El lado oscuro de Pablo Neruda: presunto violador, sátiro y «padre monstruoso»

La propuesta de cambio de nombre del aeropuerto internacional chileno por el del poeta del amor ha despertado una airada oposición por encumbrar a un ser humano con graves imputaciones sobre su actitud

Tras un tiempo en «standby», este año se ha vuelto a poner sobre la mesa parlamentaria chilena una antigua moción para rebautizar al aeropuerto internacional de Santiago con el nombre de Pablo Neruda. La propuesta ha venido acompañada de una fuerte polémica impulsada por el movimiento feminista que está en contra de la elección del poeta porque «no están los tiempos para homenajear a un maltratador de mujeres, que abandonó a su hija enferma y confesó una violación» por utilizar las palabras de Pamela Jiles, del Partido Humanista. Recordemos las oscuridades del laureado autor por otro lado tan idolatrado a las que se refieren.

Así, habría que hablar de Malva Marina, que nació en 1934, y fue la única hija de Pablo Neruda, fruto de su matrimonio con Maria Hagenaar Vogelzang («Maruca»). Recientemente ha salido a la luz «Malva», la primera novela de la poeta neerlandesa Hagar Peeters en donde se cuenta como la protagonista fue víctima de abandono. Tenía hidrocefalia, que en su caso se traducía en un tamaño desproporcionado de su cabeza. Su padre, el prestigioso poeta del amor, no tuvo mucha piedad con ella. Decía que era «un ser perfectamente ridículo», «una especie de punto y coma», «una vampiresa de tres kilos». Primero la ocultó. Y, después, la abandonó definitivamente.

Malva nació el 18 de agosto de ese 1934 en un hospital madrileño. En la familia la llamaban Malvita. Neruda no era consciente de la gravedad de la enfermedad de una niña que consideró una «maravilla» nada más nacer. «Malva Marina, ¿me oyes? ¡Ven, Vicente, ven! Mira qué maravilla. Mi niña. Lo más bonito del mundo», le decía a su amigo Vicente Aleixandre que, sorprendido por la anomalía, la miraba.

En el libro «El club de los execrables», de Malcolm Otero y Santi Giménez, recientemente publicado por Ediciones B, Neruda es definido como «uno de los poetas más populares del s.XX , pero también un sátiro, un vanidoso recalcitrante, un padre monstruoso, un envidioso y un iracundo amigo de los dictadores más sanguinarios» que obtuvo el Premio Nobel de Literatura y el Premio Stalin de la Paz (en palabras de los escritores del libro sería como «el Premio Pablo Motos al Talento») al que también le cae el ser «más cursi que Hello Kitty y más oscuro que Darth Vader».

Los autores de este libro recuerdan que su conocido verso «me gustas cuando callas porque estás como ausente» es una arriesgadísima elección si se lo lanzamos a una pareja actualmente y simboliza, de alguna manera, la relación del poeta con las mujeres. Recordemos que otro de los motivos por los que ha surgido tan fuerte oposición al cambio de nombre del aeropuerto es por la confesión de una supuesta violación a una sirvienta en sus memorias «Confieso que he vivido». En esta obra, Neruda describía: «Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré a la cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. (…) El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme».

Neruda era un consumado mujeriego y un poco ansioso hasta el punto de que a una mujer a la que pretendía como esposa, nada menos, le dijo que si no le daba el sí con rapidez se casaría con otra. «A quién sí amaba Neruda era a Stalin», cuentan en el libro. Y al dictador de la RDA Honecker. Además de comunista, gustaba de ir a prostíbulos donde pedía champán. También era un gran aficionado al caviar porque «una cosa es ser comunista y otra gilipollas», ironizan los autores en «El club de los execrables».

En este catálago de defectos, algunos gravísimos, también habría que recordar su proverbial humor bipolar, que le podía pasar de ser una persona amable y divertida a ser un ogro. De hecho, en la película «Neruda», dirigida por Pablo Larraín, vemos esta faceta del escritor en este anti-biopic en la que el reputado director chileno se sentía abrumado con la personalidad del poeta que le resultó inabarcable y por eso hizo un anti-biopic. En el libro de Malcolm Otero y Santi Giménez también apuntan a su rivalidad-envidia con otros poetas de su época, especialmente a Vicente Huidobro, que llegó a decir: «¿Es que mi presencia es un obstáculo para la felicidad del señor Neruda y sus amigos? Siento mucho no poderme suicidar en el momento». Por cierto, la oposición que no quiere que el aeropuerto internacional de Santiago de Chile se pase a llamar aeropuerto Pablo Neruda proponen que se llame, en su lugar, Gabriela Mistral, una poeta a la que Neruda quizá no tuvo tanto en cuanta como debía… por ser mujer.

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