POE+de HUGO GALVÁN

POE+de HUGO GALVÁN

SER HOMBRE

Por hombre, lo soy todo:

vaquero de Marlboro,

galán callejero, siempre y cuando use mi desodorante Axe,

piloto de carreras, según toda la publicidad de autos nuevos,

semental purasangre de película porno capaz de perforar muros con su pene;

como los buenos vinos, mejoraré con el tiempo y lo mejor de todo es que no tendré canas gracias a Just for men.

¿Por hombre, lo soy todo?

¿Qué me hace hombre además de la que traigo de campana?

¿El reloj de oro?,

¿el traje fino?,

¿los zapatos de piel?,

¿la camisa limpia y bien abotonada?,

¿las mancuernillas?,

¿el cabello corto?

Mi corbata, símbolo de mi virilidad, yugo amarrado al cuello para recordarme cada día que yo debo ser un hombre.

Porque ser hombre es ser humano.

¿Y qué si no quiero ser así?;

¿si quiero ser un cavernícola salvaje barbudo que mastica con la boca abierta?

También se me acepta porque soy hombre y a nosotros se nos perdona todo,

menos llorar,

porque llorar es de putos y los putos no son hombres y yo soy hombre y no pedazos.

Aunque quiera llorar después de una película romántica y no sólo con las rancheras cuando estoy borracho,

aunque quiera llorar después de un buen madrazo,

aunque quiera chillar de repente, sin razón alguna y sin “estar en mis días”.

Porque yo también

siento miedo,

todo me enoja,

me siento triste

y no me siento seguro de mi cuerpo

porque no tengo el lavadero marcado,

no tengo la voz engolada,

no soy alto y estoy jorobado,

no soy fuerte y hasta las bolsas del mandado me pesan y me dejan temblando mis bracitos,

porque hay veces que me pregunto de qué me sirve tener la verga tan larga si luego me vengo a los cinco segundos

o de plano no se me para,

porque ya busqué el punto G hasta en Google Maps sin encontrarlo,

porque la medida de todo hombre es cuántas viejas tiene y si no tiene ninguna es porque algo oculta.

Pero no me malentiendas, no soy un machista

le doy

libertad a la mujer,

excepto a mi madre y a mi esposa,

porque mi madre está para atenderme;

mi esposa también, pero su labor principal es darme hijos con los que yo pueda perpetuar el apellido 

del padre

del padre

del padre

del padre

del padre

del padre

del padre

del padre

del padre

del padre

del padre

del padre

de mi padre

y así convertirme en

la cabeza de la familia,

el hombre de la casa,

el PAPÁ, el protector, quien debe poder todo.

Siempre.

Incluso cuando siento que no tengo los huevos suficientes para enfrentar mis broncas,

que no soy tan valiente como los HÉROES que nos dieron PATRIA,

que no soy tan sabio como ese dios HOMBRE que hizo a los HOMBRES a su imagen y semejanza.

¿Entonces neta soy hombre si…

no sé cambiar la llanta del carro?

(¡Qué diva!),

¿no sé hacer una instalación eléctrica?

(¡Qué nena!),

¿no me gusta la salsa de chile habanero porque me pica?

(¡Qué joto!),

¿nunca he empuñado una pistola para matar a otra persona o a un animal?

(¡Qué poco hombre!)

y la más vergonzosa de todas:

¿siempre me he rajado a los putazos?

(¡EHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

PUTO!)

Entonces te lo resumo, el hombre del día a día debe:

cumplir con las cuatro Fs: ser Feo, Fuerte, Formal y que le guste el Futbol,

voltear a ver el culo de toda nalga buena que se le atraviese por la calle,

saberse un sinfín de piropos,

ser un chingón en los albures,

sentarse con las piernas abiertas, mientras más abiertas más macho alfa se es,

ser quien más ruido hace en los urinales,

escupir en las calles,

chiflar como los grandes,

practicar deportes de hombres,

escuchar música de hombres,

vestir como hombre,

caminar y correr como hombre,

hablar como hombre,

tomar bebidas de hombre,

cuando es morro, jugar con juguetes de niño (las Barbies sólo son para desvestirlas).

Ante todo, un hombre siempre debe parecer un hombre

y si no cumples con estas características tan sencillas, definitivamente

TE HACE FALTA VER MÁS BOX.

  

ISCARIOTE, EL ÚLTIMO DE LOS HOMBRES

Caminó por las sombras,

silencioso y sin rumbo.

Como al chivo que se suelta

en el desierto

para expiar las culpas

de otros,

anduvo errante

la primera víctima de los fanáticos de dios.

Miró al cielo y preguntó:

¿Cuánto cuesta un beso?

Pueblo a pueblo

fue señalado como

el impío,

el injusto,

el infiel; 

cargó con la cruz de ser el apostol apóstata

que se atrevió a traicionar al hijo del hombre.

Un asesino sin manchas de sangre en la mano,

sin daga en el cinturón.

