De la caca, de la menstruación o del retrete: estos son algunos de los museos más ‘raros’ del planeta

De la caca, de la menstruación o del retrete: estos son algunos de los museos más ‘raros’ del planeta

Pocas cosas resultan hoy día tan subjetivas como el arte. Ya lo dijo el dramaturgo ruso Antón Chéjov: «Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio».

Quizás por eso cada día hay más gente que celebra que haya vida más allá de (maravillas como) el Prado o el Thyssen, y aplauda la existencia de museos mucho menos convencionales (e incluso políticamente incorrectos).

Santuarios repartidos por medio mundo y dedicados a rendir tributo a cosas tan mundanas como la caca, los penes, la menstruación o el considerado mal arte.

El Museo de la Caca

El National Poo Museum, ubicado en la isla de Wight (al sur de Inglaterra), abrió sus puertas en 2016 primero como exposición temporal en el zoo del lugar.

La colección de heces que alberga proviene de la propia naturaleza, de muestras del zoo y de particulares que les hacen curiosas donaciones. Y exhibe todo tipo de excrementos: desde la boñiga de un bebé humano hasta la caca fosilizada de un reptil con millones de años de antigüedad.

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«Para preparar las heces para la encapsulación, construimos una secadora especial para caca», aseguraba en una entrevista digital Daniel Roberts, uno de sus fundadores.

«Una caca de insecto palo tarda aproximadamente una hora en desecarse por completo, ¡pero una de león puede tardar una semana en hacerlo! También usamos retretes retro para que los visitantes puedan levantar las tapas y aprender hechos extraordinarios relacionados con el excremento».

El Museo de la Menstruación

Situado en New Carrollton (Maryland, EEUU), el Museum of Menstruation and Women’s Health (MUM) fue inaugurado en 1994 y cerrado abruptamente en 1998.

El museo, creado por un señor llamado Harry Finley, estaba lleno de todo tipo de artefactos menstruales: desde el primer anuncio de la empresa Kotex de enero de 1921 hasta una colección de productos Tampax de los años treinta, pasando por multitud de maniquíes femeninos colgados del techo y vestidos con bragas menstruales y toallas sanitarias.

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Siendo joven, Finley tuvo por hobby coleccionar productos relacionados con la higiene femenina y la menstruación, así como anuncios de todas las partes del mundo.

El lugar que eligió para ubicarlo fue el sótano de su propia casa. Todo el que quería visitarlo (en un horario generalmente restringido al fin de semana) debía concertar previamente una cita, ya que Finley tenía su empleo habitual en la National Defense University.

En agosto de 1998, el volumen de visitantes se volvió inmanejable para su dueño, cuyo estado de salud era delicado entonces.

El hombre, que siguió conservando su preciada colección, aseguró en una entrevista reciente que no le importaría donarla si le garantizasen que estaría en la colección permanente de algún otro museo.

El Museo del Arte Malo

El Museum Of Bad Art (MOBA) se fundó en 1993 y se estableció, en un principio, en el sótano de una casa particular de Boston. Sin embargo, el espacio se quedó pequeño rápidamente y la colección fue ubicada definitivamente en el de un cine-teatro de 1912.

La colección recibe cada mes cientos de envíos de artistas malos en ciernes, pero solo los realmente peores llegan a ser colgados en las paredes de la galería.

«El museo solo acepta obras de arte sinceras y originales», aseguró en una entrevista la directora ejecutiva del museo, Louise Reilly Sacco. «Buscamos piezas en las que algo ha salido mal; puede ser el trabajo de un artista experto que intenta algo nuevo o toma una decisión desafortunada. En cualquier caso, el trabajo debe ser interesante y convincente».

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Entre las piezas más apreciadas de la colección se encuentran maravillas como un retrato poco favorecedor de la actriz Joan Crawford, dos gigantes desnudos que sostienen aviones o una Mona Lisa travesti.

La joya de la corona es Lucy in the Sky with Flowers (en la que aparece una anciana caminando sobre un campo de flores y cuya autoría se desconoce), que fue la obra que inspiró al vendedor de antigüedades Scott Wilson para fundar el museo junto a un amigo.

Wilson encontró la pintura en un cubo de basura y le pareció tan mala que era buena. La pieza es un retrato hecho por encargo de una mujer llamada Anna Lally Keane (fallecida en 1968), y que estuvo colgado con orgullo en la casa de la familia hasta la muerte de su hija.

Hoy día, la colección cuenta con más de 600 obras, de las que siempre hay expuestas unas sesenta al mismo tiempo.

El Museo del Preservativo

El Condom Museum es un pequeño centro didáctico situado en Tailandia, cuyo principal objetivo es concienciar a las generaciones jóvenes sobre la importancia de usar preservativo y darles a conocer la historia de este método anticonceptivo. Se encuentra en Nonthaburi (a las afueras de Bangkok), en dependencias del Ministerio de Salud del país.

El lugar, dividido en dos salas bastante bien aprovechadas, alberga condones de cada etapa de la historia tailandesa; desde preservativos con anuncios arcaicos de la década de 1950 hasta otros mucho más modernos y reconocibles para los jóvenes.

Foto: ClaudiaM1FLERéunion

Foto: ClaudiaM1FLERéunion

Adornando las paredes de cada estancia hay carteles sobre la conciencia del uso del condón a través de las distintas etapas históricas.

También es posible encontrarse en una de las salas seis cabinas que sostienen objetos en forma de falange que, según explica a los visitantes el personal del lugar, se usan para probar la fuerza y la resistencia de un preservativo.

