Cinco microrrelatos de amor

Cinco microrrelatos de amor

CreditBrian Rea

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Cosas que mis citas de Tinder me ofrecieron

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Cinco microrrelatos de amor

Las repisas que me ayudó a instalar un chico con el que salí. CreditSarah Morris

Algunas de las cosas que me ofrecieron mis citas de Tinder (aparte de sexo) fueron: frascos de mermelada, ayuda con la colocación de repisas, llevarme al aeropuerto, un helado con cacahuates para la resaca, atajos por todo Durham, visitas a Costco, el teléfono de un comisionado de planeación, una consulta médica, una visita a la exposición de Georgia O’Keeffe, solidaridad, pan casero de calabaza, historias acerca de sus madres, los mejores lugares para nadar y abrazos largos que no pasan de eso. Yo pensé que las citas en línea se basaban en una necesidad física, pero en lugar de eso he tenido muchas experiencias de intimidad en pequeñas dosis. Que también se relacionan con la necesidad. Casi con el amor.

Sarah Morris

No envíes desnudos

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Completamente vestidos en el sur de Filadelfia

Nosotros éramos moderadores de contenido en línea que borraban fotografías con desnudos. Todo el día navegábamos entre miles de fotografías y mensajes reportados como inapropiados en una aplicación para citas. Nos sentábamos cerca, pero nuestra oficina tenía una regla estricta de no conversar, así que nuestra relación comenzó en silencio mientras nos enviábamos por Gchat algunas cosas graciosas que encontrábamos. Esto derivó en más mensajes hasta que un día nos cansamos de hablar de desnudos y decidimos vernos desnudos el uno al otro.

Kristine Murawski

En busca del amor propio

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Camino a casa

A lo largo de mis batallas con el trastorno obsesivo compulsivo, mis padres, mis novios y gente famosa de las redes sociales me han enviado a una búsqueda frenética y casi siempre infructuosa del amor propio. He intentado exudar amor propio en sus diversas formas: una fotografía perfecta en Instagram, un calendario rebosante de actividades sociales, una sonrisa forzada en la oficina. Sin embargo, estas expresiones externas no son suficiente en los silenciosos momentos en que la preocupación y la duda me asaltan. Cuando todo parece perdido durante los solitarios viajes en tren de vuelta a casa, mi mayor triunfo consiste en encontrar el valor de murmurar: “No pasa nada. Te ayudaré a superar esto. Te amo”, y abordar el tren de nuevo.

M. C. Connors

Una señal inesperada

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El profético pañalero de cangrejo

Tenía 30 años y sabía que no podía tener un bebé. Un día, mientras acompañaba a una amiga embarazada a ir de compras, me fascinó un pañalero a rayas con un cangrejo cosido en la parte trasera. Le dije que, si algún día tenía un hijo, me gustaría que lo usara. Ocho días más tarde, fui a la iglesia y vi a un niño acurrucado en los brazos de su abuela. El bebé vestía ese mismo pañalero. Al final del servicio de ese día, el reverendo anunció que el bebé necesitaba un hogar de inmediato. Dos días después, se mudó conmigo. Ahora tiene 5 años y es mi hijo.

Sarah Mouracade

Le dije: ‘Te amo’; respondió: ‘Gracias’

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Juntos en mi hamaca

Nos encontrábamos en mi hamaca cuando miré los calcetines que traía puestos, unos que él me había prestado, y le dije las palabras que me atemorizaba tanto pronunciar: “Te amo”. La hamaca se mecía, los grillos cantaban. “Gracias, pero yo todavía no te amo”, dijo. Señaló mis pies. “Esos no me quedan. ¿Los quieres?”. Sentí como si la hamaca se hubiera volcado y me hubiera lanzado con violencia; no me amaba, aquí terminaba todo. Pero años más tarde, seguimos recostándonos en mi hamaca y yo sigo poniéndome esos calcetines. Tenía razón: son demasiado pequeños para sus pies.

Madeleine Fawcett

https://www.nytimes.com/es/

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