Cuando la URSS sentó a Dios en el banquillo de los acusados

Ad Absurdum

Cuando la URSS sentó a Dios en el banquillo de los acusados

«No hay Dios», dice Yuri Gagarin.
Cartel propagandístico de la URSS, 1975.

Al poco tiempo del triunfo de la Revolución Rusa, a principios de 1918, Anatoli Lunacharski vio pertinente abrir uno de los procesos judiciales más estrambóticos de la historia.

Hay que tener en cuenta que el anticlericalismo fue uno de los grandes protagonistas en los primeros años tras el triunfo de la revolución. La gente no podía ni oler a religión en unos tiempos en los que se señalaba a la Iglesia como un gran mal de la historia. Los nervios estaban de punta en toda la URSS, así que, dada esta situación, Lunacharski tuvo la gran idea, por aquello de echar más gasolina al fuego, de sentar a Dios en el banquillo de los acusados.

Cuando la URSS sentó a Dios en el banquillo de los acusados

Lenin (izquierda, de negro) con Lunacharski.

Las rebeliones iconoclastas de esta época fueron de lo más variadas, pero desde luego esta de querer juzgar a Dios por sus crímenes contra la humanidad se lleva el primer premio. El mismísimo Lunacharski se puso al frente del proceso,para lo que preparó en Moscú un tribunal. Con el lío que debía tener Dios y ahí estaba, esperando una notificación judicial para ser juzgado.

Pocos días después comenzó el juicio con la tediosa y maratoniana lectura de todos los cargos que el pueblo ruso (que se había presentado como acusación particular) asignaba a la trina deidad. De todas formas, nosotros os resumimos esa gran turra en forma de larguísima acusación en un cargo: Dios era acusado de genocidio.

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Lunacharski, liado con un caso muy duro.

Se intentó plantear el juicio con las características propias de un juicio normal y corriente, procurando para ello darle un ambiente lo más real posible.

Los fiscales contaban con “pruebas” que inculpaban al Altísimo en crímenes contra la humanidad y, como no podía ser de otra forma conforme a derecho, el acusado contaba con su defensa: una serie de abogados de oficio que el Estado le había asignado, tal y como le correspondía.

Cuando la URSS sentó a Dios en el banquillo de los acusados

¿Quién querría meterse con la Iglesia Ortodoxa Rusa con lo que mola?

La cuestión es… ¿Quién cojones se sentó en el banquillo de los acusados?

Como Dios en persona no pasaba ese día por ahí, colocaron una Biblia en su lugar, porque bueno… no todo podía ser calcado a un juicio real. Los abogados tuvieron que hacer de abogados del diablo (bueno, no, en realidad aquí era precisamente al revés) defendiendo a Dios.

Pero como suele ocurrir cuando tienes que defender algo indefendible, que sabes que tienes las de perder y más vale asegurar la opción menos mala, recurrieron a lo típico: alegaron que Dios padecía una demencia y trastornos psíquicos.

Como vemos, la táctica de alegar enajenación ha sido utilizada desde siempre y por todo dios, nunca mejor dicho.

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Lunacharsky en la inauguración del monumento a Karl Marx cerca de Smolny en noviembre de 1918.

Tras otras cincos horas de apelaciones y protestas, se declaró a Dios culpable de los delitos de genocidio y crímenes contra la humanidad. Y se dictaminó la pena: Dios debía morir fusilado al amanecer del día siguiente.

Y así se hizo, pero en esta ocasión dispararon al cielo, no a la Biblia que habían utilizado como personificación divina. No sabemos exactamente cuándo decidieron que ya estaba bien de disparar, pero seguro que se tiraron un buen rato por si acaso. Jaque mate, Nietzsche.

Cuando la URSS sentó a Dios en el banquillo de los acusados

Insistimos.

Lo más curioso de todo es que el mismísimo promotor del juicio era un gran estudioso de la historia de las religiones y las relaciones entre teología y política, de hecho, Anatoli Lunacharski se encontró con más de un problema dentro del partido (ni más ni menos que con Lenin topó) por querer aplicar los conceptos religiosos del dogma cristiano a la revolución y al sistema comunista (especialmente el concepto de ideología de la salvación).

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Lunacharski, el terror de Dios… y de las nenas.

La utilización de los principios salvacionales cristianos aplicados al marxismo queda reflejada en su obra Religión y socialismo, y no fue el único que planteó cosas por el estilo.

En los últimos años de su vida, tuvo una actitud crítica ante este periodo de exaltación antirreligiosa, y en los años posteriores a 1929 se rebajó el nivel de violencia en este aspecto en la URSS. Posiblemente porque ya no quedaba nada que reprimir, pero bueno, algo es algo.

Lunacharski, el hombre que pasó a la historia por haber juzgado a Dios, acabó muriendo en 1933, cuando se dirigía a ocupar su puesto como embajador en la España de la II República.

Con información de MCNEAL, R. H. (1972), Bride of the revolution: Krupskaya and Lenin, University of Michigan Press; y ABC.

Ad Absurdum suele escribir sobre historia, a veces en libros como Historia absurda de España o Historia absurda de Cataluña.

https://blogs.publico.es/strambotic/

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