La Tierra tiene hoy más bosques que en 1982

Un gran estudio de la superficie del planeta ha concluido que la cobertura forestal global se ha incrementado un 7% entre 1982 y 2016. Sin embargo, los expertos advierten que se están perdiendo los bosques donde más biodiversidad se concentra

Los autores del estudio no consideran estas conclusiones como positivas

Vivimos un momento en que el planeta está dando señales de alarma. Junto a potentes indicios de calentamiento global, hay señales de una grave pérdida de biodiversidad, que, según algunos, está llevando a la sexta extinción masiva. En los océanos y ríos, cada vez resultan más evidentes los estragos por la explotación de los recursos y la contaminación descontrolada. Sin embargo, un estudio que se acaba de publicar en la prestigiosa revista Nature ha dado la que parece ser una buena noticia.

Según han concluido científicos de la Universidad de Maryland, (EE.UU.), después de usar tecnología de observación del planeta vía satélite, la cobertura total de árboles en la Tierra está aumentando, en gran parte a causa de la actividad humana. Esto contradice las estimaciones de la FAO, según las cuales entre 1990 y 2015 la superficie forestal neta se ha reducido. Sin embargo, tal como ha señalado un experto a este periódico, el aumento de cobertura vegetal no tiene por qué ser buena noticia, si la «calidad» de dichos bosques no es alta.

«Nuestro estudio es el primero que ha podido trazar un mapa global de los cambios de uso de la superficie en los últimos 35 años», ha destacado para ABC Xiao-Peng Song, director de la investigación y científico en la Universidad de Maryland. «Globalmente, hemos encontrado un aumento de cobertura arbórea en las latitudes más altas. Junto a esta, una pérdida neta de suelo desnudo, sobre todo en regiones agrícolas de Asia. Y, por último, el estudio ilustra la complejidad de estos cambios en la escala regional».

Más bosques en latitudes altas

Según ha concluido este estudio, la cobertura total de árboles ha aumentado en un 7% entre 1982 y 2016, lo que supone un incremento de 2,24 millones de kilómetros cuadrados de superficie forestal. Por otra parte, los autores han identificado una reducción de la cobertura de suelo desnudo del 3,1 % y un descenso del 1,4 % (0,88 millones de kilómetros cuadrados) en la cobertura vegetal baja. Aparte de todo esto, los autores achacan el 60% de los cambios registrados a la actividad humana y el 40 a efectos indirectos, como el cambio climático. Estudios anteriores han situado estos porcentajes en el 4% y el 70%, respectivamente.

Taiga siberiana. Los autores han registrado un aumento de la masa forestal en altas latitudes, y un descenso en zonas tropicales. Ambos tipos de bosques son muy distintos
Taiga siberiana. Los autores han registrado un aumento de la masa forestal en altas latitudes, y un descenso en zonas tropicales. Ambos tipos de bosques son muy distintos – Andrey «Efenstor» Pivovarov

El aumento de la cobertura arbórea, es resultado, según los autores del estudio, de que la pérdida de árboles que han registrado en las zonas tropicales es superada por la ganancia en regiones templadas, subtropicales y boreales. ¿Podría decirse entonces, que el aumento neto de masa forestal es una buena noticia?

«No interpretaría los resultados como optimistas», ha explicado Xiao-Peng Song. «Nuestros datos revelan que el 60 % de todos los cambios observados son causados por la actividad humana directa. Aunque la Tierra ha ganado cobertura de árboles, cuando te fijas en la dinámica regional, resulta que las ganancias ocurren principalmente en latitudes altas, mientras que los trópicos están marcados por una pérdida constante, por la degradación de los bosques y por la deforestación».

Pero, tal como ha subrayado el investigador, «los trópicos son los lugares donde la biomasa es mayor y la biodiversidad más rica. Los trópicos son también el lugar donde las emisiones de carbono de la deforestación se concentran».

La importancia de la estructura del bosque

En este mismo sentido ha coincidido Geoffrey Parker, científico senior del Centro de Investigación Medioambiental Smithsonian(SERC) que investiga la función y la estructura de los ecosistemas de los bosques a lo largo del tiempo y en grandes áreas.

«El problema que hay que tener en cuenta es la integridad del dosel vegetal», ha dicho Parker para este periódico. «La cobertura arbórea es una medida de la fracción del suelo cubierta por vegetación, pero una guía muy pobre sobre la colocación vertical de los elementos del dosel y de muchos de los atributos funcionales de la vegetación».

