DERIVAS DEL ARTE DE LA RUPTURA

Estos días se constata el interés por el arte de la ruptura con dos muestras en T.138 y la Galería Óscar Román; aquí, los representantes de ambos espacios hablan de la diversidad de prácticas que rompieron con la visión nacionalista en el arte durante los años 50 y 60

CARLOS RODRÍGUEZ 

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Imagen – ‘Lenguaje mudo’ (2017), de Luis López Loza

 

Estos días dos exposiciones en la Ciudad de México retoman lo que se conoce como arte de la ruptura, que se desarrolló en México entre 1952 y 1965: Ruptura I, que se puede ver en el espacio T.138, y Luis López Loza. Las constelaciones de la forma, en la Galería Óscar Román. Algunos de los creadores vinculados a este fenómeno son Alberto Gironella, Manuel Felguérez, Helen Escobedo, Vicente Rojo, Kazuya Sakai, José Luis Cuevas, Roger Von Gunten, Arnaldo Coen, Luis López Loza y Juan García Ponce, entre otros. “Ellos no se conformaron como un movimiento, Octavio Paz acuñó el término de ruptura, pero fueron Jorge Manrique y Teresa del Conde quienes lo usaron de forma académica para referirse a un grupo de artistas mexicanos y extranjeros que tenían en común la ruptura con el arte nacionalista, específicamente con la Escuela Mexicana de Pintura, conformada por los muralistas”, explica Claudia Herrera, curadora de la muestra en T.138. Óscar Román, director de la galería que lleva su nombre, fundada en 1991, añade que este grupo divergente y antagónico “abraza las vanguardias, el cosmopolitismo y la influencia de los creadores extranjeros que llegaron a México, así como un quiebre con la visión nacionalista en el arte”.

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Imagen- Vista de la muestra ‘Ruptura I’

Un ejemplo de esta práctica, vinculada al ejercicio artístico que se expandió a través de la relación con otros creadores, es la trayectoria de Luis López Loza (Ciudad de México, 1939). El pintor y escultor mexicano estableció lazos con muchos artistas que enriquecieron su imaginario. Así lo explica Román: “Al relacionarse con Ricardo Martínez, Luis López tuvo una mejor comprensión de la poesía y los discursos literarios; fue con Juan Soriano con quien comenzó a hacer escultura. Wolfgang Paalen –creador austriaco al que estos días en Museo Carrillo Gil dedica una muestra– lo enriqueció en el conocimiento de los pigmentos; con José Luis Cuevas, por otro lado, aprendió a llevar el dibujo a la abstracción”. La evolución del arte de López Loza se constata en su exposición, que se nutre de obras recientes.

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Imagen- Vista de la muestra ‘Ruptura I’

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Imagen- Vista de la muestra ‘Ruptura I’

¿Existe un interés renovado por el arte de la ruptura? “Este periodo es de suma importancia para T.138, espacio que fundaron Mario Llaca y Cristina Cialona en 2017”, comenta Herrera. La Galería Pecanins, que abrió en octubre de 1964 y cerró sus puertas en 1999, fue un agente importante para promover la producción de estos creadores. Ruptura I es la primera muestra de tres que consta de 60 piezas de las 900 que pertenecieron a la galería que fundaron las hermanas Montserrat, Ana María y Teresa Pecanins. Obras de Arnaldo Coen, José Luis Cuevas, Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Alberto Gironella y Gabriel Macotela nutren la muestra. “Siempre ha existido a nivel académico y de investigación el interés por el arte de la ruptura. El Instituto de Investigaciones Estéticas tiene un grupo de estudio para estos fines con numerosos académicos abocados a este periodo, entre ellos Rita Eder y Guillermo Santamarina”, acota Herrera. Román detecta que tanto en la educación artística como en las prácticas contemporáneas las cualidades de los creadores de la ruptura permiten observar mejor los aportes trans y multidisciplinarios la escena artística actual.

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Imagen – ‘Taurus’, de Luis López Loza

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Imagen – ‘Esperando la forma’ (2017), de Luis López Loza

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