Bob Dylan, sangre al desnudo

El cantautor lanza las tomas alternativas de su clásico de 1975 «Blood on the tracks»

Bob Dylan

Era septiembre de 1974, y Dylan entraba en los estudios A&R de Nueva York en pleno derrumbe matrimonial. Había regresado a las giras tras ocho años fuera del mapa de carreteras, desde que se diera aquel piñazo con su moto Triumph 500 en Woodstock. Tenía 33 años. Y niega absolutamente que cantara nada autobiográfico, todas las canciones se basan en cuentos de Chejov. Aunque su hijo Jakob aporta un matiz diferente: «Son mis padres hablando». Esto es «Blood on the tracks», del que este 2 de noviembre se lanzan las grabaciones alternativas: «More blood, more tracks». Más madera al mito.

Dylan volvió levemente locos a los músicos los cuatro días que pasó en aquellos estudios neoyorquinos (más otros dos en Mineápolis), puesto que el segundo día los largó a todos menos a uno. Así, en estas tomas alternativas se ahonda en la pureza del alma de la canción en comparación con la pegada y los arreglos de los que goza el oficial más adornado. «Sangre en las huellas», en su traducción, es la obra del hoy premio Nobel entonces ensangrentado por la vida.O por Chejov…

En estas pistas, tal como el guitarrista Eric Weissberg le contó a «Uncut», el bardo de Minnesota apostaba por un estilo descuidado y andaba bebiendo vino, lo que le restaba concentración. «No estaba interesado en las tomas perfectas», cuenta el músico de estudio. Así, se nota una sustancial diferencia en algunos de los temas, como, por ejemplo, en el clásico «Tangled up in blue» o en «You are a big girl now», que en el bootleg no cuenta con esas guitarras españolas punteando, o la desnuda y emotiva «Idiot wind». Tanto cambio fue por influjo de David Zimmerman, el hermanísimo.

Trompazo comercial

Y es que todo estaba preparado para que el decimoquinto disco de Dylan saliera a finales de diciembre, incluso se habían impreso miles de carátulas. Pero pasando la Navidad con David este le convenció de que parara máquinas in extremis porque se iba a pegar un trompazo comercial. Veía que le faltaba mambo, lo encontraba rígido. Finalmente, cinco de esas diez canciones se regrabaron, a punto de las uvas, con un grupo de músicos locales en Mineápolis. Y las aceleraron un 2% o 3% para las radios, para conseguir ese empuje extra que permitiera, quizá, captar mejor la atención del oyente. El 20 de enero, salió al mundo.

Esta entrega 14 de la «Bootleg series» reúne 10 tomas alternativas y una versión inédita de «Up to me». Es una vuelta a las esencias de los temas, al espíritu primigenio de uno de los discos más importantes en la carrera de Dylan, tanto desde el punto de vista crítico como comercial, en un punto de ocaso vital con Sara Lownds, madre de cuatro de sus hijos. También hay otra versión del lanzamiento con un pack deluxe con 6 cedés con tomas descartadas, inicios errados y charlas de vestuario. El periodista Jeff Slate escribe en el libreto: «En estas grabaciones, encontramos a Dylan — un cantante solo con una guitarra y una armónica y un puñado de buenas canciones— ofreciendo interpretaciones que te animan cuando se supone que deben hacerlo, y te rompen el corazón cuando es necesario…». Y recordemos que Luca Guadagnino («Call me by your name») convertirá el álbum en película. Hasta el momento, solo se sabe lo que adelantó su guionista Richard LaGravenese: «Dramaticemos lo que sucede cuando dejas que tus pasiones se adueñen de ti».

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