Geoffrey Parker, investigador en el Centro de Investigación Medioambiental Smithsonian
Geoffrey Parker, investigador en el Centro de Investigación Medioambiental Smithsonian – Maria Sanchez/Smithsonian

De hecho, este experto ha puesto el ejemplo de lo que ocurre en los bosques tropicales tras la deforestación: «La cobertura de árboles puede aumentar muy rápidamente, a veces en solo un año. Pero la recuperación de la estructura del dosel puede llevar décadas, a veces más de un siglo. Y esta estructura vertical del dosel no está bien caracterizada por la mayoría de los instrumentos de los satélites».

Esto no quiere decir, según Parker, que la cobertura no sea una medida útil: «Indica muchos atributos de interés, como los niveles de fotosíntesis o el grado de protección de la erosión gracias a la vegetación. Pero muchos de los servicios de los ecosistemas que llevan a cabo las plantas (la acumulación de biomasa o la creación de hábitats para otros seres vivos) dependen de la estructura vertical».

Sudamérica, la región más afectada

Los autores del estudio han observado un claro descenso de la cantidad de árboles en el hemisferio sur en favor del hemisferio norte. Las zonas donde más destacada ha sido esta pérdida es en el bosque seco, (95.000 kilómetros cuadrados, un 8% del total de este bioma) y en los bosques tropicales húmedos de hoja caduca (84.000 kilómetros cuadrados, un 2%). Por países, los lugares que más masa forestal han perdido son Brasil (385.000 kilómetros cuadrados), Argentina, (113.000 kilómetros cuadrados) y Paraguay (79.000 kilómetros cuadrados).

Además, han constatado un fuerte descenso de cobertura vegetal en el límite suroriental de la Amazonía. Aparte de lo ya dicho, han observado puntos donde la deforestación es muy fuerte en Queensland, Australia, y sureste asiático, incluyendo Myanmar, Vietnam, Camboya e Indonesia. Allí, precisamente, la deforestación afecta a los «ya escasos bosques primarios de la región –los bosques primarios son masas forestales extensas e intactas, no parcheadas ni influidas por la acción del hombre–».

Por último, y a pesar de la tendencia de crecimiento de masa forestal más general, los autores han observado que los bosques boreales de Canadá, Alaska oriental y Siberia central muestran grandes parches marcados por la pérdida arbórea en favor del crecimiento de vegetación corta.

En relación con la vegetación corta, han observado señales de degradación a largo plazo, en las que esta vegetación ha dado paso a parches sin plantas, al suroeste de Estados Unidos, sur de Argentina, Kazajistán, Mongolia, China, Afganistán y grandes áreas de Australia, a causa de factores como la reducción de precipitaciones, el aumento de las temperaturas, el pastoreo excesivo o la invasión de especies.

Crecimiento de bosques

Sin embargo, fuera de los trópicos, ha habido un considerable crecimiento en bosques templados (726.000 kilómetros cuadrados, un 33% más), bosques de coníferas (463.000 kilómetros cuadrados, un 12% más) y bosques subtropicales húmedos (280.000 kilómetros cuadrados, un 18% más). En una escala regional, también encontraron que las regiones montañosas concentran el aumento de la cobertura de árboles.

«Los resultados reflejan un sistema Tierra dominado por el humano»

En conclusión, según estos investigadores, «los resultados reflejan un sistema Tierra dominado por el humano. Observamos la acción directa del hombre sobre el paisaje en cada gran área de cada continente, a causa de la intensificación y la extensificaciónde la agricultura o la construccion de ciudades». Sin embargo, prosiguen, el cambio climático también es un factor a tener en cuenta, sobre fenómenos como la llegada de los bosques al Ártico y a las montañas, o la pérdida de vegetación en zonas semiáridas.

Todo esto subraya la enorme complejidad de las transformaciones que está atravesando el planeta, y lo difícil que es saber qué efectos tendrán en eso que llaman «sistema Tierra». Por la parte que le toca, Xiao-Peng Song ha dicho que trabajarán en mapas de cobertura vegetal con más resolución, en los que será clave el programa Copernicus europeo. Según Parker, en los próximos años nuevos satélites permitirán estudiar con radar y lidar la estructura de los doseles de los bosques. Así se podrá tomar el pulso del planeta.

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