POE+ de JORGE SOSA

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Mira su teléfono celular

esperando que la salve.
Está borracha y aburrida.
No sé cómo se llama
así que le digo amordemivida
para hacerla reír.
Manda otro mensaje
y vuelve a poner el teléfono en la mesa
sin quitarle los ojos de encima.
La pantalla
permanece oscura.
Me gusta su risa hueca
de borracha.
Su risa es un gato
amarrado a un poste con un alambre,
apaleado, bajo la lluvia,
que maúlla sin saber por qué.

(La noche, la muerte y la pizza nunca llegan a tiempo)

Los ladrones de mi calle
asaltaban por tenis.
Te los cambio, decían
con la mano derecha en la bolsa de la chamarra,
el aliento de thinner,
los ojos enfocando lo que nadie más veía.
Uno de ellos
fue la primer persona que vi
herida de bala.
Muerto frente a un aro de básquetbol,
con un legado considerable de Nike, Adidas, Converse, Vans.

(Los objetos en el retrovisor pueden parecer más tiernos de lo que realmente son)

Salta del tren
aunque caigas en otro tren.
Nunca te adaptes.
Los que se adaptan
terminan cubiertos de vestiduras de piel
con bolsas de aire
sin grasas trans
a meses sin intereses
envueltos en celofán.

Saddam Hussein

es Elvis,
su cadáver permanecerá
colgado para siempre
en un lugar que solo existe
en un video de Internet.
Los turistas visitarán su estrella
en el paseo de la fama del futuro,
junto a las de Osama, Gaddafi,
Berlusconi y Bush.

Crecí viendo series de televisión

acerca de doctores
y sus pacientes.
Horas y días de fracturas, vendas,
muletas, yesos,
sueros, lupus,
córneas,
orines, hemorragias,
infartos,
hígados, riñones,
enfisemas, resonancias
y sexo.
Cada sala de espera
de un consultorio médico
me hace sentir
en un casting de pornografía.

En el aeropuerto de Panamá

termino una lata de coca
y encuentro 4 botes de basura.
Orgánico
Papel
Plástico
Vidrio
Soy un niño
al que invitan a comer
a casa de un amigo
y no conoce los cubiertos en la mesa.
La lata y yo
sabemos cómo se siente,
nadie más.

¿Qué tan pronto es ahora?

Desde los techos de mi ciudad, francotiradores del ejército han disparado contra gente desarmada. Un vecino me apuntó con una pistola por hablar con su prima en la calle. En la escuela, cada pastilla de la enfermería estaba caduca.
Si sobrevives, quedan miles de canciones de amor, baladitas pop que se te enredan en el cuello poco a poco. Dejan marcas de espinas, colmillos de vampiro. Espesan la sangre hasta volverla aceite. Si tienes suerte, te asfixian con una boca en tu boca mientras duermes.
Jorge Sosa (Ciudad de México, 1981). Miembro del colectivo de arte multimedia Los KFGC. Publicaciones en Los Noveles, Viento en Vela, Palestra, Cuadrivio y Playboy México.
http://www.revistaelhumo.com/

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