Un asesino que mató con un beso a quien quiso ser besado.

“Pero tú los sobrepasarás a todos

porque tú vas a sacrificar al hombre que me cubre.”

Pueblo a pueblo…

el tesorero judío no pudo borrar sus huellas del desierto

y fue apedreado por quien cuyo nombre es Piedra

y sus herederos

y sus feligreses.

¿Cuánto cuesta un beso? -preguntó el decimotercero a un guardia romano.

Este le susurró algo. 

Dicen que aquella noche

se sentó a la siniestra de su maestro,

compartió la mesa con él,

bebió de su sangre,

comió de su carne,

y al final se despidió de él con un beso,

un osculum pacis, sin pecado concebido,

inocente

como el demiurgo que crea porque le divierte el caos.

El último de los hombres será también el más incomprendido

porque a alguien hay que echarle la culpa…

por su culpa

por su culpa

por su grande culpa.

Porque la culpa no es de quien negó tres veces al supuesto hijo de dios

ni del pueblo que decidió salvar a Barrabás

ni siquiera del verdugo que clavó el último clavo en la cruz.

A quien lo negó tres veces lo santificaron, se llama san Pedro.

A la tierra donde murió le dicen Tierra Santa.

Y la iglesia católica hizo de un instrumento de tortura,

la cruz,

un símbolo de paz y amor,

e hizo de una muestra de cariño,

un beso,

el símbolo de la traición.

¿Cuánto cuesta un beso?

El decimotercero anduvo sin sendero

hasta que llegó a la última casa de un pueblo.

Una casa alejada de todas las demás,

censurada.

Tocó a la puerta.

No tardó en abrirle una mujer hermosa.

-¿Cuánto cuesta un beso? -preguntó el último de los hombres a la prostituta de Magdala

mientras sacaba una bolsa con treinta monedas de plata.

-¡¿Cuánto cuesta un beso?! -preguntó de nuevo, desesperado, Judas Iscariote.

La mujer lo miró de arriba a abajo.

-La inocencia -contestó María Magdalena y se despidió de él con un beso.

EL MEOLLO DEL ALBUR ESCONDIDO

(RÁSCALE PA’ QUE LO ENCUENTRES)

El juego del albur disfraza… esconde;

se trata de sacar de una palabra 

inocente otra soez, hacer que todo tenga doble sentido

y que éste, con suerte, 

se vuelva triple.

-Carlos Fuentes

¡Ay, qué rico es alburear!

-Carmen Salinas

Préstamos de lengua,

picardía a la mexicana,

llena de vocablos 

te vas escupiendo calambures.

¡Ay, qué tino en los albures!

Abierto el diccionario,

la nariz bien adentro,

buscas retruécanos,

metonimias.

Pones la pluma en algunas

analogías.

A lo sumo

sacarás una metáfora

para tu palíndromo solitario.

Pero por más que te empapes

de libros metidos en cajones, 

¡pa’ que más que la verdad!,

así no aprenderás albures.

Lo primero que tienes que saber

es que nuestro español tiene tres raíces:

la europea,

la indígena,

no vayas a sobajar a la negra,

deja que la banana entre a tu vocabulario.

Si quieres llegar

hasta lo más hondo del 

mexicano 

lenguaje debe haber ganas

de mancharte la boca. 

Si te gusta a ti eso 

de la rima

salte al barrio, mi carnal,

o enjuágate los pelos con el jugo

del champú Chava Flores. 

Es muy bueno, de verdad,

te afloja lo inhibido.

O sóplale a tu mona,

chance se te aparece Sergio Corona.

Pídele este deseo:

– Que la pulcata que da pa’ Tasqueña esté siempre abierta.

Ahí te enseñarán que ya la tienes

peladita y en la boca,

no importa si eres tornillo 

o la dama más recatada,

si naciste en Peralvillo

o tu cuna fue dorada,

si todavía estás morrillo

o ya te jalas las arrugas de la cara.

Tu lengua siempre está preparada. 

Yo no soy vulgar,

el albur es de quien nomás lo entiende,

porque siente que lo puede contestar,

pero lo aguanta hasta que lo pierde.

Préstamos de lengua,

picardía a la mexicana,

llena de vocablos 

te vas escupiendo calambures.

¡Ay, qué tino en los albures!

Hugo Galván, Ciudad de México, 1988. Podrá ser poeta, locutor, periodista, escritor… pero nunca una estrella de porno.

Twitter: @hugokoatl

Blog: https://misobrascompletas.wordpress.com/ 

Autor de la novela Ritornello: otra canción pegada a la memoria y del libro Rock impop: el rock mexicano en la radio Top 40.

Parte del grupo de Poesía en Voz Alta Itinerante de Casa del Lago (UNAM).

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, ha colaborado para Grita Radio, El Universal, Radio Centro y Televisa, entre otros medios.

http://www.revistaelhumo.com/

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