Extracciones: Iron Mountain [Alejandro Rubio]

Extracciones: Iron Mountain [Alejandro Rubio]

Portada Iron Mountain

Hace un par de meses, se publicó en Argentina Iron Mountain, de Alejandro Rubio, vía sello Iván Rosado. A continuación, les presentamos una pequeña selección (a cargo de Ana Claudia Díaz) del último libro de quien es considerado uno de los nombres más sobresalientes de la bullada generación de poetas argentinos de los 90 (ese lote integrado por Gambarotta, Casas, Wittner, entre otros). Que la disfruten.

 

Iron Mountain

1.

Mi montaña de cobre,
mi montaña de zinc,
mi montaña de hierro,
sobre tu nube más alta descansa la cabeza mi señor
masticando.

 

1.

Crepúsculos salvajes de mi montaña,
sobre tus rosas y naranjas se ve flotar un globo
amarillo dependiente que no es un globo
sino una señal:
UNA GRAN TORMENTA ESTÁ POR LLEGAR.

 

0.

Mi montaña de oro,
en tus laderas trabajé y trabajé
en desmonte y caza menor
hasta que llegaron ellos.
Sos el corazón recóndito de mi terruño
y por eso me enfrenté, sacando fuerzas febles me enfrenté
a sus dragones y demonios del infierno
que cavaban y tragaban y expelían
tu propio tesoro.
Entre esos horrores yo corría
y me alborotaba, la melena hecha un fuego,
corriendo peligro mortal, estorbándolos,
hasta que en medio de puteadas y brazos en alto y silbatos
comprendí que eran máquinas, máquinas manejadas por hombres,
y por lo tanto frágiles:
pasibles de derrota.
Ha venido ayer el comisario a casa.
Es el progreso, dijo.
¿Progreso? ¿Progresa
el corazón recóndito de mi terruño?

 

1.

Montaña de litio,
el indiecito que te camina desde abajo
no te comprende.
Te comprende la Ciencia de la Geología,
te comprenden los que hacen cálculos.
El indiecito solo sabe
que a tu pie nació
lo mismo que sus padres y abuelos.
Ese es un conocimiento sobre él,
no sobre vos.
Si estuvieras de alguna forma animada,
¿a quién le darías la razón?

 

0.

Mi montaña de polietileno,
ya no crecerás más:
así lo ha dictaminado
un decreto municipal.
Eras ya muy alta,
hay que admitirlo.
Dicen que el suelo se desprecia con tu peso.
Nosotros no lo sabemos,
solo que eras fuente de pitanza y diversión
a nuestra manera.

 

0.

Mi montaña cuya cima solo toca
el cóndor proverbial, qué aplanada te veo.
Siglos de siglos han pasado desde la primera vez
y la erosión ha hecho su justa labor.
Ahora parecés un castillito de arena
amarronada, el próximo viento te llevará
lejos, hacia el mar.

 

1.

Mi montaña de escombros y ceniza,
ayer visité tu santuario
y puse una rosa junto a la foto
de una valiente bombera.
Te incendiaste como la biblioteca de Babel
y hoy vecinos y parientes rinden homenaje
a los uniformados muertos,
salvación de algunas viviendas.
Dicen que sos un misterio.
A mí que no me vengan con misterios.

 

Sonata

No hay regreso, pero se vuelve
a pensar y recordar el pensamiento,
inútil, de esa tarde, estival, lejos
de la ruta, una quinta, ligustros,
un baño, comedor, el bargueño con la colección
de Stekel, se vuelve,
como decíamos, a esa pileta
ya irrecuperable, una quinta
de pensamientos y recuerdos
de pensamientos, la pileta,
el olor de pasto y cuerpos húmedos,
una hilera corta de pinos,
la reposera amarillo patito,
la reposera azul francia,
el banquito de paja, los cigarrillos
negros de alguien, el humo espeso que se va en volutas
desde el quincho hasta acá, se vuelve,
sí, con perdón,
a lo que pudiera liberar un sentimiento de,
cof cof, felicidad,
como quien escribe
F
E
L
I
C
I
D
A
D
en la tierra húmeda y espera
su permanencia, planchado boca arriba
sobre el agua tibia, con todo
el cielo de un atardecer limpio
para uno, un sentimiento,
fuera de joda, impropio
del adulto que un mediodía de invierno
lluvioso se inclina frente a la ventana
con los cordones de los zapatos desatados.
Un ruido, a poniente, se transmite,
un ruido que trae pensamiento y recuerdo
o recuerdo solo, si es que se recuerda
o tal vez se imagina lo que ya denominamos
consabidamente: felicidad,
indiscutible, no como los zapatos que parecen
envueltos en niebla como en niebla está
envuelto el ambiente, no como el mate
que a cada sorbo va
lavándose, qué porquería, por más
que se tire lentamente el agua
junto a la bombilla y se revuelva,
con la misma bombilla, con un giro
delicado de muñeca, la yerba
la yerba se lava un domingo lluvioso
con el estómago y la mente vacías salvo de recuerdos
o pensamientos de recuerdos, mover,
mover la calabaza de mano a mano fría,
de mano tibia a mano que se va entibiando,
como el ruido que trae el pensamiento
desde el río del oeste hasta acá
de nuevo, pensar
de una edad, cualquiera,
pongamos ocho o diez,
boca arriba en la pileta de verano,
lejos de la ruta y la ciudad,
y juntar a eso él:
ligustro, pasto, quincho, la:
reposera amarilla, reposera azul,
volutas de humo cuyo perfume hasta acá llega,
fortísimo, se agacha hacia el zapato izquierdo y en tres
movidas, con fastidio, se ata los cordones, se incorpora, se
agacha, tres movidas: un hombre adulto
vadeando el gris. Gris
el hombre, el ambiente, el afuera,
al este del río hediondo, los cordones
ya atados, firmes, de los zapatos que ahora
se saca antes que el buzo, la remera y los jeans
y en la cama entonces apenas se mira acaso
por la otra ventana,
fija, una estrella, extremadamente para pensar
en el recuerdo del pensamiento del
pensamiento de regreso, en la
difícil construcción,
inútil, de una
oda a la inmortalidad.

 

Bagatelas para una masacre (fragmentos)

Lo reafirmo
De allá para acá
todo es prosa.

Corrección
El periodismo
es:
de la Historia
la primera
mentira.

Color humano
Cada mañana es una
…………galaxia insípida.

Advertencia
Cualquiera idea de belleza y decoro
déjala en la puerta, my boy.
Tampoco esto es el infierno,
no te ilusiones.

Impostación de nostalgia
Cada librería que cierra
es un mundo que perece
y una chance menos
de ser definitivamente corrompido
por la civilización.

Alegoría
El que entra
al vivero y dice:
vengo a comprar verdad
y la empleada le contesta:
usted viene a comprar soledad.

ALEJANDRO RUBIO (Buenos Aires, 1967). Publica desde 1994. Su obra poética fue reunida bajo el título de La enfermedad mental (Gog y Magog, 2012), al que se le suman en poesía Wachiturros (Spiral Jetty, 2011), Kohan (Vox, 2015), Hablando de poesía con el tachero (Belleza y felicidad, 2016), El poema no es el tema (Club Hem, 2017) y Not serbian(Ascasubi, 2017). Publicó también La garchofa esmeralda (Mansalva, 2010) y Diario

 (La calabaza del diablo, 2009; Palabras Amarillas, 2017).

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