El ocaso de Ciudad Pemex

La localidad surgida en 1958 alrededor de un gran complejo de la compañía petrolera en Tabasco refleja el declive de una industria que fue puntera en todo México

Vista del complejo procesador de gas en Ciudad Pemex, Tabasco.
Vista del complejo procesador de gas en Ciudad Pemex, Tabasco. TERESA DE MIGUEL ESCRIBANO EL PAÍS

Fernando Salazar esboza un gesto de orgullo cuando contempla el complejo procesador de gas llamado Ciudad Pemex, localizado a una hora de Villahermosa, la capital de Tabasco. “Ahí trabajé 38 años de mi vida hasta que me obligaron a jubilarme a finales de 2015”, dice este hombre de 60 años a las afueras de las instalaciones. El complejo, de casi 200 hectáreas, alberga cuatro plantas endulzadoras de gas, dos criogénicas, dos recuperadoras de azufre y una planta eliminadora de nitrógeno es el emblema de la prosperidad económica que se vivió en esta región y que los residentes añoran. “Mis hijos se tuvieron que ir de aquí porque ya no había oportunidades para ellos”, lamenta.

Fundada en 1958, Ciudad Pemex llegó a tener cerca de 1.200 empleados. Debido a que el complejo era tan grande y el descubrimiento de yacimientos petroleros en esa región avivó la economía local, se acabó diseñando una ciudad que albergara a los trabajadores que llegaban de todo el país para hacer fortuna con el oro negro. Esta localidad es el ejemplo de lo que fue el boom petrolero en Tabasco (sur del país) y refleja la crisis que se vive actualmente en todo el Estadoa consecuencia de la caída de los precios del crudo y a la nula inversión de Pemex. “Como el precio del barril cayó, se tomó la decisión de que no había que invertirle tanto a Pemex porque ya no era negocio”, explica el consultor en temas energéticos, Ramsés Pech. En esta región, que forma parte del municipio de Macuspana —la tierra del presidente electo López Obrador— las viviendas y la infraestructura urbana datan de los años cincuenta.

A Ciudad Pemex (5.800 habitantes) también llegaron a residir cientos de trabajadores movilizados por la compañía al campo energético José Colomo, hallado en 1951, que se convirtió en uno de los más importantes yacimientos de gas e hidrocarburos líquidos en la historia de Pemex. “Estuvimos catalogados como la capital mundial de gas”, dice Fernando, presumiendo las glorias pasadas de la región. Ciudad Pemex llegó a generar el 30% de la producción nacional de gas, expone Carlos Martínez en su libro Breve Historia de Tabasco.

La infraestructura de Ciudad Pemex fue construida sobre terrenos federales que son propiedad de la petrolera. Aunque se localiza geográficamente dentro de los límites del municipio de Macuspana, el Ayuntamiento omite invertirle al desarrollo de la localidad. “En el pasado fuimos una ciudad gloriosa”, cuenta Fernando mientras otea el panorama poco alentador: gente sentada en las aceras que no tiene trabajo o personas que se avecinan sobre los foráneos para pedirles unos cuantos pesos. Las calles principales están llenas de baches. En el centro hay pocos negocios abiertos y algunas de las casas tienen letreros que dicen: “en venta”. Un reflejo del ocaso que vive hoy en día esta localidad. “Después de Brasilia, esta es la segunda ciudad que fue planeada antes de su construcción. Las casas fueron orientadas astronómicamente para que aprovechara la luz y los servicios públicos los proporcionaba Pemex”, cuenta el jubilado.

Un hombre muestra su camisa de Pemex.
Un hombre muestra su camisa de Pemex. TERESA DE MIGUEL ESCRIBANO EL PAÍS

Falta de empleo

Tabasco, una entidad que vive desde hace más de setenta años del petróleo, atraviesa por una crisis económica. Los beneficios de la reforma energética —que entró en vigor a finales de 2013— nunca llegaron. La liberación del sector a la inversión privada coincidió con el entorno complicado que se vivía a nivel mundial por la caída de los precios del crudo lo que inhibió la participación en las rondas organizadas por el Gobierno federal para subastar la explotación a empresas privadas y extranjeras. Además, las pocas empresas que llegaron al Estado lo hicieron con cautela, explica el consultor Ramsés Pech. “Pensábamos que iban a tener la misma inercia que Pemex, que asumía todos los riesgos, pero no fue así”. Las compañías primero evaluaron si valía la pena lo que iban a pagar por los derechos adquiridos. “Comenzaron a invertir poco a poco el dinero. Nomás perforan un pozo por año, mientras que Pemex en tierra perforaba más de 200 pozos al año”, destaca.