Pero, aparte de condones, también hay una amplia variedad de otros fenómenos relacionados con el sexo en las vitrinas, incluida una gigantesca bomba de vacío para el pene y lubricantes de diferentes sabores.

En realidad, no debería sorprender demasiado que este museo se abriera allí, dado que Tailandia es hoy día uno de los mayores productores mundiales de preservativos. Sin ir más lejos, la compañía Durex tiene una de sus principales plantas de producción en el país asiático.

El Museo del retrete

Este curioso museo, llamado Sulabh International Museum of Toilets, se encuentra en Nueva Delhi (India) y hace un recorrido por la historia de la higiene y el saneamiento desde el año 2500 a.C. hasta nuestros días.

La galería documenta, entre otras cosas, la evolución histórica del inodoro, los avances relacionados con la tecnología, las costumbres sociales relacionadas con el baño, el protocolo, las condiciones sanitarias prevalecientes y los esfuerzos legislativos de diferentes épocas.

Y todo ello se narra a través de infinidad de retretes, dibujos explicativos y hasta extraños poemas dedicados al excusado.

En sus rincones se puede encontrar desde simples orinales hasta los retretes bañados en oro o plata de los emperadores romanos, pasando por decoradas tazas de inodoro victorianas.

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Su fundador, Bindeshwar Pathak, asegura que hoy día el museo cuenta con cerca de 300 piezas en exhibición. «La pieza más valiosa es un inodoro eléctrico llamado Incinolet, procedente de EEUU.

También hay una fotografía de un inodoro fabricado en Rusia para ser usado en un satélite. Su original, que costó 19 millones de dólares, está actualmente en la NASA.

La pieza más curiosa es el orinal con forma de trono del emperador francés Luis XIV, del siglo XVII. Mientras lo usaba, solía dar audiencia a la gente», señala en una entrevista digital.

El Museo de las Momias

Situado en la pequeña ciudad minera de Guanajuato (México), alberga la colección de momias naturales más grande del mundo (117 reliquias en total).

En esa ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, cientos de cuerpos fueron enterrados en las criptas del Panteón de Santa Paula a mediados del siglo XIX.

En esa época, las familias debían pagar un tributo impuesto por el gobierno municipal por enterrar a sus difuntos. Si no lo hacían, los cuerpos eran exhumandos. Y así fue como, en una de aquellas exhumaciones, se descubrió que los cuerpos estaban momificados mediante un proceso natural (probablemente debido a los factores climáticos únicos de la región).

Foto: ThiagoSantos / Shutterstock.com

Foto: ThiagoSantos / Shutterstock.com

«Se debe a que en las gavetas se crea un microclima hermético que no permite el intercambio de oxígeno y humedad, lo que ocasiona que el cuerpo se deseque sin descomponerse», explica en una entrevista la actual directora del centro, Paloma Robles Lacayo.

Sus macabros cadáveres, incluidos los de bebés, se exhiben desde principios de los años setenta en este museo que cada año es visitado por cientos de miles de personas.

El Museo Subacuático de Arte (MUSA)

Creado en 2009, este jardín de esculturas submarinas está situado bajo aguas del mar Caribe, entre Cancún e Isla Mujeres. Hoy día, cuenta con más de 500 esculturas sumergidas de manera permanente y hechas a mano por el artista británico Jason deCaires Taylor.

Las figuras representan, entre otros, a distintas civilizaciones, grupos humanos y personajes locales.

«Este museo busca demostrar la coexistencia entre el arte y las ciencias ambientales, ya que con el paso del tiempo, la vida marina encuentra refugio en estas piezas. La generación de esta vida, convierte a las piezas del museo en un conjunto de arrecifes artificiales», aseguran sus responsables en la web del museo.

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Y, además, apuntan que el total de la colección ocupa un área de más de 420 metros cuadrados y pesa más de 200 toneladas.

Para visitarlo, hay varias opciones. En primer lugar, se puede hacer montado en un barco con fondo de cristal. También existen programas para buzos certificados o futuros buzos que quieran hacer inmersiones, y se puede hacer snorkel.

Según apunta en una entrevista DeCaires, sus esculturas, fijadas al fondo del mar, han sido elaboradas con «un cemento especial, reforzadas con hormigón de PH neutro para facilitar su interacción con las algas, invertebrados marinos y la colonización de peces».

El Museo de los penes

El Icelandic Phallological Museum está situado en Reikiavik, Islandia. Esta faloteca contiene una colección de 280 penes (o partes del pene) pertenecientes a todos y cada uno de los tipos de mamíferos (marinos y terrestres) que habitan Islandia.

La historia del museo se remonta al año 1974, cuando su fundador, el historiador y profesor Sigurður Hjartarson, vivía en la ciudad de Akranes. Durante las vacaciones de verano, su familia solía enviarle al campo, donde a veces le daban un vergajo de toro como látigo para los animales.

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Al cabo de un tiempo, compartió esta anécdota con varios colegas. Dice que algunos de los profesores de la escuela que dirigía solían trabajar en verano en una estación ballenera cercana y que, espontáneamente y conocedores de aquella anécdota de su infancia, comenzaron a llevarle penes de ballena, supuestamente para molestarle.

«Luego, gradualmente, surgió la idea de que podría ser interesante recolectar especímenes de más especies de mamíferos. Cuando el museo abrió sus puertas en Reikiavik en agosto de 1997, los especímenes eran 62 en total», señala en una entrevista su hijo Hjortur, que desde 2011 está al frente de la institución.

POR ÁLEX ANDER
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