“.

¿Qué contestar cuando tu cuñado te da la brasa con que los americanos no llegaron a la Luna?

Durante la tercera edición del evento de divulgación científica Desgranando Ciencia, le pregunté a Fernández Aguilar que a dónde podía mandar a mi cuñado si volvía a darme la brasa este verano con el que parece ser su tema favorito de charla de barbacoa. En lugar de optar por el escatológico destino que yo le tenía preparado, el científico empezó por contarme que hay unos doscientos kilogramos de rocas lunares repartidas por universidades de todo el mundo. La NASA hizo esto para que se analizaran y ya de paso, que no quedase la más mínima duda de sus viajes a nuestro satélite. “Hace falta realizar unos simples análisis geológicos para comprobar que no han entrado en nuestra atmosfera como meteoritos, que vienen de la luna y han sido trasportados en un habitáculo protegido: las naves norteamericanas.  Puedes ver una en el Centro de Visitantes de la Estación Espacial de Robledo de Chavela. Pues nada cuñi, a la Sierra de Madrid te mando en cuanto digas lo de que la banderíta ondea.

NASA_Madrid_001

El autor del blog Ciencia en el XXI también me explicó algo en lo que la gente no suele caer. Los más interesados en desmontar el supuesto montaje del alunizaje, los enemigos acerrimos de la NASA y los EEUU, nunca pusieron en duda la hazaña. “Los soviéticos nunca se quejaron. Eran los primeros interesados en decir que los norteamericanos no les habían ganado la carrera espacial al pisar la Luna antes que ellos. Reconocieron su derrota sin más. Si no somos capaces de entenderlo es que tenemos un bajo nivel cultural y un alto nivel conspiranoico.

20160416_120951

El encuentro lunático con Eugenio Manuel Fernández Aguilar se produjo durante el evento ‘Desgranando Ciencia’

https://blogs.publico.es/strambotic

Deja un comentario