Pemex dejó de invertir en la entidad, provocando con ello que se suspendieran los trabajos de perforación y terminación. Eso ocasionó que la petrolera cancelara sus contratos con las empresas que le trabajaban y que éstas tuvieran que despedir a cientos de sus trabajadores, dice Pech. “Un 80% de la economía del estado dependía de la industria de los hidrocarburos. Entonces cuando bajaron el presupuesto se baja la cantidad de dinero que estaba circulando”, explica el especialista.

Esto ha generado que la entidad lleve varios años registrando los niveles más altos de desempleo de todo el país. Durante el segundo trimestre de 2018 la tasa de desocupación en Tabasco fue de 6.4%, mientras que a nivel nacional fue de 3.2%, según datos del Instituto de Estadística (INEGI). Las cifras oficiales de Pemex revelan que entre 2013 y 2017 la petrolera ha recortado 30.114 plazas de trabajo en todo el país, pero no contempla al personal por servicio. La crisis petrolera también generó un repunte en los delitos del fuero común en Tabasco.

Sergio Molina trabajó durante casi una década con diversas empresas que prestaban servicios al complejo procesador de gas de Ciudad Pemex. En 2014 el empleo se terminó y tuvo que migrar a Ciudad del Carmen —en el vecino Estado de Campeche— a trabajar con una empresa externa en una plataforma petrolera en la inmensidad del Golfo de México. En 2015 el trabajo concluyó y Sergio regresó a Ciudad Pemex. Ahora se dedica a realizar trabajos de albañilería o herrería, pero el sueldo no se compara con los 20.000 pesos (1.063 dólares) que ganaba en un mes. “Ha sido muy difícil, la casa ya no la pudimos terminar y mi esposa se tuvo que poner a trabajar”, dice este hombre de 39 años sentado afuera de su vivienda: una modesta construcción con piso de cemento y un par de paredes sin recubrimiento.

La casa de uno de los trabajadores transitorios en Ciudad Pemex.
La casa de uno de los trabajadores transitorios en Ciudad Pemex. TERESA DE MIGUEL ESCRIBANO EL PAÍS

El padre de Sergio llegó a Ciudad Pemex en los años cincuenta atraído por el auge económico en la zona. Consiguió una plaza en la petrolera como vigilante. Sus hijos anhelaban poder trabajar para la compañía, pero al no conseguirlo se emplearon con contratistas. Ahora que se ha acabado el trabajo su única esperanza es que Andrés Manuel López Obrador logre darle un nuevo impulso a Pemex. “Él venía para acá, caminamos juntos viendo la problemática de Ciudad Pemex, entonces tenemos la fe de que este hombre va a levantar la economía del petróleo”, dice el tabasqueño. El presidente electo ha prometido que elevará la producción de crudo hasta 2.5 millones de barriles diarios a nivel nacional y que construirá una refinería en Dos Bocas Paraíso, en Tabasco.

Austri Gómez Arias trabaja en Pemex de forma transitoria. No tiene una plaza fija, pero aun así asegura que el mejor sueldo es ahí. “Soy eventual, me contratan cada vez que hay una vacante: a veces por semanas, otras por meses. Cuando me quedo sin trabajo hago mantenimiento de refrigeraciones”, dice el joven de 25 años. Su madre es trabajadora sindicalizada de Pemex y eso le abrió la puerta para que le oferten trabajo de vez en cuando. “Me contratan de doméstico, haciendo limpieza, otras veces estoy en el área de hospital, donde me encargo de acomodar los expedientes clínicos de los pacientes o de mensajero que sale a entregar documentación a distintas áreas”, cuenta.

Por un día de trabajo en las instalaciones de Pemex gana 800 pesos (42 dólares), lo que obtiene en una semana haciendo reparaciones por su cuenta. Su inestabilidad laboral lo llevó a invadir hace un año un terreno federal, donde él y una veintena de personas construyeron pequeñas viviendas de láminas. “La gente empezó a agarrar los terrenos por necesidad. Pemex no los usaba y nosotros los desmontamos”, relata. El cuarto donde vive con su esposa y sus tres hijos, no tiene piso y tampoco servicios públicos. La esperanza de este joven es alcanzar una plaza en el complejo, pero sabe que ahora está más lejos de su sueño. “Ahora todo está peor”, dice sentado en las afueras de su casa, en un pedazo de terreno de lo que queda de Ciudad Pemex.

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