Los «ladrillos de la vida» llegaron del espacio

Un nuevo estudio demuestra que el los fosfatos que proporcionan energía a todas las células vivas se formaron en nubes moleculares frías del espacio interestelar

Cometas como el 67-P Churiumov-Gerasimenko pudieron traer hasta la Tierra los fosfatos necesarios para que se estableciera la vidaCometas como el 67-P Churiumov-Gerasimenko pudieron traer hasta la Tierra los fosfatos necesarios para que se estableciera la vida – Archivo

Todos los seres vivos que conocemos están hechos de células, y esas células necesitan energía para replicarse. Sin esas dos cosas, células y energía, los organismos que habitan la Tierra no serían capaces de reproducirse y, sencillamente, no existirían.

Para que todo funcione como es debido, además, existe una serie de elementos de gran importancia, entre ellos los fosfatos, de cuyos orígenes, sin embargo, sabemos aún muy poco. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Hawái en Manoa, junto a colegas de Francia y Taiwán, han conseguido recopilar nuevas y convincentes evidencias de que ese componente esencial para la vida se generó en el espacio exterior, y llegó a la Tierra durante sus primeros mil millones de años de existencia, “a caballo” de cometas y meteoritos. De esta forma, los compuestos del fósforo pudieron ir incorporándose, en forma de biomoléculas, a las células de todos los seres vivos que pueblan nuestro planeta.

La investigación, dirigida por Andrew Turner y Ralf Kaiser, acaba de publicarse en Nature Communications.

Según puede leerse en el estudio, los fosfatos y el ácido difosfórico resultan esenciales para la biología molecular. De hecho, son los principales constituyentes de los cromosomas, los portadores de información genética en los que se encuentra el ADN. Junto con los fosfolípidos en las membranas celulares y el trifosfato de adenosina, que funcionan como portadores de energía en las células, forman el material autoreplicante que está presente en todos los organismos vivos de nuestro planeta.

Los investigadores hallaron que, al exponer esos granos a radiación ionizante (en forma de electrones de alta energía) para simular la acción de los rayos cósmicos en el espacio, se sintetizaban múltiples compuestos del fósforo, como los ácidos fosfórico y difosfórico, o el fosfano, un gas muy inflamable, capaz de explotar a temperatura ambiente y que tiene un fuerte olor a ajo.

“En la Tierra -explica Turner- el fosfano resulta letal para los seres vivos. Pero en el medio interestelar, una serie de reacciones químicas exóticas pueden promover vías raras de reacción química para iniciar la formación de moléculas biorelevantes como oxoácidos de fósforo, que eventualmente podrían prender la evolución molecular de la vida tal y como la conocemos”.

Medio interestelar

Para el investigador “los oxoácidos de fósforo detectados en nuestros experimentos mediante la combinación de analíticas sofisticadas que involucran láseres acoplados a espectrómetros de masas junto con cromatógrafos de gases, también se podrían haber formado dentro de los hielos de cometas como 67P / Churyumov-Gerasimenko, que contiene una fuente de fósforo que se cree derivada del fosfano”.

“Dado que los cometas contienen al menos parcialmente los restos del material del disco protoplanetario que formaba nuestro sistema solar -afirma por su parte Cornelia Meinert, de la Universidad de Niza y coautora de la investigación- estos compuestos podrían remontarse al medio interestelar, a los lugares en los que haya suficiente fosfano entre los hielos interestelares”.

Una vez entregados a la Tierra por meteoritos o cometas, estos oxoácidos de fósforo pasaron a estar disponibles para la química del fósforo prebiótico. Por lo tanto, comprender cómo se produce la síntesis de estos oxoácidos resulta esencial para desenredar el origen de los compuestos de fósforo prebióticos solubles en agua, y averiguar cómo pudieron incorporarse a los organismos no solo en la Tierra, sino también, potencialmente, en muchos otros lugares de nuestro universo.

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