Cristiano y la magia del fútbol

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El fútbol tiene la virtud de embellecer todo lo que toca. Es como esos ambientadores con olor a pino, que algunos los colocan en una estantería cuando deberían ponérselos en el sobaco, o como esas pastillas que anuncian por la televisión, que enmascaran el olor a mierda para que el siguiente usuario piense que en el retrete crecen rosas. No hay más que ver las fotos de Cristiano Ronaldo en sus comienzos, cuando parecía un yonqui recién desembarcado de Madeira, y las de ahora, que le está haciendo la competencia a Cher. Es la magia del fútbol.

Cristiano temía el paseíllo ante el público y la prensa en la Audiencia Provincial de Madrid, por eso había solicitado que le dejaran entrar a los juzgados por el garaje. Visto lo visto, no tenía por qué. A la salida de la vista, le pidieron autógrafos, firmó camisetas y faltó únicamente que lo llevaran a hombros. La prensa española, en uno de sus momentos más altos, le preguntaba qué tal había ido el partido y si echaba de menos al Madrid tanto como el Madrid lo echaba de menos a él. Cristiano, siempre onomatopéyico, respondió: “Ya está, ya está, todo perfecto”. No era para menos: dos años y tres meses de prisión, que no cumplirá, y una multa de casi 19 millones de euros.

El ideario de la ultraderecha proclama que los inmigrantes nos roban y ahí está la prueba: un jugador de fútbol portugués autor de cuatro delitos fiscales en los que defraudó casi quince millones de euros a la Hacienda pública. En aquellos tiempos, Cristiano, siempre onomatopéyico, confesaba a los micrófonos al final de un partido: “Estoy triste”. Se ignoraba si lo decía por el monto total de la estafa, por la bajona del equipo o porque el Bernabeú no lo adoraba lo suficiente. De la tristeza a la perfección encarnada en la sonrisa cristalina de Cristiano, un tipo encantado de haberse conocido y que se tuneó la jeta barriobajera de sus comienzos a base de sesiones de cirugía estética hasta conseguir ese cutis multimillonario.

Pueden llamarme demagogo si quieren, pero yo creo que con catorce millones y pico de euros se pueden hacer muchas cosas, entre ellas, un montón de centros de ayuda a los refugiados. Esta semana nos despertamos con la noticia de un naufragio frente a las costas de Libia que se llevó la vida de más de cien personas, claro que ninguna de ellas sabía marcar un gol de chilena. El pasado viernes la ONG Caminando Fronteras anunció la desaparición de 53 inmigrantes tras el naufragio de una patera en el mar de Alborán que se encontraba perdida desde hacía una semana. Ese mismo día, la ONG alemana Sea Watch denunció la falta de colaboración de las autoridades italianas tras el hundimiento de una barcaza en la que viajaban casi treinta personas. En cambio, para buscar el avión privado donde viajaba Emiliano Sala, el flamante fichaje del Cardiff, y que se perdió en el Canal de la Mancha, cerca del paraíso fiscal de la isla de Guernsey, se movilizaron dos helicópteros, dos aviones y un bote salvavidas. Es la magia del fútbol.

David Torres

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