Extracciones: Ciudad modelo [Donna Stonecipher]

Extracciones: Ciudad modelo [Donna Stonecipher]

Los siguientes poemas forman parte de Ciudad modelo, libro de Donna Stonecipher recientemente publicado por Ediciones Liliputienses. La traducción es de Cristián Gómez Olivares.

portada ciudad modelo


 

CIUDAD MODELO (1)

Fue como ir de a poco dándose cuenta un invierno de que hay edificios nuevos creciendo por toda la ciudad, y luego percatarse de que cada uno de ellos es un hotel.

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Fue como pensar en todas esas habitaciones vacías durante la noche, todas esas habitaciones vacías construidas para contener una ausencia, mientras yaces en tu cama durante la noche, incapaz de dormir.

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Fue como la sensación de caerse a través de la “o” de “hotel”, así como casi te quedas dormida en tu propia cama, la cama que posees, sorprendida en el último minuto por la propiedad, la propiedad de tu yo completamente-despierto.

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Fue como entregarse ante tu propiedad de ti mismo e ir hasta la ventana, para mirar hacia afuera todas esas versiones de la palabra “hotel”, sutilmente iluminadas, anunciando sus nómadas ausencias a lo largo y lo ancho de la ciudad.

 

CIUDAD MODELO (2)

Fue como desviarte de tu destino para visitar una ciudad modelo al lado de una mina de hierro, un ejemplo de planeamiento urbano, su muy espaciado alumbrado público arrojando modestos conos de luz sobre la oscuridad de la vida humana.

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Fue como llegar a la más abandonada de las ciudades modelo y ser incapaz de discernir las características que la hacen una ciudad modelo, debido a que todas sus características ya han sido incorporadas a otras ciudades, debido precisamente a que eran modelos.

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Fue como manejar con las ventanas abajo por la calle principal de la ciudad modelo donde todas las puertas y ventanas estaban tapiadas, y sospechar que te equivocaste de ciudad modelo, que la nueva ciudad modelo, la ciudad modelo que buscabas, está lejos. Muy lejos.

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Fue como estar bajo un cono de luz arrojado por ese muy espaciado alumbrado público de la ciudad modelo equivocada, con todas sus ideas extraídas, sus puertas y ventanas tapiadas escondiendo aspiraciones hacía mucho olvidadas para una ciudad modelo.

 

CIUDAD MODELO (8)

Fue como ir hacia alguna parte y salir de una estación del metro que nunca tomamos y ver un letrero que dice “Museo del Azúcar, 500 mts” y de repente cambiar tus planes para el día, también para esa parte donde ibas.

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Fue como caminar esos “500 mts” con que el letrero anunciaba el Museo del Azúcar y pensar, sólo 500 mts hasta esa dulzura infinita que me merezco, esa parte donde ibas olvidada bajo una cascada de cristales de azúcar.

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Fue como tomar debidamente el metro para llegar a alguna parte sin saber nada del Museo del Azúcar, sabiendo sólo a donde ibas, sin saber nada del Museo del Azúcar y cómo puede alterar los planes.

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Fue como caminar 200 m y repentinamente entender entonces la naturaleza del Museo del Azúcar, y girar sobre tus tacones para volver hacia esa parte donde ibas en un principio. Porque su naturaleza es seducir. Y la tuya, renunciar.

 

CIUDAD MODELO (16)

Fue como ir a una exposición donde todas las obras tratan de la melancolía, y no poder aguantarte las ganas de reír sin parar, especialmente delante de una caja de pequeños esqueletos de marfil “destinados para reflexionar en privado”.

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Fue como mirar las caras de esos esqueletos y preguntarte la razón de que esas calaveras siempre tengan pintada una sonrisa, de qué se están riendo, y después darte cuenta de que siempre tenemos pintada esa sonrisa debajo de nuestros rostros.

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Fue como sentir esa sonrisa todo el tiempo debajo de tu rostro, incluso cuando estás sollozando, o sin expresión alguna, leyendo un grueso libro a altas horas de la noche al lado de una ventana a oscuras: estás sonriéndole, a pesar de ti misma, al libro debajo de tu rostro.

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Fue como dejar la exposición de la melancolía casi llorando de tanto reírte, imaginándote el memento mori, los pequeños esqueletos en las manos enguantadas de una mujer de la nobleza, mientras reflexiona en privado, sonriendo en secreto.

 

CIUDAD MODELO (29)

Fue como tomar una fotografía digital tras otra fotografía digital de arbustos de lilas en el parque, acercándote con tu cámara digital precisamente hacia los arbustos de lilas, porque estás enamorada y mal de la cabeza.

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Fue como llenar la memoria de tu cámara digital con pésimas fotografías de lilas y sólo lilas, lilas desgarbadamente expandiéndose, para llenar las cuatro esquinas de todas las tomas.

