Livingstone

El LHC puede estar ignorando justo el tesoro más preciado en ciencia: las partículas que ni siquiera hemos sido capaces de imaginar

El LHC descubrió el bosón de Higgs en 2012.
El LHC descubrió el bosón de Higgs en 2012. © CRN

 

Como el médico y explorador escocés David Livingstone había perdido contacto con la civilización durante seis años, el New York Herald decidió en 1869 enviar al periodista Henry Morton Stanley a buscarlo por los alrededores del Tanganica, el mayor lago de agua dulce del mundo. Lo encontró dos años después en el pueblo de Ujiji, oeste de Tanzania, y la forma en que lo saludó ha pasado a la historia por lo flemática e improcedente: “¿El doctor Livingstone, supongo?”. La comicidad del saludo proviene de que Livingstone era probablemente el único hombre blanco en mil kilómetros a la redonda, pero bueno, el caso es que Stanley había ido allí con el objetivo fijo de buscarlo y lo acabó encontrando. Si, durante los dos años que pasó buscándolo, Stanley se hubiera tropezado con el unicornio o con el yeti, lo más seguro es que ni se hubiera percatado, o incluso que le hubiera preguntado al yeti si había visto a Livingstone.

Algo así le está ocurriendo a la mayor instalación científica del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, en sus siglas en inglés), junto a Ginebra. El LHC se ha dedicado hasta ahora a buscar al doctor Livingstone: partículas postuladas por algún modelo teórico, y cuyo rastro en las colisiones de protones puede predecirse con bastante aproximación. El LHC descubrió el bosón de Higgs en 2012 porque lo estaba buscando, y porque 40 años de perfeccionamiento del modelo estándar de la física de partículas habían pintado a la perfección su retrato robot. El LHC ha usado la misma estrategia en otros casos, como la búsqueda de las partículas de la supersimetría, esta vez sin ningún resultado. Hasta ahí todo bien.

Pero un creciente grupo de físicos relacionados con el colisionador de Ginebra están empezando a pensar que, al igual que Stanley, el LHC se puede estar perdiendo al unicornio y al yeti. Con su obsesión stanleinesca en encontrar el bosón de Higgs o las partículas supersimétricas que predicen una u otra teoría, el LHC puede estar ignorando justo el tesoro más preciado en ciencia: las cosas que no ha predicho nadie, las partículas que ni siquiera hemos sido capaces de imaginar, los túneles abiertos a una física que vaya más allá del modelo estándar. Estos físicos, según informa Nature, quieren cambiar las búsquedas guiadas por otras generales, que examinen todo lo que sale de allí sin ninguna concepción previa. Es un problema técnico formidable, pero esperan abordarlo con la ayuda de la inteligencia artificial moderna: la que encuentra pautas que no estaba buscando.

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