Dios dio instrucciones por escrito sobre qué debemos hacer con nuestra mierda

Jaime Noguera

Dios dio instrucciones por escrito sobre qué debemos hacer con nuestra mierda

Quizás lo de Willy Toledo sea un castigo divino, no por cagarse sobre el Altísimo, sino por no cumplir las indicaciones celestiales para gestionar los excrementos humanos. Y es que Dios, además de castigar a las mujeres con partos dolorosos(más la sumisión al hombre) y matar, según el escritor Steve Wells (en su libro “Drunk with Blood”) a unos 25 millones de personas (pecador arriba, pecador abajo) no lleva bien la visión y el hedor de las heces humanas, a pesar de que (supuestamente) él fue el diseñador de nuestro aparato excretor. Y como nuestras deyecciones le dan asquito, el señor dejó por escrito en la Biblia qué hacer (y como) con el popó nuestro de cada día.

Estaba Moisés conectando con Dios en ese gran rúter conocido como Monte Sinaícuando apareció un mensajero de SEUR con un envío en el que aparecía escrito “Guía práctica para escribir el Déuteros nómos ( que quiere decir Segunda Ley, Moisés querido) Firmado: Dios S.L”. El guía elegido del pueblo elegido firmó en la tablet de arcilla y abrió el pesado paquete. “Primero las tablas de la ley y ahora esto, Yahveh, ya te vale, que estoy mayor y la ciática me tiene loco” debió pensar el profeta. Se sentó en el suelo, sacó una bolsa de saltamontes y se los puso a comer, como si fusen pipas, mientras leía los textos recibidos.

Dios dio instrucciones por escrito sobre qué debemos hacer con nuestra mierda

Un texto para gobernarlos a todos

El Deuteronomio determinaría cómo se debía vivir la alianza entre los israelitas y ese Dios tan majo que, después de permitir que fuesen expulsados de Egipto, les tuvo cuarenta años malviviendo por el desierto. Además de una recopilación de los mejores monólogos de Moisés, constituía una especie de manual de boys scouts para la convivencia, con una serie de normas que iban desde la organización de los sacrificios hasta los castigos para falsos profetas (lo que no se incluyesen en la franquicia religiosa hebrea), pasando por el pago de impuestos o lacelebración de fiestas. Todo tipo de leyes para la existencia individual y social. Y, como no, Dios tenía que decir algo sobre el oloroso producto del sistema encargado de eliminar las sustancias tóxicas y los desechos de nuestro organismo.

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La Ley es la Ley y está para cumplirse

Veamos los consejos divinos para proceder con el producto de nuestras digestiones: Deuteronomio 23:12-13)

12 “Designarás un lugar fuera del campamento donde puedas ir a hacer tus necesidades. 13 Como parte de tu equipo tendrás una estaca, con la que cavarás un hueco y, luego de hacer tu necesidad, cubrirás tu excremento”.

Básicamente, Dios explicó a Moisés, su cabo chusquero, como organizar unas letrinas. Como suele ser habitual, el misericordioso trató al pueblo de Israel como si fuese el reparto de la fesseriana Campeones, vaya a ser que no tuviesen claro que (por higiene y el bienestar de las fosas nasales comunitarias) era una buena idea hacer un agujero, cagar en él y luego taparlo con tierra.

14 “Porque el Señor tu Dios anda por tu campamento para protegerte y para entregar a tus enemigos en tus manos”.

El primer Gran Hermano (bueno, padre en este caso), Jehová, que es además es un ser omnipresente, se dedicaba a realizar tareas de vigilancia en los campamentos de refugiados hebreos. Seguramente, ojo avizor a entregar a los milicianos mosaicos a cualquier palestino que se pasase por allí con intenciones supuestamente aviesas.

“Por eso tu campamento debe ser un lugar santo; si el Señor ve algo indecente, se apartará de ti.”

La indicación sobre el tratamiento de las defecaciones judías termina con una seria advertencia. “Tenemos un pacto que, como yo soy una deidad, es sagrado, pero como vea el más mínimo zurullo sin tapar, me paso nuestro acuerdo (por muy pueblo elegido mío que seáis) por salva sea la parte (¡he dicho, oh, siervos!)”.

Ahora ya entendemos que Moisés siempre llevase un cayado a mano. No para abrir las aguas del mar Rojo, ni por la edad. Es que siempre andaba suelto del estómago.

Dios dio instrucciones por escrito sobre qué debemos hacer con nuestra mierda

¿Si a Dios le parece mal que caguemos, para qué nos puso culo?

Dado que Yahveh castigó a Moisés (por un problema de falta de confianza) contener que morir sin poder ver la Tierra Prometida a pesar de los cuarenta añazos que se había mamado en el desierto, nos hubiese gustado que el profeta le hubiese respondido algo tipo “Eh, Dios, a ver, si te parece indecente lo que producen nuestros intestinos, nos podías haber dotado de fotosíntesis como a las plantas, o habernos instalado un sistema excretor que exudase Channel Número 5, o que cagásemos raciones de suculento cordero a la brasa, ya te vale con tanta exigencia, aclárate”. En la Biblia, sin embargo, no encontramos tal capítulo, aunque quizás algún día aparezca en los Archivos Vaticanos.

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¡Espero que os hayáis traido papel!

Con información (o algo) de la Biblia.

https://blogs.publico.es/strambotic

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