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Fue como caminar derecho con tu cámara digital hasta los arbustos de lilas como una persona hipnotizada, apretando el botón una y otra vez para memorizar las desgarbadas lilas, para digitalizar lo-mal-de-la-cabeza que es estar enamorada.

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Fue como estar enamorada y mal de la cabeza y caminar derecho hasta los arbustos de lilas para tomar pésimas fotografías digitales de las lilas, aunque sepas que no va a pasar mucho tiempo antes de que te sientes, atónita, borrando todas y cada una de ellas.

 

CIUDAD MODELO (38)

Fue como escuchar hablar a un arquitecto acerca de quedarse mirando el océano para estudiar la estructura del oleaje, el ornamento de la espuma, la construcción y la destrucción, la construcción y la deconstrucción.

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Fue como escuchar al arquitecto diciendo que él había pensado sobre cómo la ola insiste en su arquitectura de cumbres, en la dialéctica de las soluciones y las disoluciones de la construcción, en la Baukunst líquida, en tanto vislumbraba el espiral de una concha marina en la arena.

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Fue como el arquitecto diciendo que le gustaría construir habitaciones en donde el que va a dormir se duerme con el sonido de las olas, un sonido donde se superponen estadios vaciándose y llenándose, una pieza como el espiral de una concha marina.

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Fue como escuchar al arquitecto decir que le gustaría construir esas habitaciones a partir del sonido de las olas, y querer quedarme dormida doblada en la estructura de ese espiral de conchas marinas, escoltada hacia el sueño por las olas disolviéndose.

 

CIUDAD MODELO (49)

Fue como tomar el tren que cruza la frontera entre dos países con idiomas que no tienen nada que ver el uno con el otro, uno construido como una fortaleza y el otro escurridizo como un río, y pensar en lo comedidos que los idiomas son, al mantenerse al interior de sus fronteras.

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Fue como prever qué tan abruptamente los nombres de las estaciones cambiarían, desde palabras impenetrables como una fortaleza a palabras escurridizas como ríos inmediatamente después de la frontera, como si cada idioma viviera en un mundo imperturbable por la existencia del otro.

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Fue como cruzar la frontera y tratar de sentirla debajo del tren, sentir esta instancia divisoria, de orden, de fuerza, de fe. Pero la frontera era una abstracción ordenando otras abstracciones, como idiomas escurridizos e impenetrables.

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Fue como darte cuenta de que el tren había parado en la frontera y ver afuera a una mujer con el pasaporte equivocado siendo aprehendida por la policía –y recordar el lujo que es olvidar la brutalidad de esas fuerzas del orden que son las abstracciones.

 

CIUDAD MODELO (52)

Fue como pasar, camino del trabajo, por un jardín de flores y fijarte en que los tulipanes han sido arrancados para hacerle hueco a las violetas, las que serán arrancadas para hacerle hueco a los pensamientos, los que serán arrancados para hacerle hueco a los no me olvides.

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Fue como pensar en todas esas flores arrancadas, amontonadas ahora en una carretilla para deshacerse de ellas por el bien de la bella ilusión de un florecimiento perpetuo, en el sacrificio y el derroche, el trabajo sin sentido y la corrupción de las flores.

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Fue como estar sentada en la casa después del trabajo, pensando en los propios esfuerzos sin sentido, en todo el dinero gastado en los jardines públicos, en este contrato social en torno al significado de la belleza, uno de los pocos en torno a los cuales muchos están de acuerdo.

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Fue como pensar en torno a todos esos tulipanes y pensamientos arrancados, violetas y no me olvides, amontonados sin sentido en una carretilla, la irracionalidad de la economía de la belleza, el éxtasis de lo irracional, tan parecido a una flor.

 


foto donna stonecipherDONNA STONECIPHER (Seattle, 1969). Hizo un máster en Fine Arts en el Taller de Escritores de la Universidad de Iowa y un doctorado en Literatura en Inglés y en Escritura Creativa en la Universidad de Georgia. Es traductora del francés y del alemán. Sus libros de poesía son The reservoir (2002), Souvenir de Constantinople(2007), Cosmopolitan (2008; traducido al español en 2014 y publicado por Ediciones Liliputienses), Model City (2015) y Transaction histories (2018). Vive en Berlín.

foto cristián gómez olivaresCRISTIÁN GÓMEZ O. (Santiago, 1971). Es poeta y traductor. Ha publicado, entre otros títulos, La nieve es nuestra (Liliputienses, 2012; Luces de Gálibo, 2016) y Butterfly (Colectivo Semilla, 2017). En 2018 publica el libro de ensayos La poesía al poder. De Casa de Las Américas a McNally Jackson (Cuarto Propio). Fue miembro del IWP (International Writing Program) de la Universidad de Iowa y fue Writer in Residence del Banff Center for the Arts. Es miembro del Consejo Editorial de Cardboard House Press y dirigió la colección Los poetas editores de Ediciones Liliputienses.

 

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