Extracciones: Después [Nurit Kasztelan]

Extracciones: Después [Nurit Kasztelan]
COMENTARIO Y SELECCIÓN DE ANA CLAUDIA DÍAZ

“No cierres las historias/ los amores van y vienen/ no trates de buscarle una explicación a todo/ entregate al devenir de las cosas/ a desandar el camino de tu cabeza/ sé lenta para desaprender./ Y ahí donde no hay, corré.” Así: entre el desamor y el amor; entre los recuerdos y la sabiduría, se balancea la autora en Después. Como quien va siguiendo las migas de Hansel y Gretel hasta llegar al presente, pero por un camino no convencional, poblado de recovecos y texturas.

En Después, Kasztelan ingresa a zonas oscuras de la memoria “Los ojos abiertos/ no le tenían miedo a la oscuridad/ sino a algo más negro” y arrastra eso hasta un “ahora” más amable pero no menos áspero; algo que se vuelve más flexible, más suave, con el paso del tiempo pero que no por eso deja de doler cuando la vista mira en retrospectiva. “después, el anecdotario de vivencias,/ después, los abrazos torpes, después/ los días por venir,/ después, el dolor también,/ después.”

Un poemario lleno de fe, espontaneidad y frescura envuelto en la palabra añeja que hace costra en el interior del “yo poético” y necesita ser dicha. Textos en pleno movimiento. La luz asomando en el devenir, la certeza de saberla cerca en imágenes como fotos de palabras: cálidas, poblando los textos y el “después” de aquello.

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DESPUÉS (CALETA OLIVIA, 2018)

El alhajero

Cuando ella gritaba de ese modo
yo cerraba los ojos
ponía la radio a todo volumen
y le hubiera cosido los labios
para que se callara.
A veces me aferraba a su vestido
hasta que como ventosa
me convertía en ese juguete que se pega
resbala por los vidrios
y termina en el piso.
A veces fingía que dormía y por las noches
la espiaba en puntas de pie.
Los ojos abiertos
no le tenían miedo a la oscuridad
sino a algo más negro.

Ojalá estos recuerdos se reduzcan
a la filigrana de un camafeo
tan pequeño que apenas
entre en una caja.


Intento inútilmente congelar recuerdos

Como quien mira por la ventanilla un paisaje
cuyo desvío es tan lento
que pareciera que no sucede,
así pasan mis días.
Cambiaría tanto
por tan poco:
unas horas más de sueño
que se arregle el calefón
seguir el orden natural de las cosas
congelar los recuerdos.
Descalza en una alfombra vieja
miro con insistencia el reloj de a cocina.
El esmalte de uñas ya está seco.
Pleno verano y yo
con medias de nylon color verde.
¿Existe humillación más plástica?
Sí, la que pasé la noche que tuvimos
una discusión teórica.
Él me enseñó
que la palabra pezón, en alemán
es una mala palabra.
Hoy la mañana se estanca en el pudor
de un camisón demasiado escotado.
Y lo que tengo para decir
pareciera escribirse en un lenguaje en desuso.


A mitad de camino

El olor ácido de las minas de azufre,
un lago a cuatro mil metros de altura,
cien vacas pastando
al costado de la ruta.
Todavía admiro
cómo sucede una formación de lava,
me dan miedo las despedidas
y me parecen ásperas las sábanas
en los cuartos de los hostales.
Espero grandes acontecimientos


Salimos del amor

Las langostas son pequeñas
pero de repente
por algo que no se explica
crecen tanto
que tienen que cambiar
el caparazón que las cubre.
Entonces se esconden unos días
debajo de una roca
hasta que su cuerpo
produce un caparazón nuevo
para poder volver a la arena
con otro envoltorio.
Y eso que les ocurre es tan natural
que lo realizan varias veces en su vida.
Así está mi corazón hoy
ensanchándose
debajo de la roca.


Algo

Dejá algo a qué aferrarte
una creencia, tal vez
la cola de un gato
la toalla que un ex amor dejó en tu casa
dejá siempre en la heladera un frasco casi vacío
ese que otra persona ya hubiera tirado
no des vuelta la página
tan rápido de los libros
leé dos veces el mismo párrafo
no des vuelta tan rápido las historias
diversificá tus pasiones
recordá que mucha agua en las plantas
no sirve de nada
las vas a terminar ahogando
es más útil que las pongas
en un espacio intermedio entre el sol
y la sombra
es más útil que las podes de los yuyos
desmalezá también las cosas de tu casa
tirá ropa, objetos viejos
pero igual, dejá siempre algo a qué aferrarte
una remera aunque solo sea de recuerdo
esa que no vas a usar pero está ahí
mostrando la que fuiste
esa que aunque quieras ocultar
con capas de otras cosas
sigue ahí, dentro tuyo
esperando que cualquier señal
la haga asomarse de vuelta.
No cierres las historias
los amores van y vienen
no trates de buscarle una explicación a todo
entregate al devenir de las cosas
a desandar el camino de tu cabeza
sé lenta para desaprender.
Y ahí donde no hay, corré.


Nurit Kasztelan

NURIT KASZTELAN (Buenos Aires, 1982). Publicó Movimientos Incorpóreos (Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2007), Teoremas (La Propia Cartonera, Montevideo, 2010), Lógica de los accidentes (Vox, Bahía Blanca, 2013; Liliputienses, Cáceres, 2014,2015) y O amor era um jogo instável (Nosotros, San Pablo, 2018). Formó parte de la antología de dramaturgia Perfecta Anarquía, compilada por Andrea Garrote (Jacotot, Buenos Aires, 2011). Coordinó el ciclo de lecturas La manzana en el gusano y fue coeditora de la revista No-retornable. Codirige la editorial Excursiones y gestiona la librería atípica Mi Casa. En 2016 obtuvo la beca Formación del Fondo Nacional de las Artes para la realización de este libro.

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