Un experimento de ‘alta’ cocina en Maine: marihuana para las langostas

Un experimento de ‘alta’ cocina en Maine: marihuana para las langostas

Un par de langostas, como las que el restaurante Charlotte’s Legendary Lobster Pound, en Maine, quiere sedar con marihuana CreditRobert F. Bukaty/Associated Press

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Tu muerte es inminente y será dolorosa. Pero minutos antes, tu ejecutor te da… un cigarrillo de marihuana.

“Si alguien me ofreciera esa opción y dijera: ‘¿Quieres fumar esto primero?’, mi respuesta sería un contundente ‘Sí’”, dijo Charlotte Gill, la propietaria del restaurante Charlotte’s Legendary Lobster Pound, en Southwest Harbor, Maine.

Gill quiere darles esa oportunidad a los crustáceos de los que depende su negocio, por lo que ha puesto a prueba el uso de la marihuana para drogarlos y que así se sumerjan sin dolor ni estrés en el agua hirviendo.

Los métodos de Gill han generado mucha publicidad y una saludable dosis de escepticismo: ¿las langostas pueden drogarse? ¿Sienten dolor?Si una langosta en efecto se droga, ¿es posible que quien la ingiera después absorba la cannabis? Y si es así, ¿eso está permitido?

La respuesta a la última pregunta parece ser no, por lo menos por ahora, a decir del gobierno de Maine.

Los inspectores de salud del estado “considerarían adulterados y por lo tanto ilegales los alimentos contaminados con marihuana servidos a los comensales en restaurantes autorizados, como se ha descrito en el caso de este establecimiento”, comentó Emily Spencer, una portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos del estado, el 20 de septiembre.

“En este momento los reguladores no tienen información sobre las implicaciones ni los efectos en la salud de ‘sedar’ a las langostas con marihuana”, agregó.

Por medio de sus experimentos con langostas, Gill se ha posicionado a la vanguardia de debates de la ciencia y la regulación de la marihuana.

La dueña del restaurante afirma que es innegable que la marihuana tiene el efecto deseado. En una serie de pruebas, los empleados del restaurante pusieron a una langosta en un pequeño contenedor y agregaron algunos centímetros de agua. Canalizaron humo de marihuana a través de un tubo hasta que el contenedor se llenó y dejaron ahí a la langosta durante tres minutos.

Antes de meter a la langosta en el contenedor, Gill dijo que el animal movía la cola, chascaba y agitaba las tenazas. Después de exponerla al humo, se mostró dócil y tranquila.

“Aún es una langosta muy alerta, pero no hay señal de agitación; no mueve las patas ni intenta pellizcarte”, comentó. “De hecho, está tan tranquila que puedes tocar a voluntad todo su cuerpo sin que intente agarrarte ni se muestre agresiva de ninguna manera”.

Este método es preferible, agregó, a arrojar un crustáceo vivo en el agua hirviendo sin la marihuana.

Gill, de 47 años, cultiva la planta en su casa y dijo tener una licencia para hacerlo. Los electores en Maine aprobaron una medida en 2017 para legalizar la marihuana recreativa destinada a personas mayores de 21 años.

Sin embargo, Gill dijo que a mediados de septiembre recibió una notificación del Departamento de Salubridad de Maine de que estaba utilizando la marihuana de modo prohibido porque “se supone que solo debe usarse en personas, no en una langosta”.

Gill, amante autoproclamada de los animales, dice que ha vivido con el dilema desde que comenzó a servir langostas hace seis años. Por lo que este año comenzó a investigar con el personal de su restaurante la idea de darles cannabis a las langostas. Cuando el experimento atrajo publicidad, algunos se preguntaban si se trataba de un ardid publicitario, pero Gill aseguró que no era así.

Añadió que el personal se ha sometido a exámenes de orina después de consumir las langostas tratadas con marihuana, pero que no han encontrado rastro de la droga. Como parte de su experimento más reciente, el padre de 82 años de Gill ha estado comiendo grandes cantidades de langostas sedadas con marihuana todos los días; pronto se hará una prueba de sangre.

La restaurantera dijo que espera que las pruebas le demuestren al estado de Maine que las langostas no absorben la marihuana. No obstante, los reguladores estatales todavía están examinando el caso, a decir de Spencer; mientras tanto, los experimentos están detenidos.

Los experimentos de Gill contribuyen al debate continuo sobre si las langostas sienten dolor. Este año, Suiza ordenó que las langostas y otros crustáceos ya no se arrojen vivos en agua hirviendo, pues señaló que eso les provoca dolor y que deben usarse otros métodos más rápidos.

Sin embargo, no está claro si las langostas pueden sentir dolor, explicó Michael Tlusty, profesor de Sustentabilidad y Soluciones Alimentarias de la Universidad de Massachusetts en Boston, quien ha realizado investigaciones en torno a este crustáceo. Las langostas experimentan el mundo de maneras fundamentalmente distintas a los humanos, señaló.

“Hemos visto langostas con heridas graves que se voltean y comienzan a comer de nuevo inmediatamente después de sufrir la lesión”, dijo Tlusty. “¿Qué significa eso en cuanto a la percepción del dolor?”.

Las investigaciones sobre los efectos de la marihuana en las langostas son escasas, pero Tlusty dijo que un artículo de 1988 indicaba que las langostas reaccionaban en cierta forma a un químico en la droga.

Joseph Ayers, un profesor de Ciencias Marinas y Ambientales y Biología en la Universidad Northeastern que ha estudiado a las langostas durante cuatro décadas, dijo que los crustáceos eran demasiado simples como para sentir dolor, tal como lo experimentan los humanos.

Y ¿acaso sus cerebros pueden drogarse?

“Quién rayos lo sabe”, dijo Ayers.

https://www.nytimes.com/es

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