La inquietante «araña» con cabeza de perro encontrada en la selva

Un fotógrafo tomó una curiosa imagen de un pequeño opilión de aspecto muy extraño. Las manchas de su torso podrían servir para ahuyentar a los depredadores

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Soñamos con encontrar extraterrestres en otros planetas, pero lo cierto es que solo conocemos una pequeña parte de la diversidad de los seres vivos de nuestro planeta. Aparte de lo que aún le queda por catalogar a los científicos, probablemente muchos de nosotros no hemos visto más que una minúscula porción de los extraños seres que viven junto a nosotros.

El fotógrafo y científico Andreas Kay ofrece una impresionante colección de fotografías de insectos y plantas de Ecuador. Una de ellas ha llamado la atención del público estos días. Un periodista científico compartió una fotografía de Kay donde puede verse una pequeña cabeza de perro, mucho más pequeña que un pulgar, de color negro y con lo que parecen ser dos ojos amarillos. ¿Es una aparición? ¿El perro de los Baskerville? Las ocho patas amarillas que rodean la cabeza no dejan dudar a dudas. Parece tratarse de una araña que está jugando con los límites de nuestra percepción.

«¿Por qué evolucionó hasta adquirir ese aspecto? Definitivamente, no se sabe», escribió el periodista científico Ferris Jabr en Twitter. «Podría ser una adaptación para hacer frente a los depredadores. Quizás podría ser un ornamento usado para la reproducción. O quizás la selección natural solo quería ver la expresión de estas caras», añadió.

La imagen de la «araña» es más evidente desde otra perspectiva. El animal en cuestión tiene el nombre científico de Metagryne bicolumnata y se conoce como «opilión conejo» Se trata de una criatura descrita en 1959 por el científico Carl Friedrich Roewer. Como su nombre indica, es un opilión (orden Opiliones), un arácnido que forma parte de un orden diferente al de las arañas (Aranae).

Los opiliones se caracterizan por tener un cuerpo y un abdomen redondeados y unas patas que pueden ser desmesuradamente largas. Además, carecen de glándulas venenosas, por lo que son inofensivos para los humanos. Curiosamente, estos animales aparecieron en la Tierra hace al menos 400 millones de años, lo que significa que son más antiguos que los dinosaurios, que aparecieron hace 243 a 233 millones de años.

En la actualidad, se conocen 6.650 especies de opiliones, aunque se piensa que debe de haber un total de 10.000. (Para hacerse una idea de lo que esto supone, solo se conocen 5.450 especies de mamíferos).

Tal como explica Andreas Kay, Ecuador es el país que más biodiversidad tiene por metro cuadrado. Allí existen 1.660 especies de aves, 4.000 de mariposas, 500 de anfibios e infinidad de especies vegetales. Solo de orquideas se conocen cerca de 4.300 especies.

El tesoro del Amazonas

Algunos científicos han comentado en ocasiones que la diversidad de la selva amazónica es tan enorme que no tienen medios ni tiempo para poder estudiarla.

Terry Erwin, entomólogo de la Institución Smithsonian y experto en carábidos, un tipo de escarabajos, dio algunas cifras en el pasado. En 1982, roció con humo un árbol de la selva de Panamá, y solo allí encontró una increíble cantidad de 1.200 especies de insectos. Así, estimó que en el mundo debía de haber 30 millones de especies. Después dijo que esa cifra le resulta «ingenua» y «muy, muy conservadora»: «Sabemos que en una hectárea de la selva hay 100.000 especies de insectos y parientes, y unos 320.000 millones de individuos. Solo en la cuenca del Amazonas hay 17.000 millones de hectáreas, y 450 tipos de bosques, basados en diferentes árboles, así que, ¿cuántas especies hay? Millones de millones de millones, y sin contar con la selva del Congo, de Borneo, de Australia y todo lo demás (…). «Sé que hay más, pero no tengo tiempo para identificar nuevas especies», dijo Erwin.

Aparte de curiosos y fascinantes, estas pequeñas criaturas de aspecto extraterrestre «son la base de los ecosistemas y las pequeñas cosas que mantienen el mundo en funcionamiento», tal como dijo el célebre Edward Osborne Wilson, experto en hormigas y evolución de la Universidad de Harvard. Sin embargo, su tamaño y su «falta de carisma» han llevado a que hoy todavía sean casi desconocidos. Por ello, resulta aún más peligrosa esa tendencia humana de destruir la naturaleza sin miramientos: «Estamos destruyendo especies y ecosistemas y poniendo en peligro nuestra propia existencia, y lo estamos haciendo con ingenuidad y una incesante energía», proclamó Wilson.

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