Este es el poema de Ida Vitale que ha leído el ministro de Cultura

En el anuncio del fallo, José Guirao, que le ha echado misterio, ha querido leer un poema de la ganadora antes de anunciar su nombre

La poeta Ida Vitale ha ganado el Cervantes

La poeta Ida Vitale ha ganado el Premio Cervantes 2018, según el fallo del jurado hecho público hoy por el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao.

En el anuncio del fallo, el ministro de Cultura, que le ha echado misterio, ha querido leer un poema de la ganadora antes de proclamar de quién era. El poema elegido es uno de los más conocidos de la autora.

«Gotas»

¿Se hieren y se funden?

Acaban de dejar de ser la lluvia.

Traviesas en recreo,

gatitos de un reino transparente,

corren libres por vidrios y barandas,

umbrales de su limbo,

se siguen, se persiguen,

quizá van, de soledad a bodas,

a fundirse y amarse.

Trasueñan otra muerte.

 

Vitale es la quinta mujer en obtener el Premio Cervantes, en sus más de 40 años de historia. Solo otras cuatro veces ha sido reconocida una escritora: las españolas María Zambrano (1988) y Ana María Matute (2010), la cubana Dulce María Loynaz (1992) y la mexicana Elena Poniatowska (2013).

Es una de las pocas ocasiones en las que no se ha cumplido la ley no escrita que reparte alternativamente el Cervantes entre Latinoamérica y España, ya que el año pasado lo ganó el nicaragüense Sergio Ramírez.

Entre los candidatos a este prestigioso premio también figuraban autores como Enrique Vila Matas, Luis Goytisolo, Javier Marías o María Victoria Atencia.

Y de estrambote por llegar hasta aquí, os vamos a dejar con otros dos poemas de la uruguaya:

Cuadro

Construimos el orden de la mesa,

el follaje de la ilusión,

un festín de luces y sombras,

la apariencia del viaje en la inmovilidad.

Tensamos un blanco campo

para que en él esplendan

las reverberaciones del pensamiento

en torno del icono naciente.

Luego soltamos nuestros perros,

azuzamos la cacería,

la imagen serenísima, virtual,

cae desgarrada.

Penitencia

¿Mirar atrás será pasar

a ser de sal precaria estatua,

un perecer petrificado

preso en sí mismo, parte

del roto encanto de un paisaje

cuya música no logro más oír?

¿Debo matar lo que miré,

el mito que minuciosa

pliego y despliego,

grava para mi paso solo?

¿Ciega borrar lugares,

playas, vientos, el tiempo?

Sobre todas las cosas,

anular horas que se han vuelto inútiles

como lluvia que cae

sobre el mar implacable,

como mis propios pasos

si no son penitencia.

https://www.abc.es/cultura/libros

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